La desesperación volvió a tomar las calles de La Habana. Vecinos del barrio El Fanguito, en las inmediaciones de la céntrica calle 23, salieron a quemar desechos y bloquear la vía en una nueva protesta contra los interminables apagones. Las imágenes, difundidas en redes sociales, muestran a decenas de personas ocupando una de las principales arterias de la capital, hartas de pasar largas horas sin electricidad mientras enfrentan, al mismo tiempo, la escasez de alimentos, agua y otros productos esenciales para vivir. Una escena que se repite cada vez con más frecuencia en una Cuba golpeada por la crisis.
La protesta: fuego y bloqueo en plena calle 23
Según las imágenes divulgadas, los residentes de El Fanguito decidieron cerrar la calle 23 (una de las vías más transitadas del Vedado) como forma de protesta tras acumular más de 48 horas sin electricidad, sin agua y sin gas. En los videos se observa a una gran cantidad de personas sentadas en medio de la calzada, impidiendo el paso del tráfico y dejando claro que no se moverían hasta ser escuchadas.
El testimonio de una vecina resume el drama que se vive puertas adentro. En las imágenes se la escucha impedir el paso a un motociclista con una súplica cargada de indignación:
"Vira, vira, que llevamos más de 24 horas sin luz, y hay niños aquí llorando. Da la vuelta."
Esa frase, breve y desesperada, condensa la realidad de miles de familias habaneras que, entre el calor, la oscuridad y la falta de todo, encuentran en la protesta callejera su último recurso para hacerse oír.
Más de 48 horas sin luz, agua ni gas
El detonante de la protesta fue la acumulación de carencias que se ha vuelto insoportable. No se trata solo de la electricidad:
"los vecinos denunciaron llevar más de dos días sin corriente, pero también sin agua ni gas, una combinación que hace prácticamente imposible la vida cotidiana."
Claves del caso
Sin luz no se puede conservar la comida ni bombear el agua; sin gas no se puede cocinar; y sin agua, la higiene y la salud se resienten de inmediato.
A ese cuadro se suma la escasez crónica de alimentos y de productos básicos, que obliga a las familias a hacer verdaderos malabares para subsistir. El resultado es un hartazgo que ya no cabe en las quejas silenciosas ni en los reclamos por los canales oficiales. Cuando el suministro eléctrico se restablece, en muchos casos, solo ocurre después de que los vecinos salen a la calle, lo que refuerza entre la población la idea de que únicamente la protesta consigue resultados.
Una ola de protestas que se extiende por La Habana
El caso de El Fanguito no fue un hecho aislado, sino parte de una ola de manifestaciones que se extendió por varios barrios de la capital de forma casi simultánea. Esa misma jornada se reportaron protestas y concentraciones vecinales en zonas como Palatino, en el Cerro; Lawton, La Güinera y Santos Suárez, en Diez de Octubre; y otros puntos de la ciudad. Desde distintos lugares elevados de La Habana llegaron a observarse numerosas columnas de humo, una imagen descrita por testigos como impresionante y, a la vez, profundamente triste.
En otros municipios, la tensión fue aún mayor. En La Gallega, en Guanabacoa, los vecinos llegaron a impedir que trabajadores de la Empresa Eléctrica retiraran los transformadores del lugar. Estos episodios confirman que el descontento no es puntual, sino un fenómeno cada vez más generalizado. Solo en junio, las organizaciones que monitorean la situación documentaron más de un centenar de protestas en todo el país, la mayoría de ellas concentradas en La Habana.
Un récord de apagones detrás del estallido
La protesta coincidió con una de las peores jornadas del sistema eléctrico cubano. El déficit de generación nacional alcanzó los 2.315 megavatios, una cifra récord que dejó a oscuras a todas las provincias del país sin excepción. La crisis energética, que se arrastra desde finales de 2024 y se ha agravado drásticamente en 2026, ha provocado apagones de entre 20 y 30 horas (y en algunos casos aún más prolongados) en numerosos barrios de la capital y del resto de la Isla.
La lectura sobre El Fanguito
El país ha sufrido, además, varios apagones nacionales totales en lo que va de año, lo que evidencia el estado de colapso permanente en que se encuentra el sistema. Ante cada nueva desconexión, el discurso oficial combina llamados a la calma, promesas de recuperación progresiva y acusaciones contra el embargo estadounidense. Pero en las esquinas de La Habana, ese discurso llega tarde:
"lo que la gente reclama no es un lujo, sino algo tan elemental como tener corriente para vivir con dignidad."
La crisis que empuja al pueblo a la calle
Detrás de estas protestas hay una realidad de fondo que no deja de deteriorarse. La crisis económica, la inflación galopante y el desabastecimiento de productos esenciales se combinan con los apagones para hacer la vida cotidiana insostenible. En ese contexto, la calle se ha convertido en el único espacio donde el descontento encuentra salida, pese al temor a la represión y al habitual despliegue policial que suele seguir a cada manifestación.
El estallido de El Fanguito es, así, una muestra más de un patrón que se repite en toda Cuba: vecinos que, empujados por la desesperación, se plantan frente a un sistema incapaz de garantizarles lo básico. Cada barrio que se suma, cada calle bloqueada y cada columna de humo son el síntoma visible de una nación exhausta que exige, simplemente, el derecho a vivir con dignidad. Mientras las causas de fondo sigan sin resolverse, todo indica que las calles de La Habana continuarán encendiéndose, noche tras noche.





