Cacerolazos en Marianao, Boyeros y Santiago: Cuba protesta y el régimen despliega la Policía

Autor: NotiCuba

Cuba vivió otra noche de cacerolazos: vecinos de Marianao, Boyeros y Santiago de Cuba salieron a protestar por los apagones. En Santiago, las autoridades respondieron con un amplio despliegue policial, con patrullas y boinas negras.

Cuba volvió a sonar a cacerolas. Durante la noche de este jueves, vecinos de varios municipios de La Habana y de Santiago de Cuba salieron a las calles para protestar por los prolongados apagones, la escasez de alimentos y el deterioro de las condiciones de vida. Los cacerolazos se reportaron en zonas de Marianao, Boyeros y Santiago, y en varios de esos puntos la respuesta de las autoridades fue la misma de siempre: un amplio despliegue policial. Una vez más, el descontento ganó la calle mientras el país se hunde en la oscuridad.

Cacerolazos en la noche: Marianao, Boyeros y Santiago

Las protestas siguieron el patrón que se ha vuelto habitual en la Isla: al caer la noche, y tras muchas horas sin electricidad, los vecinos empezaron a golpear ollas y sartenes desde sus casas y en las calles. En el municipio habanero de Boyeros, los cacerolazos se reportaron en la zona de Río Verde, según informó el medio independiente La Tijera News. Marianao, uno de los epicentros más recurrentes del malestar en la capital, volvió a sumarse a la ola de protestas.

Pero fue en Santiago de Cuba donde las manifestaciones tuvieron mayor intensidad. Los cacerolazos se extendieron por varios repartos de la ciudad, entre ellos Santa Úrsula, El Hoyo de Chicharrones y los edificios de 18 plantas, a pocos metros de la sede provincial del Partido Comunista, en una ciudad que lleva meses encabezando las protestas por la crisis energética y que, en muchos casos, apenas recibe una o dos horas de electricidad al día.

Santiago, epicentro: boinas negras y patrullas

La respuesta de las autoridades en Santiago fue contundente. Según reportó el periodista independiente Yosmany Mayeta, citando testimonios recibidos desde el lugar, tras los cacerolazos en Santa Úrsula se produjo un amplio despliegue policial: 

"hasta el reparto llegaron más de cinco patrullas, tres unidades motorizadas de la Policía y dos camiones con efectivos de las llamadas boinas negras, la temida Brigada Especial Nacional."

Claves del caso

De acuerdo con la misma fuente, parte de ese operativo se movilizó después hacia El Hoyo de Chicharrones, donde también se escuchaban protestas. No es un hecho aislado: días antes, el régimen ya había desplegado boinas negras armadas con fusiles largos en el barrio de Chicharrones para amedrentar a los manifestantes. La estrategia se repite en cada nueva protesta:

"militarizar las calles y contener el descontento por la fuerza, sin ofrecer soluciones al colapso que lo provoca."

El detonante: apagones de más de 20 horas

Detrás de cada cacerolazo hay una misma causa: el desastre eléctrico. Los apagones en Cuba se han vuelto insoportables, superando en muchos circuitos las 20, 30 e incluso más horas diarias. El déficit de generación alcanzó un récord de 2.208 megavatios el pasado 25 de junio, una cifra que dejó sin electricidad a cerca del 69% del país.

La crisis tiene raíces concretas. La caída del gobierno de Nicolás Maduro, a principios de 2026, cortó el suministro de crudo subsidiado venezolano, que representaba dos tercios de las importaciones energéticas cubanas. A ello se sumaron un incendio en una refinería clave, el deterioro de una infraestructura obsoleta y una economía que acumula una contracción de más del 15% en cinco años. El resultado es una población agotada, que además de soportar la oscuridad enfrenta la escasez de alimentos, agua y medicinas, y las altas temperaturas del verano.

De "queremos corriente" a "libertad": el salto en las consignas

Uno de los rasgos más llamativos de esta ola de protestas es cómo han cambiado las demandas. Lo que empezó siendo un reclamo puntual por el restablecimiento de la electricidad se ha transformado, en muchos barrios, en una protesta política de fondo. A los gritos de "queremos corriente" se han sumado consignas mucho más contundentes:

"Libertad, abajo la dictadura, abajo Díaz-Canel, "queremos dormir con luz; queremos vivir como personas"."

Ese giro refleja un hartazgo que ya trasciende el apagón. Los cubanos no solo protestan por la falta de electricidad, sino por años de crisis, promesas incumplidas y falta de futuro. Cada noche sin luz se convierte así en una chispa que aviva un descontento acumulado durante mucho tiempo, y que cada vez más gente se atreve a expresar en voz alta, pese al riesgo de represalias.

Un junio récord de protestas y una respuesta militarizada

Los números confirman que no se trata de episodios aislados. Según el Observatorio Cubano de Conflictos (OCC), junio de 2026 fue el mes con mayor número de protestas callejeras presenciales jamás registrado en la Isla, con 107 manifestaciones, casi el doble del récord anterior. La curva del descontento no deja de subir.

Frente a ello, la respuesta del régimen ha sido, sobre todo, represiva: despliegues policiales, boinas negras, cortes de internet y detenciones. En paralelo, las autoridades suelen restablecer temporalmente la electricidad tras las protestas, en un intento de desactivarlas, mientras el gobernante Miguel Díaz-Canel recorre barrios para promover su paquete de medidas económicas. Pero ninguna de esas maniobras ataca el fondo del problema. Y mientras no lleguen soluciones reales, todo apunta a que las cacerolas seguirán sonando, noche tras noche, en una Isla que exige, cada vez con más fuerza, el derecho a vivir con dignidad.