Un cubano-ucraniano frente al Consejo de Seguridad
El lunes, en Nueva York, un joven de 27 años tomó la palabra ante el Consejo de Seguridad de la ONU y habló en español.
Se llama Juan Alberto Leyva García —transcrito en algunos medios como Khuan Alberto Leyva Garsiya—, es sargento menor de las Fuerzas Armadas de Ucrania y pasó 1.183 días como prisionero de guerra en Rusia.
Su testimonio fue uno de los escuchados durante una reunión informal bajo la fórmula Arria, convocada por Letonia y el Reino Unido para abordar la situación de los civiles detenidos y los prisioneros de guerra en la guerra iniciada con la invasión rusa.
La frase que resume su intervención circuló de inmediato:
"Fui maltratado no solo por ser ucraniano, sino por ser mitad cubano."
Quién es Leyva García
Nació en Mariúpol, en una familia formada por una madre ucraniana y un padre cubano.
Estudió varios años en Estados Unidos, pero en 2018 regresó a Ucrania para defenderla de la ocupación rusa. No fue una decisión de circunstancia:
"volvió antes de la invasión a gran escala, cuando la guerra en el Donbás llevaba ya cuatro años."
En 2022, tras el inicio de la invasión total, formó parte de los cientos de defensores que resistieron durante semanas en la acería Azovstal, el último reducto de Mariúpol y uno de los símbolos más potentes de la resistencia ucraniana.
Sigue formando parte del ejército ucraniano.
La rendición negociada que se convirtió en trampa
Este es un punto que Leyva García subrayó con especial énfasis, y que tiene peso jurídico.
Los defensores de Azovstal aceptaron rendirse como resultado de negociaciones internacionales, tras recibir garantías de que serían tratados conforme al derecho internacional humanitario y de que tendrían prioridad en los intercambios de prisioneros.
Su valoración de lo que ocurrió después fue lapidaria: lo que sucedió fue muy diferente de lo prometido.
Describió más de 2.400 personas alojadas en barracones superpoblados y en condiciones indebidas. Él permaneció cautivo más de tres años.
Por qué el origen cubano lo convirtió en blanco
Aquí está el núcleo de la denuncia, y conviene explicarlo con precisión porque contiene una paradoja.
Según su relato, su nombre latino y su ascendencia cubana despertaron sospechas inmediatas entre los interrogadores rusos, que intentaron presentarlo como mercenario extranjero. A eso se sumó otra acusación:
"por haber estudiado en una universidad estadounidense, lo señalaron como posible espía de Estados Unidos."
Claves del caso
Pero hubo un tercer elemento, el más revelador. Cuba es percibida por Rusia como un país aliado. Que alguien con vínculos familiares con la isla estuviera combatiendo contra el ejército ruso les resultaba, en sus palabras, motivo de indignación.
Como él mismo lo formuló ante el Consejo:
"Los rusos estaban indignados al ver a alguien conectado con Cuba, país al que perciben como aliado, luchando contra su ejército de ocupación."
Afirmó que fue torturado, golpeado con más saña y humillado más que otros prisioneros por esa combinación de factores.
Los métodos que describió
Su relato sobre las condiciones del cautiverio fue detallado y difícil de escuchar.
Habló de torturas destinadas a quebrar mentalmente a los prisioneros y a forzarles confesiones de delitos fabricados. Mencionó descargas eléctricas, palizas, exposición a temperaturas de congelación y violencia sexual. Describió que a los prisioneros los ataban y esposaban.
Los interrogatorios eran regulares. Investigadores y personal penitenciario le exigían confesiones.
Al ser liberado pesaba 55 kilogramos. Mostró al Consejo de Seguridad una fotografía de su cuerpo demacrado en ese momento.
Cuatro de sus compañeros no salieron:
"dos fueron golpeados hasta morir y otros dos fallecieron por las condiciones de la prisión."
La jerarquía del maltrato
Un detalle de su testimonio aporta contexto sobre cómo funcionaba el sistema.
Leyva García explicó que los rusos trataban peor a los extranjeros o a quienes tenían vínculos con otros países:
"mencionó a nacionales de Gran Bretaña, Bielorrusia, Georgia y Colombia."
