La polémica por el papel de Raúl Guillermo Rodríguez Castro, "El Cangrejo", ya no se libra solo entre el régimen cubano y sus críticos: ahora las grietas se abren dentro del propio oficialismo. Tras la entrevista en la que el nieto de Raúl Castro se ofreció a negociar con Donald Trump, una lista creciente de figuras vinculadas al poder, desde el músico Israel Rojas hasta la periodista oficialista Ana Teresa Badía, han empezado a cuestionar abiertamente la falta de claridad sobre sus funciones y sus posibles vínculos con Washington. Un fenómeno inédito que deja al descubierto las tensiones internas de una cúpula que atraviesa su peor momento.
Grietas dentro del régimen: las críticas se multiplican
Lo que comenzó como una ola de indignación popular por los lujos y el protagonismo de "El Cangrejo" se ha convertido en algo mucho más incómodo para el poder: una serie de cuestionamientos que brotan desde sus propias filas. A la crítica de María del Carmen Hernández (madre de la jefa de Comunicación de Díaz-Canel, que llegó a preguntar "¿alguien pudiera mandarlo a callar?") se han sumado otras voces del entorno oficialista.
Entre ellas figuran el comentarista del régimen en Moscú Oliver Zamora, el reconocido cantautor Israel Rojas y la periodista y profesora Ana Teresa Badía, todos ellos tradicionalmente identificados con el Gobierno. El común denominador de sus intervenciones es la falta de transparencia: nadie parece saber con exactitud qué cargo ocupa Rodríguez Castro, en nombre de quién negocia ni hasta dónde llegan sus contactos con Estados Unidos. Y esa opacidad, en plena crisis, ha terminado por incomodar incluso a los más leales.
Israel Rojas: "He sido ingenuo"
Una de las críticas más severas llegó del cantautor Israel Rojas, líder del dúo Buena Fe y durante años un firme defensor del castrismo. En una publicación en redes sociales, el músico admitió haberse equivocado al desestimar durante mucho tiempo las denuncias sobre los privilegios de ciertos sectores del poder, y reconoció, sin rodeos, haber "sido ingenuo".
Rojas fue especialmente duro al describir lo que sentía:
"Nadie antes se había atrevido a tanto, escribió, antes de hablar de "una lógica indigna, injusta, indecorosa".
El artista se preguntó si aún siguen vigentes las normas éticas que deberían cumplir los dirigentes, recordando que en otras épocas comportamientos así habrían recibido sanciones. Aún así, marcó distancia sin renunciar del todo a su credo:
"No he traicionado mi credo. Que se defiendan ellos.
Sus palabras, viniendo de una figura tan afín al oficialismo, cayeron como una bomba.
Ana Teresa Badía: dudas, luz y la tentación del diálogo
Más matizada, pero igualmente reveladora, fue la reacción de la periodista oficialista Ana Teresa Badía. En un extenso texto en Facebook, la profesora, doctora en Ciencias de la Comunicación, reflexionó sobre el papel de Rodríguez Castro y planteó las preguntas que muchos se hacen:
Claves del caso
“¿actúa por su cuenta o dentro de un equipo?, ¿reflejan estos movimientos tensiones internas en la cúpula del poder?
Lo más revelador, sin embargo, fue el contexto desde el que escribía. Badía reconoció estar redactando su texto:
"sin luz, compartiendo el ahogo económico de mi pueblo y casi sin acceso a internet", y admitió que las circunstancias que viven los cubanos son "insostenibles, al límite de la resistencia humana".
Desde esa desesperación, la periodista se mostró incluso abierta a aceptar el papel negociador del nieto de Castro, con una idea que lo resume todo:
La lectura sobre El Cangrejo
“Si Raúl Guillermo puede ayudar a que ella tenga electricidad, entonces debería formar parte del diálogo.
Un pragmatismo que refleja hasta qué punto la crisis está erosionando las certezas dentro del propio sistema.
El Partido reacciona: de "conspiración" a confirmar su rol
Ante el aluvión de críticas, el aparato del Partido ha reaccionado en dos direcciones. Por un lado, ha intentado encuadrar los cuestionamientos como parte de una "conspiración exterior", restándoles legitimidad. Por otro lado, un dirigente del Partido Comunista salió a defender abiertamente a "El Cangrejo", al presentarlo como el "interlocutor del lado cubano, por decisión de la máxima dirección del país".
Con esa declaración, la propia cúpula confirmó de forma oficial lo que hasta entonces era un secreto a voces: que Rodríguez Castro negocia con Washington por mandato de lo más alto del poder. La contradicción es evidente: mientras unos exigen que se le mande a callar, otros lo blindan como el hombre elegido para dialogar con Estados Unidos. A ello se suma que el propio Díaz-Canel admitió recientemente, ante medios internacionales, la existencia de "desacuerdos internos" en la dirigencia, una confesión poco habitual que confirma que algo se mueve en las entrañas del régimen.
¿Quién manda en Cuba? La crisis empuja al diálogo
El episodio deja sobre la mesa una pregunta de fondo: ¿quién ejerce realmente el poder en Cuba? Que un coronel sin cargo oficial, nieto de Raúl Castro, aparezca como el gran negociador ante Estados Unidos, mientras en su entrevista mencionaba al propio Díaz-Canel apenas tres veces y lo llamaba "Miguelito", ha reavivado las dudas sobre dónde reside el mando real en la Isla.
El trasfondo de todo es una crisis que ya casi nadie dentro del sistema se atreve a negar: apagones interminables, economía en caída libre y una población al borde del colapso. Es precisamente esa desesperación la que empuja a algunos, incluso dentro del oficialismo, a ver el diálogo con Washington como una posible salida. Sea como fuere, el caso "El Cangrejo" ha logrado algo que la oposición llevaba años intentando:
“que las grietas del régimen queden expuestas a plena luz, y que sea el propio poder el que, sin quererlo, las muestre al mundo.






