EEUU ofrece combustible a Cuba con una condición: privatizar el sector energético

Autor: NotiCuba

Lo que reveló el Departamento de Estado

La administración Trump ha puesto sobre la mesa una oferta concreta al Gobierno cubano: 

"combustible y asistencia humanitaria a cambio de que La Habana abra su industria energética a la gestión privada."

La revelación la hizo un portavoz del Departamento de Estado en declaraciones a Martí Noticias.

La cita textual del funcionario no deja lugar a interpretaciones:

"La Administración Trump ha ofrecido al régimen opciones claras para recibir asistencia humanitaria, distribuida mediante canales apropiados, y combustible si privatiza la industria energética. Pero, lamentablemente, continúa priorizando el control estatal sobre el bienestar del pueblo cubano."
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La condición exacta

Conviene precisar esto, porque circulan versiones distintas sobre qué se está pidiendo.

La condición es privatizar la industria energética.

En términos prácticos, esa apertura permitiría una mayor participación de empresas privadas y capital extranjero en actividades como:

  • La generación de electricidad

  • La importación y distribución de combustible

  • El mantenimiento de las centrales termoeléctricas

  • El desarrollo de fuentes renovables

Es decir: 

"retirar al Estado del control exclusivo de uno de los sectores más estratégicos del país."

Lo que todavía no se sabe

Y aquí hay que ser honestos: de esta oferta se conoce el titular, no la letra pequeña.

  • No se ha divulgado qué cantidad de combustible estaría dispuesto a suministrar Estados Unidos.

  • Ni durante cuánto tiempo se mantendría la ayuda.

  • Ni qué cambios específicos tendría que implementar La Habana para cumplir la condición.

  • Ni los mecanismos para hacer llegar ese combustible a la isla.

  • Ni el alcance concreto de la participación privada exigida.

Sin esos detalles, la propuesta es un planteamiento político. No hay todavía un acuerdo ni un cronograma.

La contradicción: ¿hay diálogo o no?

Aquí aparece el elemento más llamativo de toda la información, y merece atención propia.

Hace apenas unos días, el viceministro primero cubano de Comercio Exterior, Carlos Luis Jorge Méndez, confirmó en una entrevista con USA TODAY que ambos países suspendieron las conversaciones hasta poder encontrar puntos en común.

Ahora el Departamento de Estado sostiene exactamente lo contrario:

"Las conversaciones continúan y, hasta ahora, el régimen no ha estado dispuesto a aceptar nada que pueda ayudar al pueblo cubano y que, en última instancia, amenace su control total."

El portavoz llegó a calificar de "propaganda" las declaraciones de la diplomacia cubana sobre la parálisis del diálogo.

Dos gobiernos, dos versiones opuestas sobre si están hablando o no. Puede que ambos describan cosas distintas —contactos técnicos frente a negociación formal—, pero la discrepancia es frontal y ninguno la ha aclarado.

La respuesta de Cuba

La Habana ha reaccionado, aunque no exactamente, a la oferta energética.

El canciller Bruno Rodríguez negó que Cuba haya recibido combustible de manera gratuita de Estados Unidos, y calificó esas afirmaciones de "mentira" difundida de forma reiterada por Washington y por Marco Rubio.

A través de X, sostuvo que la isla adquirió los energéticos "bajo condiciones normales del comercio internacional", y explicó que en algunos casos obtuvo combustible mediante acuerdos vinculados a la exportación de servicios médicos, operaciones que describió como mecanismos comerciales y no como entregas gratuitas.

Sobre el paquete de 100 millones de dólares en asistencia humanitaria, Rodríguez ha mostrado disposición a escucharlo, pero condicionando su aceptación a que esté "libre de maniobras políticas". Anteriormente, el discurso oficial había calificado esa oferta de "fábula" y de "mentira".

Lo que no ha habido, hasta ahora, es una respuesta directa a la condición de privatizar el sector energético.

Por qué esta condición es la más difícil de todas

Y aquí está la clave para entender por qué esta oferta probablemente no prosperará.

Washington no eligió una condición cualquiera. Eligió precisamente lo que es para el régimen  uno de los sectores más estratégicos y que el gobierno cubano ya dijo públicamente que no aceptaría.

Díaz-Canel ha sostenido de forma reiterada que las reformas económicas en marcha no conducirán al capitalismo, que los principales medios de producción seguirán bajo control estatal, que el Partido Comunista mantendrá su papel dirigente y que quedan descartadas las privatizaciones en sectores estratégicos.

