La reacción
El Grupo de Trabajo de Harvard sobre el Futuro de Cuba divulgó el 10 de septiembre de 2026 un informe que propone una transformación integral de la Isla para superar su crisis económica, institucional y social.
La divulgación del imforme no sentó bien en La Habana.
El martes 15 de septiembre, el viceministro de Relaciones Exteriores Carlos Fernández de Cossío publicó en su perfil de Facebook un texto titulado "Culpar a Cuba y lavar la cara al agresor", que los medios oficiales replicaron al día siguiente. Su acusación fue frontal.
Las citas textuales
Conviene leer sus palabras completas, porque son más duras de lo que sugieren los titulares.
Sobre el origen del documento:
"Un grupo que dice ser de 'trabajo' y de la Universidad de Harvard ha publicado un informe suscrito por varios autores que promueve abierta y vulgarmente la política de agresión de Estados Unidos contra Cuba y los supuestos fundamentos que utiliza ese Gobierno para intentar justificar el atropello al pueblo cubano."
Nótese el detalle: entrecomilla la palabra "trabajo" y escribe que el grupo "dice ser" de Harvard. Es decir, cuestiona incluso su existencia institucional.
Sobre los firmantes: "Sorprende la ausencia de honestidad intelectual entre aquellos firmantes que se supone sabrían distinguir cuál sería el impacto sobre cualquier país de una arremetida como la que sufre Cuba."
Y la más grave: "Es difícil creer que quienes aparecen como firmantes desconocen que un castigo colectivo como el que aplica el gobierno estadounidense contra todo el pueblo cubano es un crimen internacional y que ayudar a tapar el crimen los convierte en cómplices de él."
Cómplices de un crimen. Esa es la acusación.
La insinuación más delicada
Pero hay una frase que va todavía más lejos, y merece atención propia:
"Culpar al agredido, e intentar lavar la cara del poderoso agresor puede ser monetariamente atractivo, pero es también moralmente indecoroso."
"Monetariamente atractivo." Esas dos palabras insinúan que los autores del informe cobraron por escribirlo.
No aporta ninguna prueba. No nombra a nadie. No cita una transferencia, un contratante ni una cifra. Simplemente deja la sugerencia flotando.
Y no es la primera vez que emplea ese recurso: el 30 de agosto, al referirse a la cobertura del despliegue militar estadounidense en Puerto Rico, habló de "artículos de opinión a cargo de mentirosos por contrato".
El patrón se repite: cuando el argumento incomoda, se cuestiona el bolsillo de quien lo formula.
Qué dice realmente el informe
Para evaluar si la acusación se sostiene hay que saber qué contiene el documento.
El estudio, elaborado por académicos y expertos cubanos y extranjeros, califica el escenario actual de "insostenible" y sostiene que los problemas acumulados no pueden resolverse con ajustes parciales ni con medidas coyunturales.
Su diagnóstico central es político, no solo económico: señala la profunda erosión de la legitimidad del Gobierno, su incapacidad para resolver los problemas nacionales y la existencia de estructuras autoritarias que restringen el emprendimiento, la creación artística, la actividad científica y el debate público.
Entre sus propuestas concretas:
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Una transición democrática y una nueva Constitución.
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Una economía social de mercado, con apertura, seguridad jurídica y descentralización.
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Una amnistía.
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Que cualquier cubano pueda salir y regresar libremente al país.
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La derogación de los decretos leyes 349, 370 y 35, utilizados para restringir la creación artística, la expresión pública y la difusión de contenidos en internet.
Y plantea que esas primeras decisiones sean "señales inequívocas del comienzo de un Estado de derecho".
Lo que el régimen no menciona
Y aquí está el elemento que desmonta la acusación central.
Fernández de Cossío sostiene que el informe "lava la cara del poderoso agresor".
Pero el documento también le exige cosas a Washington. De forma explícita.
Claves del caso
Según los autores, una vez adoptadas esas primeras medidas, Estados Unidos debería responder "de manera inmediata, positiva y contundente", comenzando por eliminar las sanciones que afectan el suministro de combustible y proporcionando recursos iniciales para estabilizar la economía y favorecer las reformas.
Léalo otra vez: el informe acusado de blanquear a Washington le pide a Washington que levante las sanciones energéticas y ponga dinero.
