Una inusual grieta acaba de asomar en la cúpula del poder cubano. María del Carmen Hernández Carús, madre de Leticia Martínez, jefa de Comunicación del Palacio de la Revolución y una de las colaboradoras más cercanas de Miguel Díaz-Canel, criticó públicamente a Raúl Guillermo Rodríguez Castro, nieto de Raúl Castro y conocido como "El Cangrejo". Con una serie de preguntas incómodas, entre ellas, "¿alguien pudiera mandarlo a callar?", cuestionó el protagonismo que ha adquirido el nieto del histórico dirigente, en un episodio que deja al descubierto las tensiones internas del régimen.
"¿Alguien pudiera mandarlo a callar?": la crítica desde dentro
A través de una publicación en Facebook, Hernández Carús cargó duramente contra el papel de negociador que, a su juicio, Rodríguez Castro se ha arrogado sin ostentar ningún cargo oficial. Presentándose simplemente como "ciudadana de este país", lanzó una batería de preguntas directas:
"¿Por qué alguien entrevista a Raúl Guillermo sobre el tema Cuba? ¿Por qué este joven se deja entrevistar y asume un rol que no le corresponde?."
Su cuestionamiento más comentado fue una pregunta cargada de intención:
"¿Alguien pudiera mandarlo a callar?."
Y cerró con una frase que resume su postura, reivindicando su condición de "espíritu libre" y remachando con un contundente "¡zapatero a tus zapatos!".
Lo llamativo del episodio es su origen: no procede de la oposición ni del exilio, sino de una figura estrechamente vinculada al entorno de Díaz-Canel, lo que convierte la crítica en una de las escasas ocasiones en que alguien cercano al poder confronta abiertamente a un miembro de la familia Castro.
El detonante: la entrevista de "El Cangrejo" con USA Today
El origen de la polémica está en una entrevista concedida por Rodríguez Castro al diario estadounidense USA Today, publicada el pasado lunes. Fue su primera aparición pública en un medio de Estados Unidos, y en ella se mostró dispuesto a sentarse a negociar directamente con la Casa Blanca en la que afirmó:
"Puedo negociar con cualquier persona designada por EE.UU. Si se me da la oportunidad, claro que con Trump."
Claves del caso
El nieto de Raúl Castro marcó distancias con la política, pero se ofreció a dar un paso al frente si se lo pedían:
"Nunca ha sido mi vocación. Pero si algún día la revolución me necesita, ahí estaré."
Dijo, asegurando que fue "su propio abuelo" quien lo eligió para ese papel. Eso sí, advirtió que jamás sacrificaría los principios de la revolución ni el sistema político cubano. Sobre los más de 1.200 presos políticos que contabilizan las organizaciones, señaló que Cuba estaría dispuesta a liberarlos "bajo las condiciones adecuadas", aunque matizó que "la verdad no es absoluta".
Quién es "El Cangrejo", el nieto que negocia sin cargo
¿Quién es este personaje que ha irrumpido en la escena? Raúl Guillermo Rodríguez Castro, de 42 años, es hijo de Débora Castro Espín, hija mayor de Raúl Castro, y del fallecido general Luis Alberto Rodríguez López-Calleja, exjefe de GAESA, el poderoso conglomerado empresarial de las Fuerzas Armadas. Su apodo, "El Cangrejo", proviene de haber nacido con polidactilia.
Aunque no ocupa ningún cargo en el Gobierno, es coronel del Ministerio del Interior y, durante más de dos décadas, ejerció discretamente como guardaespaldas y asistente personal de su abuelo. Sin embargo, desde principios de 2026 emergió como un canal informal entre la cúpula del régimen y la administración Trump, con contactos inéditos para cualquier funcionario cubano: conversó con el secretario de Estado Marco Rubio en enero, se reunió con su enviado para Cuba y recibió al director de la CIA en La Habana. Su repentino protagonismo, sin mandato popular alguno, es precisamente lo que ha encendido las críticas dentro y fuera de la Isla.
Lujos que indignan mientras Cuba se apaga
Más allá de su papel negociador, hay otro elemento que ha desatado la indignación: su tren de vida. Rodríguez Castro proyecta una imagen de opulencia difícil de conciliar con el discurso revolucionario y con la realidad de la mayoría de los cubanos. Se le ha vinculado con decenas de vuelos privados, viajes en yate y ropa de marcas de lujo, gastos que él asegura que costean "amigos adinerados y admiradores".
La lectura sobre El Cangrejo
La frase que más controversia ha generado llegó en la propia entrevista, cuando reconoció:
"Me duele que mucha gente no pueda vivir como yo."
La declaración cayó como un jarro de agua fría en un país donde, según el Observatorio Cubano de Derechos Humanos, el 89% de las familias vive en pobreza extrema, y donde la gente soporta apagones que en algunas provincias han superado las 87 horas seguidas. De hecho, la entrevista se publicó mientras Cuba sufría uno de sus mayores colapsos eléctricos, lo que multiplicó el rechazo popular.
Grietas en la cúpula: una crítica poco habitual
El episodio es relevante no tanto por su contenido como por su procedencia. Que una crítica tan frontal a un miembro de la familia Castro surja del propio entorno de Díaz-Canel es un hecho excepcional, y muchos lo interpretan como el reflejo de tensiones y rivalidades internas en una élite que suele proyectar unidad de cara al exterior. En un momento de máxima presión, con sanciones, crisis económica y descontento social, esas fisuras adquieren especial significado.
La indignación, en cualquier caso, no se limita a los pasillos del poder. En las redes, numerosos cubanos han expresado su incredulidad ante la idea de que el futuro del país pueda depender de alguien sin cargo electo ni respaldo popular. Como resumió una creadora de contenido en un video viral, la esperanza de muchos es que
"La libertad que necesita Cuba no acabe en ese túnel tan oscuro."
Entre las críticas de la calle y ahora también las de dentro del régimen, "El Cangrejo" se ha convertido, sin proponérselo, en el símbolo de una disputa por el poder que se libra a plena luz.






