La calle volvió a hablar en Guanabacoa. Y esta vez no fue con cazuelas. Fue con fuego, con piedras y con gritos que llevaban décadas guardados.
La noche del 14 de mayo, mientras buena parte de La Habana entraba en su vigésima hora consecutiva sin electricidad, los vecinos del municipio salieron a la calle para hacer lo único que les quedaba: protestar. Levantaron barricadas con la basura que el régimen lleva semanas sin recoger, prendieron fogatas en plena vía pública y se plantaron frente a la policía que llegó a reprimirlos. Lo que vino después está documentado en decenas de videos que ya tienen miles de visualizaciones en redes sociales.
"La policía llega para reprimir y la gente se defiende con piedras. La calle es la única", resumieron usuarios de Facebook al compartir las imágenes en las que se muestran barricadas encendidas y frases que definen el momento: "El pueblo está en las calles pidiendo libertad".
Y el detalle más revelador de la noche llegó desde Corral Falso, en el mismo Guanabacoa, donde la página Periódico Patria 1892 difundió imágenes de incendios y lo que parecen ser explosiones controladas en plena calle. La pólvora social, esa que el régimen ha negado durante años, ya no se puede esconder bajo la alfombra.
Cuatro noches de protestas: el patrón que el régimen no logra detener
Lo que está pasando en La Habana no es un brote aislado. Es el cuarto día consecutivo de protestas. Y según los reportes recogidos por diferentes medios, los focos se han multiplicado por toda la capital.
Claves del caso
Solo en las últimas 96 horas se han reportado manifestaciones en estos municipios y barrios habaneros:
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Guanabacoa (con barricadas con fuego y enfrentamientos con la policía).
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Playa (Romerillo, con represión policial a golpes).
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Lawton (vertederos de basura incendiados en protesta).
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Diez de Octubre (cacerolazos y cortes de calles).
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Marianao (intersección de 100 y 51 cerrada por vecinos tras más de 20 horas sin luz).
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Santos Suárez (uno de los primeros focos del miércoles).
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Arroyo Naranjo (incidentes en Mantilla).
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San Miguel del Padrón (protesta inusual a plena luz del día frente a la sede del Poder Popular).
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Luyanó, La Lisa, Cojímar, Cotorro, Boyeros, Vedado, La Habana Vieja, La Víbora, Guanabo, San Francisco de Paula, Párraga, Bahía, Cerro y Puentes Grandes.
Y la cosa salió de la capital. La noche del miércoles se reportaron disturbios en Manicaragua, Villa Clara, donde, según informes varias personas saquearon la bodega estatal conocida como "La Deportiva". El hambre, en Cuba, ya no espera.
Lo que dice el activismo: cortes de internet en las zonas de protesta
Una de las denuncias más recurrentes es los “cortes de internet" en las zonas donde hay protestas, algo que ya es una constante histórica del castrismo: apagar las redes para que el mundo no vea lo que pasa. Este patrón se repite desde el 11 de julio de 2021. Cuando los cubanos salen a la calle, el régimen corta el internet. Cuando se cortan las imágenes, vienen las detenciones y tras las las detenciones, vienen las condenas. Ese es el manual que no ha cambiado.
Desde el 6 de marzo, al menos 14 personas han sido detenidas en La Habana en relación con las protestas, según los registros independientes. El número real, dada la opacidad del régimen, podría ser bastante mayor.
El detonante: de 20 a 30 horas sin luz en algunas zonas
Las protestas al menos en su origen no son ideológicas, son la respuesta natural de un pueblo agotado que lleva meses viviendo con cinco horas de luz al día si tiene suerte.
Los datos oficiales de la Unión Eléctrica (UNE) son brutales:
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El miércoles 13 de mayo, el déficit eléctrico nacional superó los 2.020 MW en horario pico.
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El jueves 14 de mayo, el país marcó un récord histórico cuando el sistema desconectó simultáneamente al 70% del territorio nacional durante la hora de mayor demanda.
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La capacidad de generación en horario pico cayó a 976 MW frente a una demanda de 3.150 MW, dejando un déficit de 2.174 MW.