Esa es, precisamente, la principal demanda histórica de La Habana.
Lo que sí molesta de verdad
Si la acusación de exculpar a Estados Unidos no se sostiene, la pregunta es qué incomoda realmente. Y la respuesta está en tres apartados del informe.
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GAESA. El documento dedica un apartado especialmente crítico al conglomerado militar. Sostiene que funciona como un "Estado dentro del Estado", fuera de los controles institucionales ordinarios, y recuerda que sus cuentas no son públicas ni están sometidas a una auditoría efectiva de la Asamblea Nacional.
Los presos políticos. Citando datos de Prisoners Defenders, el informe registra más de 1.300 presos políticos al cierre de junio de 2026.
La represión como causa. El texto señala que la cárcel, el hostigamiento y el exilio han desarticulado movimientos independientes, reducido los espacios de organización y expulsado del país a numerosos activistas, intelectuales y profesionales. Su formulación es contundente: "El vaciamiento de la isla no es solo demográfico."
Nada de eso puede atribuirse a una sanción estadounidense.
La referencia que no nombra a nadie
Hay un pasaje del informe que merece destacarse porque describe algo muy concreto sin decir nombres.
El documento cuestiona la "opacidad extrema" de las conversaciones entre representantes de Cuba y Estados Unidos, y menciona "la presencia de personas que aparecen como interlocutores de la nación sin desempeñar funciones gubernamentales claramente establecidas".
Cualquiera que siga este expediente sabe a qué se refiere.
Hace apenas semanas se conoció que Raúl Guillermo Rodríguez Castro, "El Cangrejo", coronel del MININT y nieto de Raúl Castro —que no ocupa cargo gubernamental alguno— intervino directamente ante el equipo negociador estadounidense.
El informe señala ese problema sin nombrarlo: ¿quién representa realmente al poder cubano en una negociación?
Es una pregunta legítima, y no la formula Washington.
La contradicción del propio Cossío
Hay un detalle que conviene registrar.
El mismo miércoles en que acusaba a Harvard, Fernández de Cossío admitió públicamente que la emigración está vaciando la fuerza laboral cubana.
La lectura sobre Fernández de Cossío
Es decir: reconoce el vaciamiento que el informe describe. Lo que rechaza es la explicación.
También confirmó que La Habana mantiene contactos con Washington, pero no negociaciones, y afirmó que fracasarán los planes de Trump para hacer caer al régimen.
Lo que el informe sí concede
Por rigor conviene decirlo, porque refuerza el punto: el informe no exculpa a Estados Unidos.
Sostiene expresamente que la crisis cubana combina problemas estructurales internos con restricciones externas. Atribuye parte de la situación a decisiones del Gobierno cubano y parte al impacto de las sanciones.
Es un diagnóstico repartido. Lo que el régimen no tolera no es la segunda mitad. Es la primera.
Y el propio documento reconoce sus límites: admite que alcanzar consenso entre el gobierno, Estados Unidos, la oposición, la sociedad civil, la diáspora y la comunidad internacional será extraordinariamente difícil.
Su conclusión: "Construir ese consenso no será fácil. Pero para Cuba y los cubanos, es simplemente la única opción."
Por qué esto importa
Hay una prueba sencilla para evaluar cualquier respuesta a un informe crítico: ¿se discuten los datos o se discute a quien los presenta?
¿Qué no hizo Fernández de Cossío?
- No refutó la cifra de presos políticos.
- No explicó por qué GAESA no rinde cuentas ante la Asamblea Nacional.
- No defendió los decretos 349, 370 y 35.
- No cuestionó el diagnóstico sobre productividad, inflación o pérdida de población.
Lo que hizo Fernández de Cossío fue: cuestionar la honestidad intelectual de los firmantes, sugirió que les pagaron y los llamó cómplices de un crimen.
Cuando un gobierno responde así a un documento académico, suele ser porque la parte fácil de rebatir no existe.
Y queda una ironía final: buena parte de los autores del informe son cubanos. Descalificarlos como promotores de la agresión extranjera es, exactamente, el mecanismo que el propio documento describe cuando explica cómo la Isla se ha ido quedando sin sus intelectuales.
Desde Noticuba seguiremos informando.





