La reunión
El jefe de la misión diplomática de Estados Unidos en La Habana, Mike Hammer, se reunió con el secretario de Estado Marco Rubio para actualizarlo sobre la situación que atraviesa Cuba y sobre el desarrollo del programa estadounidense de asistencia humanitaria para la isla.
Así lo informó la Embajada de Estados Unidos en Cuba.
El encuentro se produce en medio de una crisis económica y social profunda, marcada por las dificultades de acceso a alimentos, medicamentos, combustible y servicios básicos.
Los dos frentes que se informaron
La reunión abarcó dos asuntos que Washington trata como uno solo.
El primero: la ayuda. Hammer informó sobre las acciones relacionadas con la entrega de los 100 millones de dólares en asistencia humanitaria mediante Cáritas y otras organizaciones consideradas confiables.
El segundo: la política. El diplomático también abordó el respaldo de Estados Unidos a las aspiraciones del pueblo cubano de vivir en libertad y con dignidad.
Que ambos temas se traten en el mismo despacho y en la misma conversación no es un detalle administrativo. Es la definición de la estrategia: presión sobre el Gobierno, asistencia directa a la población, y las dos cosas gestionadas al mismo nivel.
El programa: qué es y de dónde viene
El paquete fue anunciado por Rubio en mayo de 2026. Consiste en 100 millones de dólares, destinados principalmente a alimentos y medicinas.
Su rasgo distintivo está en el mecanismo: los fondos se canalizan a través de Cáritas Cuba y organizaciones no gubernamentales independientes, excluyendo explícitamente al Gobierno cubano de la distribución.
Antes de este paquete, Washington ya había distribuido unos tres millones de dólares por vías similares.
La frase de Rubio que define la estrategia
El secretario de Estado formuló el planteamiento sin ambigüedad cuando anunció el programa:
"El pueblo cubano debe saber que hay 100 millones de dólares en alimentos y medicinas disponibles para ellos ahora mismo, y la única razón por la que no los están recibiendo es el régimen cubano."
Esa frase resume la apuesta política: convertir la ayuda en un argumento. Si llega, alivia. Si no llega, la responsabilidad queda señalada.
Cómo se está ejecutando
La operación no es una promesa: ya está en marcha, aunque avanza por etapas.
Mediados de julio. Sale de Estados Unidos el primer vuelo con parte del cargamento: 700 kits de higiene y 700 paquetes de alimentos.
Martes 21 de julio. El primer cargamento llega a la isla.
Miércoles 22. Comienza la distribución en los municipios de Bejucal, en Mayabeque, y Alquízar, en Artemisa.
Ese mismo día, Hammer se reunió con Carmen María Nodal Martínez, directora de Cáritas Cuba, para dar seguimiento al inicio del reparto y coordinar visitas a las comunidades beneficiarias.
Claves del caso
En paralelo, la embajada coordinó con la organización Samaritan's Purse —a través de su directivo Ken Isaacs— la entrega de otra parte de la ayuda mediante una red de iglesias evangélicas en la isla.
Cáritas ha ejecutado además una segunda fase en el oriente del país, vinculada a los daños del huracán Melissa.
Quiénes reciben primero
El criterio de selección merece atención, porque es el corazón del asunto.
Cáritas prioriza a adultos mayores que viven solos, mujeres embarazadas y otras personas en situación de vulnerabilidad, identificadas previamente por las propias comunidades locales.
Es decir:
"la lista la elaboran las parroquias y los vecinos, no un funcionario."
La primera fase beneficia a unas 700 familias de la Arquidiócesis de La Habana. Las etapas siguientes podrían alcanzar entre 100.000 y 120.000 familias en todo el país.
Las visitas casa por casa
Hay un elemento poco habitual en la conducta diplomática de Hammer, y explica por qué su nombre circula tanto en la isla.
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El sábado 25 de julio visitó personalmente viviendas en Bejucal para verificar que los suministros hubieran llegado a sus destinatarios.
