El régimen cubano decidió salir en defensa de su figura más polémica del momento. Elier Ramírez Cañedo, vicejefe del Departamento Ideológico del Comité Central del Partido Comunista y diputado a la Asamblea Nacional, confirmó públicamente que Raúl Guillermo Rodríguez Castro, "El Cangrejo", actúa como interlocutor oficial del régimen ante Estados Unidos "por decisión de la máxima dirección del país". Con esa declaración, no solo blindó al nieto de Raúl Castro frente a la ola de críticas, sino que reconoció algo mucho más revelador: la existencia de canales directos y discretos de negociación entre La Habana y Washington.
La defensa oficial: "por decisión de la máxima dirección"
La intervención de Ramírez Cañedo representa la primera defensa explícita del aparato ideológico del régimen al papel de "El Cangrejo", un coronel del Ministerio del Interior que no ocupa ningún cargo de gobierno electo pero que, según confirma ahora el propio Partido, negocia el futuro de Cuba con la Casa Blanca. En un texto publicado en Facebook, el funcionario calificó las críticas dirigidas al personaje de "manipulaciones y mentiras" y de "periodismo amarillista".
El mensaje buscaba zanjar la controversia, pero terminó por confirmarla:
Claves del caso
al defender a Rodríguez Castro, el Partido admitió de forma oficial que un familiar sin mandato popular ejerce como negociador clave del Estado.
La contradicción no pasó inadvertida, sobre todo porque, apenas unos días antes, otras voces del propio régimen, como la embajadora de Cuba en Uruguay, habían asegurado que "El Cangrejo" "no desempeña ninguna función oficial". En cuestión de días, el discurso oficial pasó de negar su papel a reivindicarlo desde lo más alto.
Una confesión reveladora: los canales secretos con Washington
Más allá de la defensa, lo verdaderamente llamativo de la declaración fue lo que dejó al descubierto. Al justificar la labor de Rodríguez Castro, Ramírez Cañedo reconoció abiertamente la existencia de canales secretos de comunicación entre La Habana y sucesivas administraciones estadounidenses. Es decir, el propio régimen confirmó que mantiene con Washington una vía de diálogo discreta y directa, al margen de su retórica pública de confrontación.
La admisión tiene un peso considerable. Durante décadas, el discurso oficial cubano ha presentado a Estados Unidos como el gran enemigo y ha girado en torno a la denuncia del embargo. Que ahora un alto funcionario ideológico reconozca la existencia de negociaciones reservadas, conducidas, además, por el nieto de Raúl Castro, confirma que, entre bastidores, la relación con la Casa Blanca es mucho más compleja de lo que el régimen admite ante su propio pueblo.
"Manipulación" y llamados a la unidad: la contraofensiva
La defensa de Ramírez Cañedo se enmarca en una contraofensiva más amplia del aparato del Partido, que ha optado por presentar las críticas como una campaña orquestada para dividir al liderazgo cubano. En esa línea, el texto fue respaldado por Abel Prieto, figura histórica del castrismo, que lo compartió con un mensaje elocuente:
"Hoy, más que nunca, es imprescindible preservar la unidad y evitar caer en las trampas de nuestros enemigos."
El régimen, en efecto, ha intentado encuadrar toda la polémica como una "conspiración exterior", restando legitimidad a los cuestionamientos. El problema para el oficialismo es que buena parte de esas críticas no provienen del exilio ni de la oposición, sino de sus propias filas, lo que complica el relato de la manipulación externa. Cuando quienes cuestionan son figuras históricamente leales, resulta difícil atribuirlo todo a una campaña enemiga.
Las grietas siguen: críticas desde el propio oficialismo
Y es que la incomodidad dentro del oficialismo es evidente. La defensa oficial llega precisamente después de que varias figuras afines al Gobierno alzaran la voz. El cantautor Israel Rojas, durante años un firme defensor del castrismo, pidió disculpas públicas por haber sido "ingenuo" al no creer las denuncias sobre los privilegios de la élite, y habló de "una lógica indigna, injusta, indecorosa".
A él se sumó María del Carmen Hernández, madre de la jefa de Comunicación del Palacio de la Revolución, que preguntó sin rodeos si "alguien pudiera bajar de la nube a este muchacho" y mandarlo a callar. Estas fisuras, unidas a la reciente admisión del propio Díaz-Canel sobre la existencia de "desacuerdos internos" en la dirigencia, dibujan un cuadro poco habitual:
"el de un régimen que, de puertas adentro, ya no logra proyectar la unidad monolítica de antaño."
Privilegios contra crisis: el trasfondo que incomoda
En el fondo de toda la polémica late un contraste imposible de ignorar: el de los privilegios de la élite frente a la crisis que asfixia a la población. Mientras "El Cangrejo" exhibe un tren de vida de lujo y se erige en negociador del país, los cubanos de a pie soportan apagones que superan las 20 horas, escasez de alimentos y medicinas, y un deterioro generalizado de los servicios. La economía, además, se encamina a una nueva contracción este año.
Ese abismo entre gobernantes y gobernados es, precisamente, lo que ha encendido la indignación dentro y fuera de la Isla. La defensa del Partido puede blindar a Rodríguez Castro en el plano del discurso, pero no responde a la pregunta que muchos cubanos se hacen:
"¿Por qué el futuro del país parece depender de un coronel sin cargo electo, nieto del histórico dirigente, mientras la mayoría lucha por sobrevivir?"
Al intentar cerrar la polémica, el régimen solo ha conseguido dejar más expuestas sus propias contradicciones.






