Qué se publicó y quién lo firma
Este miércoles, un centro de estudios estrechamente vinculado al Gobierno de Donald Trump publicó un informe que recomienda restablecer la presencia militar permanente de Estados Unidos en el Caribe para mantener bajo control a Cuba, a la que califica de amenaza para la seguridad nacional.
El análisis lleva la firma de Melissa Ford Maldonado, directora de la Iniciativa para las Américas del Instituto de Política America First (AFPI).
Ese detalle sobre la autoría importa. El AFPI fue fundado en Washington en 2021, al concluir el primer mandato de Trump, y funciona como uno de los principales viveros de cuadros y de ideas de esta administración. Buena parte de su personal ha pasado después a puestos de gobierno.
No es un documento oficial. Pero tampoco es un análisis académico neutral: es una recomendación de política escrita desde muy cerca del poder.
La recomendación central
El planteamiento de fondo es que la huella militar estadounidense en el Caribe no debería limitarse a despliegues puntuales, como ocurre actualmente.
El informe insta a reactivar mecanismos que permitan una presencia sostenida, más alineada con la misión del antiguo Comando de Defensa del Caribe, fundado en la década de 1940 y considerado precedente del actual Comando Sur.
Dicho de otro modo: en lugar de portaaviones que llegan y se van según la coyuntura, una arquitectura estable diseñada para permanecer.
El matiz que casi todos los titulares están perdiendo
Y aquí está la precisión más importante del documento, porque cambia bastante la interpretación.
La autora no cree que el Pentágono deba construir grandes bases permanentes en Cuba ni en ningún otro lugar del Caribe.
Lo que propone es otra cosa: ampliar los acuerdos de acceso, los derechos de sobrevuelo ylos enclaves de cooperación en materia de seguridadcon gobiernos aliados que quieran estrechar su relación con Washington.
Es el modelo de huella ligera: nada de instalaciones monumentales que generen resistencia política local y costos enormes, sino una red de permisos, accesos y cooperación que produzca el mismo efecto operativo con mucha menos visibilidad.
Quien lea "presencia militar permanente" e imagine una nueva Guantánamo está imaginando algo distinto a lo que el informe propone.
El modelo histórico que quiere recuperar
La referencia al Comando de Defensa del Caribe no es casual.
Claves del caso
Aquella estructura de los años cuarenta nació con la Segunda Guerra Mundial y respondía a una lógica muy concreta: el Caribe entendido como perímetro defensivo natural de Estados Unidos, no como una región lejana donde se interviene ocasionalmente.
Recuperar ese enfoque significa tratar la zona como espacio de seguridad propio de forma continua. Es exactamente la misma lógica que ha aparecido en otros documentos de esta administración, incluida la idea de la "Gran Norteamérica" que el secretario de Guerra presentó ante presidentes latinoamericanos.
La guerra de la información
El informe dedica también atención a las transmisiones hacia la isla.
La autora reconoce el valor de esos instrumentos, pero considera que en lugar de restaurar el modelo antiguo.
"el Gobierno debería preservar los aspectos que fueron efectivos y reemplazar los obsoletos con una iniciativa informativa más ágil y digital."
El énfasis está puesto en la tecnología anticensura y otras herramientas que —según el documento— a las autoridades cubanas les resulta más difícil bloquear.
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Es un reconocimiento implícito de algo evidente:
"la radio de onda corta pertenece a otra época, y la batalla por la información dentro de Cuba se libra hoy en los teléfonos móviles."
Las otras recomendaciones
Más allá de lo militar, el documento plantea una agenda política completa:
Cortar los lazos de La Habana con países considerados adversarios de Estados Unidos, especialmente Rusia y China.
Reforzar la contrainteligencia estadounidense en todo lo relacionado con Cuba.
Sacar al Partido Comunista del poder y reclamar elecciones y reformas democráticas.
Exigir rendición de cuentas por los abusos cometidos en el pasado, una vez producido ese cambio.
Ese último punto es significativo:
"no plantea solo una transición, sino un proceso posterior de justicia."
Es una agenda de máximos.
Por qué lo recomiendan
La lógica que sostiene todo el documento puede resumirse en tres ideas.
Primera: Cuba como problema de seguridad nacional. No se plantea como una cuestión de derechos humanos o de solidaridad, sino como un asunto de defensa propia. Es el mismo encuadre que utiliza el resto de la administración.
Segunda: la presencia extranjera en la isla. La preocupación por las capacidades atribuidas a Rusia y China en territorio cubano recorre todo el texto y justifica tanto la presencia militar como el refuerzo de contrainteligencia.
Tercera: los despliegues puntuales no bastan. Un portaaviones que llega genera un efecto momentáneo. Cuando se va, la situación vuelve al punto anterior. El argumento es que solo una presencia sostenida produce cambios estructurales.
La contradicción con lo que se está decidiendo
Aquí hay un contraste que conviene señalar, porque el informe llega en un momento particular.
La lectura sobre America First Policy Institute
Hace apenas unos días, reportes de Bloomberg indicaron que la administración habría decidido postergar un posible despliegue militar contra Cuba, concentrándose en aumentar las sanciones, la presión económica y los esfuerzos por generar divisiones en la élite cubana.
Según esas fuentes, la opción del uso de la fuerza no quedaría eliminada —Trump considera la imprevisibilidad una herramienta política— pero habría perdido prioridad en la estrategia inmediata. Se advirtió además sobre los riesgos de una desestabilización descontrolada, y se señaló que bombardear objetivos en una nación insular empobrecida frente a las costas de Miami no tiene una utilidad estratégica clara.
Es decir:
"mientras el aparato de gobierno parece inclinarse por la presión económica, un centro afín publica un documento que apuesta por consolidar la presencia militar."
Eso no es necesariamente una contradicción. Puede ser exactamente cómo funciona el ecosistema de Washington:
"los centros de pensamiento empujan posiciones que el Gobierno puede adoptar más adelante, o usar como referencia de lo que podría venir."
Lo que ya está desplegado
Conviene recordar que el debate no ocurre sobre un tablero vacío.
Según reportes de Politico, el Pentágono lleva meses situando en el Caribe tropas, buques y armamento que permitirían una acción militar si el presidente diera la orden. La presencia incluye el grupo de ataque del portaaviones USS Nimitz, además de destructores y cruceros con capacidad de lanzar misiles de precisión contra objetivos terrestres.
En paralelo, desde enero de 2026 Washington ha impuesto más de 240 sanciones contra Cuba y ha interceptado al menos siete buques cisterna. La Orden Ejecutiva 14380, de enero, declaró una emergencia nacional respecto a la isla.
Un informe que pide permanencia llega, por tanto, cuando la presencia temporal ya es considerable.
Qué peso real tiene este documento
Terminemos con la pregunta que importa: ¿cuánto vale esto?
No es política oficial. Es una recomendación. Ningún organismo del Gobierno lo ha adoptado ni anunciado.
Pero tampoco es irrelevante. El AFPI no es un centro cualquiera: su cercanía con esta administración es notoria, y sus propuestas han anticipado decisiones en otras áreas.
La lectura más razonable es que este documento indica hacia dónde presiona una parte del entorno de Trump, no lo que la Casa Blanca ha decidido hacer.
Para La Habana, sin embargo, el mensaje es claro y no depende de si se aplica mañana: hay quien en Washington ya no piensa en operaciones puntuales, sino en quedarse.





