Éxodo hotelero en Cuba: el golpe a GAESA antes del 5 de junio

Autor: NotiCuba

Meliá, Iberostar, Blue Diamond y Archipelago abandonan decenas de hoteles en Cuba ante las sanciones de EE.UU. a GAESA, efectivas el 5 de junio. Golpea el corazón económico del régimen y reabre el debate sobre la libertad de la isla.

El turismo, motor económico de Cuba, se apaga a una velocidad sin precedentes. En apenas una semana, las cuatro mayores cadenas hoteleras extranjeras que operaban en la isla anunciaron su retirada total o parcial, en una desbandada precipitada por las sanciones de Estados Unidos contra GAESA, el conglomerado militar que controla el sector. Las medidas se hacen plenamente efectivas este 5 de junio, y su impacto golpea de lleno el corazón económico del régimen. La pregunta de fondo es inevitable: 

Claves del caso

¿Estamos ante un paso más hacia la libertad de Cuba, o ante un golpe que recaerá sobre todo en su población?

La estampida hotelera: quiénes se van y cuántos hoteles dejan

La lista de salidas es contundente. Meliá Hotels International, la mayor operadora extranjera en la isla, anunció el cese inmediato de operaciones en 15 de sus más de 30 hoteles, todos vinculados a Gaviota, el brazo turístico de GAESA. La cadena mallorquina formalizó la decisión a través de su filial portuguesa Ilha Bela y la notificó al regulador bursátil español.

Antes que ella se habían movido otras. Iberostar, también mallorquina, fue la primera cadena española en romper con Gaviota: dejó de operar 12 de sus 18 hoteles desde el 1 de junio (entre ellos enseñas de lujo como el Grand Packard) y mantiene solo seis no vinculados al conglomerado. La canadiense Blue Diamond Resorts confirmó el 31 de mayo su salida total, que afecta a 62 hoteles y más de 12.900 habitaciones. Y la indonesia Archipelago International abandonó la gestión de sus seis establecimientos, incluido el icónico Grand Aston del Malecón habanero. En conjunto, el éxodo dejó en el limbo a más de 50 hoteles.

El 5 de junio y el cerco a GAESA

Detrás de la estampida hay una fecha y una norma. La Oficina de Control de Activos Extranjeros del Tesoro (OFAC) fijó el 5 de junio como plazo límite para que las empresas extranjeras cierren cualquier operación con GAESA o con entidades en las que el conglomerado tenga participación. El marco legal es la Orden Ejecutiva 14404, que Trump firmó el 1 de mayo y que introduce sanciones secundarias contra cualquier compañía o banco extranjero que siga haciendo negocios con el holding militar, ya sancionado de forma directa. El 7 de mayo, el secretario de Estado Marco Rubio había anunciado formalmente esas designaciones.

La diana es precisa: Gaviota, la rama turística de GAESA, es propietaria de los hoteles que gestionaban las cadenas extranjeras. Romper con Gaviota significa, en la práctica, abandonar esos inmuebles. Por eso las hoteleras, que durante décadas fueron uno de los pilares del turismo cubano, eligieron retirarse antes que arriesgarse a quedar fuera del sistema financiero estadounidense.

Un golpe al corazón económico del régimen

GAESA gestiona una red de unos 180 hoteles en asociación con grupos extranjeros, sobre todo españoles y canadienses. El turismo es una de sus principales fuentes de divisas y, por extensión, una de las cajas que sostienen al aparato militar y político cubano. De ahí que la salida masiva de operadores represente un golpe directo a su músculo financiero.

El momento no podría ser peor para La Habana. El sector turístico vive una de sus peores crisis: nunca recuperó los niveles previos a la pandemia, cuando llegaban entre cuatro y cinco millones de visitantes al año, y las llegadas se desplomaron en torno a un 55%. Las propias cadenas reconocen que su retirada responde a una combinación de factores: las sanciones estadounidenses, sí, pero también los apagones, los problemas de suministro, la caída de la demanda internacional y la reducción de la conectividad aérea. GAESA pierde gestores, marcas y comercialización en el peor momento posible.

Efecto dominó: vuelos, tarjetas y una crisis que se profundiza

El golpe al turismo no viene solo. La aerolínea Iberia suspendió sus vuelos entre Madrid y La Habana desde el 1 de junio y al menos hasta el 24 de octubre, lo que reduce todavía más la conectividad de la isla con Europa. Y en un movimiento que afecta de lleno a los viajeros, las autoridades cubanas anunciaron que a partir del 6 de junio se suspenderán los pagos electrónicos con Visa y Mastercard, citando precisamente las sanciones de Washington.

El cuadro dibuja un efecto dominó: menos hoteles gestionados por marcas internacionales, menos vuelos, más trabas para pagar. Cada pieza que cae arrastra a la siguiente y profundiza el aislamiento económico de un país que ya carga con escasez de combustible, alimentos y medicamentos.

¿Un paso más hacia la libertad de Cuba?

Aquí es donde el debate se vuelve político. Para Washington y para buena parte del exilio cubano, asfixiar a GAESA es la vía para forzar un cambio: si se seca la caja que financia al régimen, sostienen, se acelera su desgaste y se abre la puerta a una transición. En esa lectura, cada cadena que rompe con Gaviota es un paso más hacia la libertad de la isla, y la presión sobre el conglomerado militar es un instrumento legítimo para empujar el cambio.

La otra mirada advierte sobre los costos. Buena parte del impacto, señalan analistas y voces críticas, recae sobre los trabajadores del turismo y la población, no sobre la cúpula, que ha demostrado capacidad para absorber golpes y trasladar las penurias hacia abajo. Existe además el riesgo de que el régimen capitalice el cerco para reforzar su relato de "plaza sitiada" y culpar al embargo de todos sus males. Entre ambas posturas se juega la gran incógnita: si el desplome del turismo precipitará una apertura o si, una vez más, será el cubano de a pie quien pague la factura. La respuesta todavía no está escrita.

Qué está en juego

La desbandada hotelera marca un antes y un después. Confirma que la estrategia de máxima presión de Trump empezó a producir efectos tangibles sobre el corazón económico del régimen, y que ni siquiera socios históricos como las cadenas españolas o canadienses están dispuestos a arriesgarse por Cuba. GAESA, el poder dentro del poder, encara su prueba más dura en años.

La lectura sobre Blue Diamond y Archipelago

Pero el desenlace sigue abierto. La isla podría buscar nuevos operadores de países menos expuestos a las sanciones, profundizar su giro hacia Rusia y China, o verse arrastrada a una crisis aún más honda. Lo que se decida en los próximos meses (y la forma en que el régimen y la población encajen el golpe) dirá si este 5 de junio quedó en la historia como el día en que se aceleró el cambio en Cuba o como un capítulo más de una larga agonía económica.