Acorralado por las sanciones de Estados Unidos, el poderoso conglomerado militar cubano GAESA ha empezado a mover sus fichas. El grupo, que controla buena parte de la economía de la Isla, comenzó a traspasar algunos de sus activos más valiosos (entre ellos la Terminal de Contenedores del Mariel y el complejo de oficinas de Miramar, en La Habana) a otras entidades estatales que, en teoría, no están vinculadas a él. El objetivo es evidente: esquivar el cerco de la administración Trump y salvar el flujo de divisas del que depende el régimen. Pero, según los analistas, se trata de una maniobra de fachada: cambian el nombre, no al dueño.
La jugada: GAESA se desprende de sus joyas
Los movimientos han salido a la luz gracias a documentos internos filtrados a la prensa. El más sonado afecta a la Terminal de Contenedores del Mariel, el principal puerto comercial de Cuba: mediante una carta enviada a sus clientes, la empresa Terminal de Contenedores Mariel S.A. (TC Mariel) informó que había "vendido su patrimonio" a Coral Marítima S.A., una sociedad adscrita al Ministerio de Transporte "sin vínculos oficiales con GAESA". Esta creó, a su vez, una filial (Terminales Portuarias CORAL S.A.) para asumir el negocio portuario.
El segundo gran movimiento afecta al Centro de Negocios Miramar, uno de los complejos empresariales más importantes de La Habana y sede de numerosas compañías extranjeras. GAESA abandonó la empresa mixta que lo administraba, y el fondo británico CEIBA Investments Ltd. anunció que pasó a controlar el 100% de la inmobiliaria que opera el complejo, tras la salida del conglomerado. En ambos casos, el patrón es el mismo:
"Distanciar formalmente estos activos estratégicos del nombre de GAESA."
El momento no es casualidad: la presión de las sanciones
La cronología lo dice todo. El traspaso de la Terminal del Mariel se comunicó apenas dos días después de que Estados Unidos sancionara a Almacenes Universales S.A. (AUSA), la empresa que controlaba los contenedores del puerto. No es un hecho aislado, sino la respuesta directa a una ofensiva sin precedentes.
Claves del caso
El pasado 1 de mayo, el presidente Donald Trump firmó un decreto que amplió las sanciones para alcanzar a "cualquier persona extranjera" que opere en sectores clave de la economía cubana (energía, defensa, minería, seguridad o servicios financieros), todos ellos dominados por GAESA. El 7 de mayo, el conglomerado fue sancionado directamente bajo la Orden Ejecutiva 14404, junto a su presidenta ejecutiva, la general de brigada Ania Guillermina Lastres Morera. Las medidas se extendieron después a filiales como RAFIN, el Banco Financiero Internacional o la propia AUSA. El efecto ha sido demoledor:
"Navieras como la francesa CMA CGM y la alemana Hapag-Lloyd suspendieron sus envíos a Cuba, y cadenas hoteleras como Meliá, Iberostar o Blue Diamond redujeron o cesaron operaciones, por temor a las sanciones secundarias."
"Cambian el nombre, no cambian al dueño": la maniobra de los testaferros
¿Es esto el fin de GAESA? Los expertos lo tienen claro: no. Lo que hay detrás, sostienen, es una maniobra a través de testaferros (empresas pantalla que asumen los activos sobre el papel mientras el control real permanece en las mismas manos). No es la primera vez que el régimen recurre a ella.
La lectura sobre Mariel y Miramar
El precedente más citado es el de Fincimex, la empresa de GAESA que procesaba las remesas: cuando fue sancionada, las autoridades crearon en cuestión de horas Orbit S.A., que empezó a cumplir la misma función desde instalaciones contiguas. "Cambian el nombre, no cambian al dueño", resumen quienes siguen de cerca estas operaciones, que hablan directamente del "mismo truco de Fincimex y Orbit". El economista Miguel Alejandro Hayes lo advirtió con crudeza:
"el régimen puede disolver formalmente GAESA mañana mismo y, al mismo tiempo, "crear otra cosa paralela que cumple exactamente la misma función"."
Por ahora, ni Coral Marítima ni las autoridades han explicado los términos financieros de la operación ni el verdadero alcance de la transferencia, lo que solo refuerza las sospechas.
GAESA, la "caja fuerte" del régimen
Para entender la importancia de estos movimientos hay que dimensionar lo que es GAESA. Se trata del brazo económico de las Fuerzas Armadas y del verdadero corazón financiero del régimen. Según estimaciones del Departamento de Estado, controla entre el 40% y el 70% de toda la economía cubana, con negocios en turismo, comercio, puertos y telecomunicaciones.
El secretario de Estado Marco Rubio lo ha definido sin rodeos como:
"Un "Estado dentro del Estado" que "acapara las ganancias de sus negocios en beneficio de una pequeña élite"."
La opositora Rosa María Payá fue aún más gráfica al llamarlo:
"La caja fuerte de la dictadura castrista."
Precisamente por eso, GAESA se ha convertido en el objetivo prioritario de la estrategia de Washington: golpear el flujo de divisas que sostiene al aparato de poder. Y por eso, también, el conglomerado hace todo lo posible por blindar sus fuentes de ingresos.
El truco no cambia la realidad: el pueblo sigue igual
Al final, más allá del ajedrez empresarial, la gran pregunta es qué cambia para los cubanos de a pie. Y la respuesta, de momento, es descorazonadora: nada. Mientras el conglomerado militar reorganiza etiquetas y reparte sus joyas entre empresas de nombres nuevos, el país sigue sumido en apagones de hasta 40 horas, escasez de alimentos y medicinas, y una represión que no da tregua.
El cambio de rótulos en las oficinas no altera quién controla realmente la riqueza de la Isla ni mejora la vida de la población. La maniobra, en el fondo, busca proteger los privilegios de una cúpula, no aliviar la crisis de un pueblo. Queda por ver si estos traspasos logran realmente sortear las sanciones o si Washington, consciente del truco, decide ir también tras las nuevas "fachadas". Porque, como recuerdan los analistas, desmontar GAESA sobre el papel no es lo mismo que desmontar el poder que representa.






