La crisis interna del régimen cubano por el papel de Raúl Guillermo Rodríguez Castro, "El Cangrejo", escaló hasta obligar a intervenir a la máxima autoridad del Gobierno. El primer ministro Manuel Marrero salió a cerrar filas en plena polémica por el papel del nieto de Raúl Castro como interlocutor del régimen ante Washington. Pero, lejos de zanjar el asunto, su intervención dejó al descubierto la magnitud de una fractura que ya no solo enfrenta al régimen con sus críticos, sino que atraviesa al propio Gobierno y a sus acólitos.
La intervención de Marrero: el respaldo al máximo nivel
A través de una serie de publicaciones en la red social X, Marrero confirmó lo que hasta hacía poco el régimen evitaba reconocer: que La Habana mantiene conversaciones con representantes del Gobierno de Estados Unidos y escribió:
"Se han sostenido conversaciones con representantes del gobierno de EE UU, orientadas a buscar soluciones, por la vía del diálogo, a las diferencias bilaterales."
Claves del caso
Pero el punto central de su mensaje fue el respaldo explícito al equipo negociador. Marrero aseguró:
"Ese grupo cuenta con la confianza, el apoyo y el mandato de Raúl Castro y Miguel Díaz-Canel."
Con esa declaración, el Gobierno elevó el aval al nieto de Raúl Castro hasta el máximo nivel del Consejo de Ministros, en una de las confirmaciones públicas más explícitas hasta la fecha de que la cúpula del poder respalda las negociaciones con la Casa Blanca.
"Un plan bien diseñado": la teoría de la conspiración
El primer ministro no se limitó a defender el proceso: también arremetió contra quienes lo cuestionan. Reprodujo, casi al pie de la letra, la línea argumental que ya había usado el aparato ideológico del Partido. Denunció que:
"Los asesinatos de reputación, las manipulaciones y los llamamientos a la desunión y la fractura responden a un plan bien diseñado para generar incertidumbre y desconfianza,"
Y agregó que cada paso:
"en este momento histórico determinante, es en defensa de la Revolución y de nuestra soberanía."
Con ese mensaje, el régimen intenta presentar toda la controversia como una operación orquestada desde el exterior para dividir a la dirigencia. Sin embargo, el argumento tiene una debilidad evidente: al denunciar tan enfáticamente los "llamamientos a la fractura", el propio Gobierno reconoce, implícitamente, que esa fractura existe y que le preocupa. Nadie se esfuerza tanto en negar una grieta que no está ahí.
El mandato de Raúl Castro: ¿quién manda de verdad?
Hay un detalle en las palabras de Marrero que no pasó inadvertido. Al subrayar que el equipo negociador actúa por "mandato del general de Ejército", el primer ministro volvió a situar a Raúl Castro como la máxima autoridad política del país, pese a que el histórico dirigente no ocupa ningún cargo en el Gobierno ni en el Partido más allá de su condición de figura histórica.
Esa formulación refuerza una percepción cada vez más extendida: que el poder real en Cuba no reside en Miguel Díaz-Canel (a quien "El Cangrejo" llegó a llamar "Miguelito" en su entrevista con USA Today), sino en el entorno familiar de Raúl Castro. Que sea un coronel del Ministerio del Interior, sin cargo electo, quien negocie el futuro del país por decisión de la cúpula, no hace sino alimentar las dudas sobre quién gobierna realmente la Isla.
Las fracturas que Marrero no pudo tapar
El intento de cerrar filas llega después de una ola de críticas insólitas, precisamente por su origen: no proviene del exilio ni de la oposición, sino de figuras históricamente afines al régimen. El cantautor Israel Rojas admitió haber sido "ingenuo" y habló de una "lógica indigna, injusta, indecorosa"; la madre de la jefa de Comunicación de Díaz-Canel preguntó si "alguien pudiera mandarlo a callar"; y hasta el presentador del programa oficialista Con Filo, Michel Torres Corona, publicó un durísimo artículo contra el nieto de Raúl Castro.
Intelectuales, artistas y personas vinculadas al propio oficialismo han cuestionado que Rodríguez Castro asuma un papel tan visible sin ocupar cargo político alguno, y han señalado el contraste entre su vida de lujos y la miseria que sufre la población. Analistas como el economista Elías Amor hablan directamente de una "fractura interna" en el régimen, visible desde hace semanas. La intervención de Marrero buscaba tapar esa grieta, pero su sola necesidad de intervenir al máximo nivel confirma hasta qué punto la crisis ha llegado a las entrañas del poder.
Negociaciones sin avances y una crisis de fondo
Toda esta pugna interna ocurre, además, mientras las negociaciones con Washington apenas avanzan. El propio canciller Bruno Rodríguez reconoció que el diálogo "no muestra ningún progreso", y la viceministra Josefina Vidal admitió que el canal permanece abierto pero sin avances significativos. Estados Unidos mantiene su política de máxima presión y exige, entre otras condiciones, la liberación de presos políticos, algo que el régimen considera inaceptable.
El telón de fondo es una crisis económica y energética devastadora:
"Apagones prolongados, escasez de alimentos y combustible, y una contracción del PIB proyectada como la peor de América Latina."
La lectura sobre El Cangrejo
En ese contexto, la imagen de una cúpula dividida, que necesita que su primer ministro salga a pedir unidad y a denunciar conspiraciones, transmite una señal de debilidad difícil de disimular. El caso "El Cangrejo" ha dejado de ser una anécdota sobre los lujos de un nieto de Castro para convertirse en el síntoma más visible de un régimen que se agrieta por dentro justo cuando más necesita mostrarse unido.