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Ese mismo jueves, la termoeléctrica Antonio Guiteras —una de las principales del país— quedó fuera de servicio por una avería en la caldera.
Cuando se cae la Guiteras, se cae buena parte del sistema. Y eso fue lo que pasó.
A esto se suma la realidad geográfica del colapso: Cuba necesita aproximadamente 100.000 barriles diarios de combustible para sus necesidades energéticas, pero solo produce unos 40.000 en sus pozos nacionales. El resto tiene que importarlo. El país no recibió ni un solo barco de combustible entre diciembre de 2025 y finales de marzo de 2026, con la excepción de una donación rusa de 100.000 toneladas de crudo que apenas alivió la situación durante abril y ya se consumió.
El argumento del régimen: el bloqueo.
Frente al estallido social, Miguel Díaz-Canel volvió a recurrir al guión de siempre. Esta vez lo escribió en mayúsculas en sus redes: "EL CERCO ENERGÉTICO QUE NIEGAN ESTÁ ASFIXIANDO A CUBA", denunciando lo que llamó "bloqueo energético genocida" por parte de Estados Unidos.
Pero el discurso ya no convence ni dentro ni fuera de la isla. Como recogió la prensa internacional, numerosos cubanos culpan al régimen por décadas de mala gestión económica, falta de inversión en infraestructura y dependencia estructural de Venezuela. Las termoeléctricas cubanas, en su mayoría, tienen más de 40 años. No se ha invertido seriamente en mantenimiento ni modernización durante décadas. Los parques solares fotovoltaicos que el régimen ha anunciado como solución solo aportaron 470 MW en el horario pico del miércoles. Una fracción de lo necesario.
La lectura sobre La Habana
Y mientras la gente sale a la calle a quemar basura porque no aguanta más, el régimen sigue gastando recursos en operativos policiales y en cortar el internet. La prioridad, una vez más, no es resolver es contener.
Desde el lado norteamericano, las palabras también son duras. El secretario de Estado Marco Rubio, en declaraciones a Fox News a bordo del Air Force One durante el viaje de Trump a China, lo resumió sin filtros: "Es una economía rota y disfuncional, y es imposible cambiarla. Ojalá fuera diferente".
Lo que dicen los testimonios: del cansancio al hartazgo
Más allá de las cifras, lo que está pasando se cuenta mejor con voces. Sin electricidad en Cuba no es solo no tener luz es: no tener agua corriente, porque las bombas dependen de la corriente, no poder refrigerar la comida que se compró con tanto esfuerzo, no poder encender un ventilador en pleno mayo, cuando las temperaturas pasan los 32 grados, ver cómo los niños duermen sudados, cómo los ancianos se descompensan, cómo los hospitales operan con generadores que también empiezan a fallar. Es, en pocas palabras, no vivir solo sobrevivir.
Lo que viene: ¿represión o reforma?
La gran pregunta es qué hará el régimen ahora. Las opciones, en realidad, son pocas, y todas dolorosas para La Isla.
Reprimir con dureza, como en julio de 2021, significa más imágenes en redes sociales que dañan todavía más al gobierno frente al mundo y, sobre todo, frente a la administración Trump, que ya está presionando con sanciones, vuelos militares visibles cerca de la costa y una visita del director de la CIA, John Ratcliffe, que dejó un ultimátum claro: cambios fundamentales o nada.
No reprimir significa permitir que las protestas se multipliquen. Que pasen de Guanabacoa a Centro Habana. De La Habana a Santiago. Y eso, para un régimen acostumbrado a controlar cada cuadra con sus CDR (Comités de Defensa de la Revolución), es inadmisible.
Mientras la cúpula del Partido decide qué cara poner, la gente sigue saliendo a la calle. Con barricadas. Con cazuelas. Con piedras. Y con una frase que se repite en cada video, en cada grito desde un balcón, en cada cacerolazo: "Libertad."
La palabra “Libertad”, que durante 66 años el régimen intentó borrar del vocabulario público, hoy se escucha más fuerte que nunca en las calles de La Habana. Y ningún apagón puede apagarla.