La energía es, sin discusión posible, un sector estratégico.

Es además coherente con la exigencia general de Rubio: 

"reformas inmediatas, significativas e irreversibles."

Claves del caso

 Privatizar la generación eléctrica y la importación de combustible es, en la práctica, irreversible. Una vez que capital privado y extranjero entra en ese sector, revertirlo por decreto se vuelve muy costoso.

Dicho de otro modo: se ofrece exactamente lo que Cuba más necesita, pero en cambio eso es exactamente lo que menos está dispuesta a entregar.

El precedente incómodo: Vanguard Energy

Hay un antecedente que complica la narrativa de ambas partes y que conviene recordar.

A mediados de junio, Raúl Guillermo Rodríguez Castro, "El Cangrejo", respaldó personalmente un acuerdo de combustible con Vanguard Energy, una empresa de Florida, para enviar 250.000 barriles a Cuba. Con el objetivo de aliviar el sufrimiento del pueblo cubano.

La Casa Blanca lo bloqueó a última hora y la razón lógica desde Washington fue que aquel cargamento habría ido a manos del Estado, sin ninguna contrapartida estructural. Esto es un argumento coherente.

Pero también revela la prioridad real: no es el alivio inmediato, es el cambio estructural. Esa distinción tiene consecuencias concretas para quien lleva veinte horas al día sin electricidad.

El contexto: "no tenemos absolutamente nada"

La oferta llega en el peor momento energético de Cuba en décadas, y las cifras lo confirman.

El propio ministro de Energía y Minas, Vicente de la O Levy, admitió en mayo que la isla "no tiene absolutamente nada de fuel, de diésel".

El único cargamento significativo recibido en el año fue el del petrolero ruso Anatoly Kolodkin, que llegó en marzo con unos 730.000 barriles de crudo: suficiente para apenas diez a quince días de consumo.

Y esta misma semana, la termoeléctrica de Felton quedó completamente fuera de servicio, con una disponibilidad prevista de 1.105 MW frente a una demanda de 3.300. Un tercio de lo que el país necesita.

Qué indica realmente este ofrecimiento

Más allá de si prospera o no, la propuesta revela tres cosas.

La lectura sobre Departamento de Estado

Primera: Washington identificó su palanca más poderosa. Cuba no puede funcionar sin combustible, y Estados Unidos controla buena parte del acceso a los mercados energéticos. Ningún otro instrumento de presión tiene ese nivel de efecto inmediato.

Segunda: el objetivo declarado ya no es sólo sancionar, sino reestructurar. No se pide un gesto simbólico. Se pide desmontar el modelo de propiedad estatal en un sector concreto. Es la aplicación práctica de la exigencia de reformas "irreversibles".

Tercera: se está desenmascarando el relato del régimen. La frase del portavoz —el régimen "continúa priorizando el control estatal sobre el bienestar del pueblo cubano"— está diseñada para asignar responsabilidades. Si La Habana rechaza, Washington podrá decir que ofreció la solución y que fue rechazada.

Las dos lecturas posibles

Con honestidad, este ofrecimiento admite dos interpretaciones y ninguna puede descartarse hoy.

Que sea genuino. Existe una necesidad real, existe una condición que resolvería el problema de fondo —el sistema eléctrico cubano necesita miles de millones en inversión que el Estado no tiene—, y existe capital dispuesto a entrar si hay garantías.

Que sea posicionamiento. Se ofrece algo sabiendo que no será aceptado, precisamente para poder señalar el rechazo.

La verdad es que ambas cosas pueden ser ciertas simultáneamente. Una oferta puede ser real y, al mismo tiempo, estar diseñada sabiendo cuál será la respuesta.

Quién decide y quién paga

Y así se llega al punto de siempre.

Si La Habana acepta, pierde el control de un sector estratégico, pero llega la electricidad.

Si rechaza, conserva el control, y continúan los apagones de veinte horas, la comida que se echa a perder sin refrigeración y los hospitales funcionando con plantas de emergencia.

La decisión no la toma quien sufre las consecuencias.

Once millones de personas esperan a que los dos gobiernos se pongan de acuerdo sobre quién debe administrar la electricidad que ellos no tienen.

Desde Noticuba seguiremos informando.