Recorrió casas, conversó con los residentes sobre el contenido de los módulos y les explicó que su visita tenía por objeto confirmar que la ayuda había llegado correctamente y evaluar si contribuía a mejorar sus condiciones de vida.
No es una foto protocolar. Es verificación sobre el terreno.
La lata de sardinas
Y de esa visita salió el testimonio que dice más que cualquier cifra de este artículo.
Una adulta mayor que vive sola contó que ya había consumido parte de los alimentos recibidos. Entre ellos, una lata de sardinas que utilizó para acompañar un poco de arroz.
Después mostró cómo conservaba el resto de los productos para evitar que se echaran a perder durante los prolongados apagones.
Ahí está el país entero en una escena: una mujer sola, una lata de sardinas sobre arroz, y el cálculo diario de cómo impedir que la comida se pudra sin electricidad.
La respuesta del régimen
La Habana no ha agradecido públicamente la ayuda. Al contrario.
La lectura sobre Hammer Informa Rubio
El canciller Bruno Rodríguez acusó a Rubio de "carecer de interés real en concretar esas ayudas en el corto plazo" y sostuvo que el anuncio tiene un "marcado carácter propagandístico".
Es decir: el Gobierno cubano se queja simultáneamente de que la ayuda es propaganda y de que tarda en llegar.
Conviene registrar también que, según reportes, Hammer se reunió en mayo con funcionarios del MINREX para coordinar la entrega. Hubo contacto, aunque el reconocimiento público nunca llegó.
La paradoja que nadie resuelve
Y aquí está la tensión de fondo, que conviene plantear con honestidad en las dos direcciones.
Por un lado: el mismo Gobierno estadounidense que impuso el bloqueo energético tras la captura de Maduro —una medida que ha agravado la escasez de combustible y, con ella, el suministro de alimentos y el funcionamiento de los hospitales— es el que ahora envía módulos de comida.
Por el otro: el mismo Gobierno cubano que no consigue alimentar a su población rechaza públicamente esa ayuda por considerarla propagandística, mientras el 94 % de sus ciudadanos vive en pobreza extrema y ocho de cada diez se saltan comidas.
Ambas cosas son ciertas al mismo tiempo. Y en el medio hay una anciana en Bejucal calculando cuánto le durará el arroz.
Lo que 100 millones sí pueden hacer
Seamos precisos con el alcance real del programa.
Lo que sí logra: que la ayuda llegue sin pasar por el Estado. Ese detalle no es menor. Históricamente, el control de la distribución de recursos ha funcionado en Cuba como herramienta de premio y castigo político. Que las listas las elaboren parroquias y vecinos, y que el criterio sea la vulnerabilidad y no la lealtad, cambia sustancialmente la naturaleza de la entrega.
Lo que no logra: resolver la crisis. Cuba tiene alrededor de tres millones y medio de hogares. Si el programa alcanza su meta máxima de 120.000 familias, cubriría cerca del 3,4 % de los hogares del país.
Cien millones de dólares son cien millones de dólares. Pero frente a un colapso energético, una economía contraída más del 15 % en cinco años y un sistema eléctrico que necesita miles de millones para reconstruirse, son alivio, no solución.
Y nadie en Washington sostiene lo contrario.
Lo que hay que vigilar
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Si el ritmo se acelera. Se ha pasado de 700 familias a una meta de 120.000. Ese salto exige logística sostenida.
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Si se amplían los canales. Cáritas, Samaritan's Purse y las redes evangélicas ya operan; podrían sumarse más.
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Si el régimen obstaculiza o mantiene su distancia sin bloquear.
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Si aparece transparencia sobre la ejecución: cuánto de los 100 millones se ha desembolsado realmente y en qué.
Por ahora hay un diplomático que toca puertas en Bejucal, una directora de Cáritas coordinando parroquias, un secretario de Estado siguiendo el asunto desde Washington, y familias que reciben un módulo cada cierto tiempo.
Es poco frente a lo que hace falta. Pero para quien lo recibe, no es nada poco.
Desde Noticuba seguiremos informando.





