"El cangrejo y el vampiro": la propaganda cubana carga contra los nietos de los Castro

Autor: NotiCuba

Michel Torres Corona, presentador de Con Filo, publicó "El cangrejo y el vampiro" contra Raúl Guillermo "El Cangrejo" y Sandro Castro. El PM Marrero cerró filas y denunció un "plan bien diseñado" de "asesinatos de reputación".

La crisis interna del régimen cubano por el papel de "El Cangrejo" acaba de sumar un capítulo insólito. Michel Torres Corona, presentador del programa Con Filo y uno de los rostros más reconocibles de la propaganda oficial cubana, publicó un durísimo artículo titulado "El cangrejo y el vampiro" en el medio izquierdista uruguayo Mate Amargo. En él, carga sin piedad contra el nieto de Raúl Castro tras la polémica por sus entrevistas con la prensa estadounidense, pero también apunta contra Sandro Castro, nieto de Fidel, al sostener que ambos representan el deterioro moral de la élite revolucionaria. Que un propagandista oficial escriba algo así es, en sí mismo, una señal de la magnitud de la grieta.

"El cangrejo y el vampiro": el ataque de un rostro de la propaganda

El artículo de Torres Corona (abogado, comunicador y director del grupo editorial Nuevo Milenio) no deja títere con cabeza. El detonante fue la ola de entrevistas de Raúl Guillermo Rodríguez Castro, "El Cangrejo", a medios como USA Today y The National, en las que se presentó dispuesto a negociar con Donald Trump el futuro de Cuba y dejó al descubierto un estilo de vida de lujo.

El comunicador cuestionó con dureza que "El Cangrejo", un coronel del Ministerio del Interior sin cargo público, se arrogue el derecho de hablar en nombre del país y lance mensajes políticos mientras disfruta de privilegios inaccesibles para la inmensa mayoría de los cubanos. Con un lenguaje cargado de imágenes, Torres Corona describe a Rodríguez Castro como un "protoburgués" con la "estética vasalla del nuevo rico", y lanza una advertencia inquietante: 

"El riesgo es que los cangrejos se tornen cáncer."

Su conclusión es un llamado a acabar con la impunidad y la condescendencia dentro de las propias filas.

Torres Corona lo admite: "hicimos caso omiso"

Lo más revelador del texto, sin embargo, no son los insultos, sino una confesión. Torres Corona reconoce abiertamente que las imágenes de la vida opulenta de "El Cangrejo" llevaban tiempo circulando por las redes, pero que "los revolucionarios y los militantes hicimos caso omiso". ¿La razón? Cuestionar su estilo de vida equivalía, "por transitividad", a cuestionar a la dirección de la Revolución.

Esa admisión desnuda una verdad incómoda para el oficialismo: no es que ahora se hayan enterado de los lujos y el protagonismo del nieto de Raúl Castro, sino que optaron por callar durante meses para no dañar la imagen de la cúpula. El propio propagandista confirma, sin querer, que la crítica no responde a un descubrimiento, sino a que la situación se ha vuelto insostenible de ocultar. Sus palabras dejan al régimen atrapado en su propia contradicción.

Sandro Castro, el "vampiro" que se declara capitalista

El artículo no se limita a "El Cangrejo". El otro protagonista es el "vampiro": Sandro Castro, nieto de Fidel, conocido por su exhibición de lujos en redes sociales. Torres Corona relata cómo un corresponsal de la prensa estadounidense lo grabó "en su hábitat natural", y cómo Sandro respondió que no tenía ventajas ni prebendas, que solo intentaba "salir adelante" y que sus videos eran una forma de diversión.

Claves del caso

Pero, según el propio Torres Corona, cuando el nieto de Fidel entró en terreno político, se declaró abiertamente capitalista, "como la mayoría de los cubanos". Para el comunicador, ambos personajes (el "cangrejo" y el "vampiro") son la cara visible de un mismo fenómeno:

"el deterioro moral de una élite que predica sacrificio revolucionario mientras vive rodeada de privilegios."

La imagen de los descendientes de los líderes históricos abrazando el lujo y el discurso capitalista resulta demoledora para la narrativa oficial.

Marrero cierra filas: un "plan bien diseñado"

Mientras algunas figuras del oficialismo cargan contra Rodríguez Castro, la cúpula ha optado por cerrar filas al máximo nivel. El primer ministro Manuel Marrero salió a defender las conversaciones con Washington y aseguró que el equipo negociador "cuenta con la confianza, el apoyo y el mandato" de Raúl Castro y Miguel Díaz-Canel. Con ello, elevó el respaldo oficial hasta el Consejo de Ministros y confirmó que las negociaciones responden a decisiones de la dirección histórica del régimen.

La lectura sobre Michel Torres Corona

Marrero, además, arremetió contra los críticos con la misma línea argumental que ya había usado el aparato ideológico del Partido. Denunció que:

"los asesinatos de reputación, las manipulaciones y los llamamientos a la desunión y la fractura responden a un plan bien diseñado para generar incertidumbre y desconfianza."

En la misma línea, Elier Ramírez Cañedo, del Departamento Ideológico del Comité Central, ya había confirmado que "El Cangrejo" negocia con Washington por decisión de "la máxima dirección del país". El régimen, así, intenta presentar toda la polémica como una operación orquestada desde el exterior.

Lo sabían desde hace meses: por qué critican ahora

Y aquí está el fondo del asunto. La polémica no ha revelado nada que estos voceros y defensores del régimen no supieran ya. Desde hacía meses se conocía que el nieto de Raúl Castro participaba en contactos con la administración Trump, y su vida de privilegios era un secreto a voces. Sin embargo, han decidido cuestionarlo justo ahora, cuando su protagonismo se hizo público y el contraste se volvió imposible de disimular.

Ese contraste es brutal: mientras "El Cangrejo" luce relojes de lujo y maletines de marca, la mayoría de los cubanos sobrevive con salarios de entre 10 y 15 dólares al mes y soporta apagones de más de 30 horas seguidas. Por eso, más que una crisis de principios, lo que ha estallado es una crisis de imagen: los defensores del sistema no pueden seguir justificando lo injustificable ante un pueblo agotado. El caso "El Cangrejo" ha logrado que las contradicciones del régimen queden expuestas por sus propios protagonistas, y ni la defensa cerrada de Marrero ni el discurso de la "conspiración exterior" parecen suficientes para taparlas.