Claves del caso
El pulso entre Washington y La Habana por la ayuda humanitaria sumó un nuevo capítulo. Estados Unidos respondió a las críticas del gobernante cubano Miguel Díaz-Canel, quien había afirmado en una entrevista televisiva que la asistencia anunciada por Washington, valorada en 100 millones de dólares, no incluiría alimentos ni medicinas. La reacción estadounidense fue tajante: un alto funcionario del Departamento de Estado calificó esa versión de "total y absolutamente falso" y aseguró que los envíos comenzarán este mismo mes de julio de 2026. La disputa deja en evidencia el verdadero nudo del conflicto: quién controla la ayuda que necesita el pueblo cubano.
La respuesta de Washington: "total y absolutamente falso"
En declaraciones al medio independiente Café Fuerte, el alto funcionario del Departamento de Estado rechazó de plano la versión del régimen. Confirmó que la ayuda "está lista para ser enviada" y responsabilizó directamente a las autoridades cubanas de los retrasos, al asegurar que el Gobierno de Díaz-Canel "ha estado retrasando las aprobaciones". Y lanzó una previsión clara:
"Esperamos grandes envíos en julio, si el régimen lo permite."
El funcionario fue especialmente contundente al desmentir el argumento de que los cargamentos no contemplan comida. Calificó de "total y absolutamente falso" que los envíos no incluyan alimentos, y subrayó que se trata de asistencia humanitaria verificable, canalizada a través de organizaciones como la Iglesia católica y distintas ONG que participan en su distribución. En otras palabras, para Washington la ayuda existe, está lista y solo espera la luz verde de La Habana.
Qué dijo Díaz-Canel: la ayuda "no incluye alimentos ni medicinas"
La polémica se originó en las declaraciones del propio Díaz-Canel. En una entrevista televisiva, el gobernante cuestionó la oferta estadounidense y sostuvo que resultaba contradictoria: si dos de las mayores necesidades del país, agravadas, según él, por la política de máxima presión de Washington, son precisamente los alimentos y los medicamentos, ¿por qué la ayuda no los incluía?
En intervenciones recientes, Díaz-Canel llegó a calificar la oferta de "chiste" y "farsa", y aseguró que, de esos 100 millones, no había llegado "nada" a Cuba, insinuando además que la distribución no empezaría hasta después de septiembre. Eso sí, el mandatario desmintió que su gobierno hubiera rechazado la asistencia: afirmó que Cuba comunicó a Estados Unidos que aceptaba la ayuda, "incluso por escrito", aunque reiteró que la solución de fondo pasaría por levantar el embargo.
Cómo funciona la ayuda: 100 millones sin pasar por el régimen
El programa, formalizado a mediados de mayo, tiene una condición innegociable para Washington: que la distribución la realicen la Iglesia católica y organizaciones independientes, sin intermediación del Estado cubano. La Embajada de Estados Unidos en La Habana ya había precisado en junio que 60 millones de dólares serían gestionados por la Iglesia y el resto por otras entidades, en coordinación con actores como Catholic Relief Services y Cáritas Cuba.
Este modelo no es nuevo. Tras el huracán Melissa, en 2025, Washington canalizó varios millones de dólares en ayuda a través de Cáritas, que llegaron a decenas de miles de personas en el oriente del país sin pasar por manos del Gobierno. La propia información oficial estadounidense detalla que los paquetes incluyen alimentos básicos, arroz, frijoles, aceite y azúcar, además de kits de higiene, purificación de agua y artículos para el hogar, un dato que contradice directamente la afirmación de que la ayuda no contempla comida. Según la parte estadounidense, el programa prevé también la entrega de equipos médicos, aunque asegura que el Gobierno cubano se ha negado a aceptarlos.
El nudo del conflicto: ¿quién controla la distribución?
Más allá del cruce de declaraciones, el verdadero punto de fricción es claro: el control. Washington insiste en que la ayuda debe llegar directamente a la población a través de canales independientes, para evitar, según su versión, que el aparato estatal la desvíe o la utilice políticamente. La Habana, en cambio, reclama que la asistencia se entregue "conforme a las prácticas universalmente reconocidas", una fórmula que suele interpretarse como la exigencia de que el Estado cubano mantenga el control sobre la logística y el destino de los cargamentos.
En esa pugna, cada parte responsabiliza a la otra de los retrasos. Para Estados Unidos, la ayuda está lista y es el régimen el que crea impedimentos y demora las aprobaciones. Para el Gobierno cubano, la oferta es "paradójica" y la solución real sería aliviar las sanciones. Mientras tanto, quienes esperan esa asistencia son los cubanos de a pie, atrapados en medio de un pulso político que se prolonga desde hace meses.
Un pulso en medio de una crisis sin tregua
El trasfondo de toda esta disputa es una de las peores crisis que ha vivido Cuba en décadas. Los apagones se prolongan durante jornadas enteras, superando en muchos casos las 18 o 20 horas diarias; la escasez de alimentos y medicinas golpea a millones de familias; y el descontento social ha derivado en cacerolazos y protestas en distintos barrios de La Habana y otras provincias.
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En ese contexto, la ayuda humanitaria se ha convertido en un nuevo terreno de confrontación entre Washington y La Habana, que mantienen conversaciones pero desde posiciones enfrentadas. Habrá que esperar a este mes de julio para comprobar si, como anuncia Estados Unidos, los grandes envíos finalmente se concretan, o si el desencuentro sobre quién controla la distribución vuelve a dejar la ayuda en el limbo. Lo que está en juego, al final, no es un pulso de relato, sino la comida y las medicinas que necesita, con urgencia, buena parte de la población cubana.






