10 de Octubre: 158 años del Grito de Yara y una Cuba que aún espera su libertad

Autor: NotiCuba

En La Demajagua, Céspedes rompió las cadenas de sus esclavos y desafió a un imperio. Hoy, 158 años después, más de 1.300 cubanos están presos o castigados por pensar distinto. ¿Dónde quedó aquel grito?

Una campana en La Demajagua

En la madrugada del 10 de octubre de 1868, en su ingenio La Demajagua, cerca de Manzanillo, el abogado y hacendado bayamés Carlos Manuel de Céspedes hizo sonar la campana del central. No era el toque de faena. Ante sus esclavos reunidos, les devolvió la libertad y los invitó a luchar, ya no como siervos, sino como hombres libres, por una patria que todavía no existía.

Ese gesto abrió la Guerra de los Diez Años (1868-1878), la primera gran guerra de independencia de Cuba contra España. Céspedes perdió en ella su fortuna, su familia y la vida. La historia le dio un título que ningún decreto podría otorgar: Padre de la Patria.

Grito de Yara o Grito de La Demajagua

La fecha pasó a la historia con dos nombres. El más tradicional es Grito de Yara, por el pueblo donde los insurrectos libraron su primer combate, el 11 de octubre, con resultado adverso. La tradición atribuye a Céspedes, tras aquel revés, una frase convertida en leyenda: con los pocos hombres que le quedaban bastaba para hacer la independencia de Cuba.

Con el tiempo se generalizó también el nombre de Grito de La Demajagua, que señala el lugar exacto donde comenzó todo. Ambos nombran el mismo acontecimiento: el día en que un grupo de cubanos decidió que no seguiría viviendo de rodillas.

Lo que pedía el Manifiesto del 10 de Octubre

Aquel alzamiento tuvo programa. El Manifiesto de la Junta Revolucionaria de la Isla de Cuba, conocido como Manifiesto del 10 de Octubre, enumeró los agravios de los cubanos bajo el dominio colonial:

  • Un gobierno que los gobernaba sin dejarlos participar.

  • Impuestos decididos sin consultarlos.

  • Ausencia de libertad de imprenta y de reunión.

  • Tribunales y autoridades militares con poder arbitrario sobre la población.

  • Ninguna representación política real.

Frente a eso, reclamaba independencia, derechos políticos y el fin gradual de la esclavitud. Meses después, la Constitución de Guáimaro, del 10 de abril de 1869, fue más lejos y proclamó que todos los habitantes de la República eran enteramente libres.

"La libertad de los cubanos y la libertad de los esclavos nacieron unidas, en el mismo grito y en el mismo campo de batalla."

El precio que pagó Céspedes

Céspedes no vio la victoria. En 1870 los españoles capturaron a su hijo Oscar y ofrecieron perdonarle la vida si el padre deponía las armas. Según la tradición, respondió que Oscar no era su único hijo, que él era padre de todos los cubanos que habían muerto por la revolución. Oscar fue fusilado.

Destituido de la presidencia de la República en Armas en 1873, Céspedes murió en combate en San Lorenzo el 27 de febrero de 1874, casi solo, perseguido por las tropas españolas. La guerra terminó en 1878 con el Pacto del Zanjón, rechazado por Antonio Maceo en la Protesta de Baraguá. La esclavitud fue abolida definitivamente en Cuba en 1886. La independencia llegaría en 1902, tras la guerra que organizó José Martí.

158 años después: 1.339 razones para no celebrar en paz

Hoy el régimen cubano conmemora el 10 de octubre con actos oficiales y discursos. Desde que Fidel Castro pronunció en La Demajagua, en 1968, su discurso de los "Cien años de lucha", el poder se presenta como heredero directo de Céspedes.

Pero basta repasar los agravios de aquel manifiesto para ver cuántos siguen vigentes.

Claves del caso

Según Prisoners Defenders, al cierre de agosto de 2026 Cuba registraba 1.339 presos políticos, un récord histórico:

  • 807 encarcelados por motivos de conciencia.

  • 495 condenados a medidas restrictivas sin prisión.

  • 155 mujeres, otra cifra sin precedentes.

