Claves del caso
En Cuba, la realidad supera cualquier guión. Ante la incapacidad de los Servicios Comunales para frenar las montañas de basura que sepultan las calles de varias ciudades, el régimen encontró una "solución" que ha indignado y, a la vez, hecho reír a medio país: movilizar a soldados del Ministerio de las Fuerzas Armadas (MINFAR) a barrer las aceras, escoba en mano. Las imágenes de militares convertidos en barrenderos se viralizaron de inmediato y dieron pie a un nuevo apodo demoledor en las redes: el "Ejército de Escobas".
El "Ejército de Escobas": militares a barrer las calles
La escena no es nueva, pero no deja de sorprender. Desde hace meses, el Gobierno recurre a las Fuerzas Armadas para suplir el colapso del sistema de recogida de residuos. Ya a comienzos de 2026, el primer ministro Manuel Marrero anunció la movilización de más de 450 brigadas, muchas de ellas formadas por soldados, para "higienizar" La Habana, en lo que calificó de tarea prioritaria. Antes, en 2025, se echó mano incluso de reclutas del Servicio Militar, y el Ejército Occidental llegó a quedar al frente de la limpieza de barrios enteros de la capital.
El mensaje oficial es de eficiencia y unidad: "ganamos cuando nos unimos", repite el Gobierno, mientras pide a la población que se sume. Pero para muchos cubanos, ver al poderoso ejército que el régimen presume como garante de la soberanía nacional empuñando escobas para recoger desperdicios es la imagen más elocuente del fracaso de un modelo.
Una crisis de basura que viene de lejos
Detrás de la postal hay un problema estructural que el propio Gobierno ya no puede esconder. La recogida de basura en Cuba colapsó, sobre todo, por la falta de combustible. Desde febrero de 2026, apenas 44 de los 106 camiones recolectores de La Habana están operativos por falta de diésel. La capital genera entre 24.000 y 30.000 metros cúbicos de desechos al día, de los cuales una enorme parte se queda, simplemente, sin recoger.
El resultado está a la vista en cada esquina:
"montañas de bolsas, cartones, escombros y restos de comida pudriéndose al sol."
En junio, una de esas montañas llegó a bloquear el cruce de las calles San José y Escobar, en Centro Habana, y circularon imágenes de personas buscando comida entre los desperdicios. El propio régimen reconoció a finales de 2025 que no puede ni limpiar la capital ni pagar dignamente a los barrenderos. Y el deterioro, según los vecinos, lleva años sin resolverse: "esa cuadra hace como 20 años que está así", se lamentaba un residente.
De la escoba al meme: la burla en las redes
Como era de esperar, las redes sociales hicieron su trabajo. Las fotos y videos de los militares barriendo desataron una ola de comentarios, sátiras y memes que convirtieron al "Ejército de Escobas" en el chiste nacional del momento.
La ironía se servía sola:
"el mismo régimen que dedica jornadas enteras a ejercicios militares y simulacros de guerra contra una "invasión" que nadie planea, no logra garantizar algo tan básico como la recogida de la basura."
La pregunta que más se repite resume el sarcasmo colectivo: si ni siquiera pueden con un problema que lleva años acumulándose, ¿qué pasará cuando tengan que enfrentar desafíos mayores? Detrás del humor, sin embargo, late una crítica feroz: la de un pueblo que ya no teme reírse en la cara de un poder que percibe como incapaz. Y en Cuba, donde el miedo fue durante décadas la principal herramienta de control, que la burla empiece a sustituir al temor no es un detalle menor.
Basura, dengue y apagones: una emergencia sanitaria
Pero no todo es para reír. La acumulación de residuos es, ante todo, una bomba sanitaria. Los desechos podridos se han convertido en criaderos de mosquitos, en plena alerta por brotes de dengue y chikungunya. Cuba cerró 2025 con más de 81.000 casos de ambas enfermedades y decenas de fallecidos oficiales, y las autoridades ya advierten que el país podría enfrentar una nueva epidemia de dengue, con los cuatro serotipos del virus circulando a la vez.
A la basura se suman los otros frentes de la crisis: apagones que superan las 20 horas diarias, escasez de alimentos y medicinas, y una economía en caída libre. La imagen de los soldados barriendo cobra así un significado más amargo: el de un Estado que destina recursos a tapar síntomas, y a cuidar la fachada, mientras las causas de fondo siguen intactas. El régimen, como es costumbre, atribuye buena parte del desastre al bloqueo y al asedio petrolero de Estados Unidos; sus críticos responden que la desidia, la falta de inversión y la mala gestión vienen de mucho antes.
El símbolo de un modelo agotado
Más allá de la anécdota, el "Ejército de Escobas" se ha convertido en una metáfora perfecta del momento que vive Cuba. Un país donde el ejército recoge basura porque los camiones no tienen combustible, donde los hospitales se quedan sin luz y donde la gente busca comida en los vertederos, es un país cuyo modelo, sencillamente, dejó de funcionar.
La lectura sobre Ejército de Escobas
Movilizar soldados con escobas puede aliviar, por unos días, el aspecto de algunas calles. Lo que no puede es resolver el problema de raíz, porque ese problema no se barre: se llama falta de combustible, de inversión, de planificación y de libertad para buscar otras soluciones. Por eso, mientras el régimen siga respondiendo a una crisis estructural con parches y operativos de imagen, cada nueva "movilización" no hará más que confirmar lo que el pueblo ya intuye y comenta entre risas: que el emperador, esta vez, va con escoba, pero sigue sin ropa.