También señaló que entre los presos había ciudadanos rusos sospechosos de simpatizar con Ucrania, considerados traidores. Estaban tan privados de derechos y eran tan maltratados como el resto.
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Las cifras de la ONU: no es un caso aislado
Su testimonio no llegó solo. La sesión incluyó datos de la Oficina de Derechos Humanos de la ONU que dan dimensión al problema.
Desde el inicio de la invasión, personal de la ONU ha entrevistado a 910 prisioneros de guerra ucranianos y 403 civiles detenidos tras su liberación.
Los resultados son demoledores:
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Más del 95 % de los prisioneros de guerra declararon haber sido torturados o maltratados, a menudo de forma reiterada.
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El 85 % de los civiles detenidos denunció lo mismo.
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Se documentaron agresiones sexuales, privación de alimentos y atención médica insuficiente.
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La oficina de Ginebra documentó la ejecución de 129 prisioneros al comienzo de su cautiverio.
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Otros 48 murieron bajo custodia por torturas, negación de asistencia médica u otras condiciones inhumanas.
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Se estima que más de 16.000 civiles detenidos por Rusia siguen encarcelados.
Junto a Leyva García también intervino la activista tártara de Crimea Leniie Umerova, que se definió como presa política de Rusia durante casi dos años.
Un apunte que no debe pasarse por alto:
"Rusia es miembro permanente del Consejo de Seguridad que escuchó estos testimonios."
La paradoja cubana que incomoda a La Habana
Aquí es donde esta historia deja de ser solo ucraniana.
Leyva García fue torturado, en parte, porque los rusos no entendían que alguien con sangre cubana peleara del lado equivocado. Esa reacción presupone algo: que un cubano debería estar del otro lado.
La lectura sobre La Habana
Y no es una suposición gratuita. Un informe de la Federación Internacional por los Derechos Humanos, Truth Hounds y la Oficina Internacional de Kazajistán por los Derechos Humanos, citado por Bloomberg, sitúa a Cuba entre los principales focos de reclutamiento del ejército ruso en América Latina, con al menos 20.000 ciudadanos incorporados desde 2023, uno de los mayores contingentes extranjeros.
El documento —titulado con una pregunta significativa sobre si se trata de combatientes, mercenarios o víctimas de trata— describe un esquema con promesas de empleo, contratos incomprensibles y envío directo al frente, con elementos que encajan en el Protocolo de Palermo sobre trata de personas.
La inteligencia militar ucraniana verificó los datos personales de 1.028 cubanos con contrato firmado entre 2023 y 2024, y ha publicado listas con decenas de fallecidos identificados por nombre y unidad.
El Gobierno cubano ha sostenido que no forma parte del conflicto, anunció en 2023 el desmantelamiento de una red de tráfico de personas que operaba desde Rusia y abrió procesos penales. En abril de 2026, el Departamento de Estado estadounidense sugirió una posible facilitación gubernamental cubana.
Dos cubanos, dos trincheras
El contraste es lo que hace de esta historia algo más que un testimonio de guerra.
Por un lado, miles de cubanos que —según los informes— salieron de la isla buscando un salario o una vía de escape y acabaron con un fusil en el bando ruso. Uno de ellos, capturado por fuerzas ucranianas, resumió su motivación con una frase que retrata una época:
"lo primero era salir de Cuba."
Por otro, un hijo de cubano que regresó voluntariamente a Ucrania en 2018 y terminó tres años en una celda rusa precisamente por ese apellido.
Ninguno de los dos eligió del todo su posición. Pero el hecho de que ambos existan dice más sobre el momento cubano que cualquier declaración oficial.
Lo que queda
Leyva García está libre, sigue en el ejército y ya ha contado su historia ante el organismo más importante del mundo. Cuatro de sus compañeros no llegaron a esa sala.
Más de 16.000 civiles siguen detenidos, y las cifras de la ONU indican que lo que él describió no fue una excepción, sino un patrón.
Su testimonio no cambiará nada por sí solo. Pero puso sobre el estrado del Consejo de Seguridad una frase que no se olvida fácilmente: lo castigaron por ser ucraniano, y lo castigaron más por ser cubano.