  • 38 personas detenidas siendo menores de edad; 14 siguen en prisión.

  • 217 manifestantes condenados por "sedición", con penas que promedian 10 años.

  • 463 presos con enfermedades graves y 54 con trastornos mentales severos sin tratamiento adecuado.

En los últimos doce meses entraron en la lista 281 nuevos presos políticos, unos 23 por mes. Hoy en Cuba pueden llevar a la cárcel motivos como protestar por la falta de agua o de electricidad, grabar a un agente de la Seguridad del Estado o colgar un cartel.

Los nombres detrás de las cifras

Maykel Castillo, "Osorbo", coautor de Patria y Vida, cumple nueve años de condena en la prisión de Guanajay. En julio de 2026, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos calificó su detención de ilegal y arbitraria. Luis Manuel Otero Alcántara salió de prisión el 18 de julio de 2026 y fue empujado al exilio. Ana Ibis Tristá Padilla, presa en Las Tunas, escribió esta semana: "Apenas puedo caminar y mantengo dolores diarios".

Cada 10 de octubre la campana de La Demajagua vuelve a sonar en actos oficiales. Para estas familias, el sonido no anuncia libertad.

La comparación justa

Conviene decirlo con precisión: la Cuba de hoy no es la Cuba esclavista de 1868. La esclavitud fue un crimen específico, con un nivel de deshumanización que no debe trivializarse.

Pero el espíritu del manifiesto sí permite comparar. Los criollos de 1868 se rebelaron porque no podían elegir a quienes los gobernaban, ni publicar libremente, ni reunirse sin permiso, ni defenderse ante tribunales independientes.

Esas cuatro carencias describen con exactitud la Cuba de 2026: un solo partido consagrado por la Constitución como "fuerza dirigente superior", una prensa estatal sin competencia legal, reuniones independientes perseguidas y tribunales que condenan por sedición a quienes salieron a la calle el 11 de julio de 2021.

¿Qué hizo el régimen con aquel espíritu libertario?

No desapareció de un día para otro. Fue desgastado durante 67 años, con métodos concretos:

Vigilancia en cada cuadra. Los Comités de Defensa de la Revolución convirtieron al vecino en informante. En su 66 aniversario, Díaz-Canel anunció que "la vigilancia se amplía".

La lectura sobre Grito de Yara

El miedo como sistema. Actos de repudio, interrogatorios, citaciones, multas, regulaciones que impiden viajar y amenazas contra los familiares. Muchas veces, la represión no necesita la cárcel.

Control del pan. Cuando el Estado controla el empleo, la vivienda, la libreta y el salario, disentir significa poner en riesgo el sustento de toda la familia.

Adoctrinamiento. Generaciones educadas para identificar patria, revolución y partido como una misma cosa, y para ver al que piensa distinto como traidor.

La válvula del exilio. Durante décadas, el régimen exportó la inconformidad. Quien no se adaptaba se iba, y según Washington cerca de una quinta parte de los cubanos ha emigrado desde 2021. Ahora la nueva Ley de Migración, vigente desde el 1 de noviembre, le permite incluso limitar la entrada de sus propios ciudadanos.

El destierro como castigo. Opositores, artistas y periodistas salen de prisión con un solo camino posible: el avión.

El grito no se ha apagado

Sería injusto concluir que los cubanos renunciaron a la libertad. El 11 de julio de 2021, miles de personas salieron a las calles en decenas de ciudades al grito de "Libertad". Los cacerolazos contra los apagones, las Damas de Blanco, los artistas del Movimiento San Isidro, las madres que graban a los agentes que acosan a sus hijos y los carteles de "Abajo Canel" que aparecen en universidades son ecos del mismo grito.

Céspedes empezó con unos pocos hombres y una campana. La historia demostró que bastaban para encender un país.

Ciento cincuenta y ocho años después, la pregunta no es si el espíritu del 10 de octubre sigue vivo. Sigue vivo en cada cubano que se niega a vivir de rodillas. La pregunta es cuánto tiempo más podrá un régimen celebrar a Céspedes mientras encarcela a quienes piensan como él.