Cuba entró en agosto tal como despidió julio: a oscuras. Una nueva caída parcial del sistema eléctrico dejó sin luz al occidente del país durante casi siete horas, en un nuevo capítulo de la profunda crisis energética que asfixia a la isla. La desconexión, que comenzó la tarde del sábado, afectó por completo a cinco provincias, incluida la capital, y volvió a poner de manifiesto la extrema fragilidad de una red al borde del colapso permanente. Mientras la población soporta apagón tras apagón, las autoridades reconocen que no existe una solución a corto plazo.
Qué ocurrió: el occidente de Cuba, totalmente a oscuras
Según informó la estatal Unión Eléctrica (UNE), la desconexión comenzó a las 6:07 de la tarde del sábado 1 de agosto y dejó completamente sin servicio a las provincias de Pinar del Río, Artemisa, Mayabeque, La Habana y Matanzas. En cuestión de minutos, toda la región occidental del país quedó sumida en la oscuridad, afectando a millones de personas en plena noche de verano.
La empresa detalló que la falla se produjo tras la salida simultánea de dos líneas de transmisión de 220 kilovoltios, las que enlazan Matanzas con Cienfuegos y Matanzas con Santa Clara. Ese disparo provocó la "división" del Sistema Electroenergético Nacional (SEN) y, en consecuencia, la caída completa de la zona occidental. Se trata de un tipo de fallo que evidencia hasta qué punto el sistema cubano ha perdido capacidad para resistir cualquier contratiempo sin desmoronarse.
Una reconexión que muchos ponen en duda
La UNE informó que el Sistema Electroenergético Nacional quedó reconectado a la 1:10 de la madrugada del domingo, tras casi siete horas de apagón total en el occidente. Sin embargo, el anuncio oficial chocó de inmediato con la realidad que vivían los ciudadanos. Al amanecer, amplias zonas continuaban completamente apagadas, y prácticamente toda La Habana seguía sin electricidad, salvo algunos puntos aislados.
Claves del caso
En las redes sociales, numerosos usuarios cuestionaron con dureza el parte oficial. Muchos denunciaron llevar sin corriente mucho más que esas siete horas:
"algunos, más de 48 horas seguidas. ¿Cuándo se cansarán de mentirle al pueblo?."
Reclamó un usuario en la propia página de la UNE, resumiendo la desconfianza generalizada hacia unas cifras que rara vez coinciden con lo que se sufre en cada barrio.
Un sistema en ruinas: diez unidades fuera de servicio
El apagón del sábado no fue un hecho fortuito, sino el síntoma de un sistema en estado crítico. En el momento de la falla, diez unidades generadoras se encontraban fuera de servicio, la mayoría por averías y el resto por labores de mantenimiento. Esa escasez de generación deja al SEN sin margen alguno para absorber imprevistos, de modo que cualquier incidente puede desencadenar un colapso en cadena.
El caso más preocupante es el de la termoeléctrica Antonio Guiteras, en Matanzas, la mayor y más importante del país. Esta central ha sufrido tantas averías que ha salido del sistema más de 20 veces en lo que va de 2026, y volvió a estar detenida durante este episodio. La dependencia de una planta tan inestable, sumada al deterioro general del parque termoeléctrico y a la crónica falta de combustible, configura un panorama en el que los apagones se han vuelto la norma y no la excepción.
Cinco colapsos en un año: la magnitud de la crisis
Las cifras hablan por sí solas. Con este suceso, Cuba acumula cinco colapsos del sistema eléctrico en lo que va de 2026. Y el dato más alarmante es la aceleración:
"solo en julio se produjeron tres desconexiones mayores en menos de ocho días, una frecuencia que evidencia el acelerado deterioro de la infraestructura."
Aunque en esta ocasión la UNE atribuyó la caída a las fuertes lluvias y tormentas eléctricas que azotaron la región occidental, lo cierto es que el trasfondo es estructural: una red envejecida, sin inversiones suficientes y con un mantenimiento insuficiente durante años. A ello se suma la gravísima escasez de combustible que impide poner en marcha la generación disponible. La situación es tan extrema que las autoridades han llegado a reconocer que algunas comunidades acumulan hasta 105 días sin electricidad, y que no existe una solución a corto plazo.
El costo humano y el auge de las protestas
Detrás de cada estadística hay personas que sufren. Los apagones prolongados —que en La Habana superan habitualmente las 20 horas diarias— hacen imposible conservar los alimentos, bombear agua, cocinar o simplemente dormir en medio del calor sofocante del verano.
"Pasé toda la noche en vela, no pegué un ojo por el calor y los mosquitos."
Relataba una vecina de 66 años, describiendo una escena que se repite en millones de hogares cubanos.
Ese hartazgo acumulado se ha trasladado, cada vez con más fuerza, a las calles. Mientras continúan los apagones, crecen las protestas:
"cacerolazos, quema de basureros y bloqueos de calles se multiplican por toda la isla, protagonizados por vecinos que ya no encuentran otra vía para hacerse oír."
La oscuridad, que antes generaba resignación, hoy alimenta la indignación. Y con un sistema eléctrico que no da señales de recuperación, todo indica que tanto los apagones como las protestas seguirán marcando el pulso de una Cuba exhausta.





