Lo que ocurrió
El canciller de Costa Rica, Manuel Tovar Rivera, ratificó este sábado 19 de septiembre de 2026 la ruptura total de relaciones diplomáticas de su país con el Gobierno cubano.
Lo hizo al recibir el Premio Internacional Libertad Pedro Luis Boitel 2026, durante una ceremonia celebrada en la Torre de la Libertad de Miami, sede del Miami Dade College.
El galardón lo otorga la Asamblea de la Resistencia Cubana (ARC), por iniciativa del Directorio Democrático Cubano, y se lo entregó su presidente, el activista exiliado Orlando Gutiérrez-Boronat.
En el mismo acto, el canciller recibió reconocimientos del recaudador de impuestos de Miami-Dade, Dariel Fernández, y de la supervisora de elecciones del condado, Alina García.
Gutiérrez-Boronat le entregó además "una bandera cubana y un escudo de la República de Cuba en Armas en nombre de los cubanos libres".
Las declaraciones
Tovar fue categórico:
"Somos firmes en nuestro rompimiento de relaciones diplomáticas con el régimen castrista."
Sobre la acusación de actuar por presión estadounidense: "Es una decisión soberana que tomamos, nosotros no recibimos instrucciones de ningún gobierno." Y en declaraciones previas a Martí Noticias había sido aún más específico:
"No recibimos ningún consejo, ninguna orientación, ninguna instrucción, ninguna sugerencia de ningún Gobierno, ni de Estados Unidos, ni de ningún otro."
Sobre la respuesta de La Habana, su frase fue la más contundente de la jornada: "Lo que diga el régimen cubano tiene absolutamente cero credibilidad."
Y sobre la Isla: describió la realidad cubana como "una tragedia atroz con verdadero rostro humano que fractura familias sin la menor piedad y deshumaniza sistemáticamente a sus víctimas", y sostuvo que el régimen ha negado libertad y prosperidad al pueblo durante más de seis décadas.
Las relaciones, dijo, se retomarán únicamente cuando "Cuba sea libre".
El lugar no es un salón cualquiera
Aquí hay un detalle que conviene explicar, porque duplica el peso del gesto.
La Torre de la Libertad es el edificio donde el Gobierno estadounidense procesó, durante los años sesenta, a cientos de miles de refugiados cubanos que llegaban huyendo de la Revolución. Allí recibían documentos, asistencia y orientación.
Es, para el exilio cubano, el equivalente de lo que Ellis Island representa para la inmigración europea.
Que un canciller centroamericano reciba precisamente ahí un premio por romper relaciones con el régimen del que huyó esa gente no es una casualidad de agenda. Es un mensaje construido.
Quién fue Pedro Luis Boitel
El nombre del premio importa tanto como el lugar.
Pedro Luis Boitel (13 de mayo de 1931 – 25 de mayo de 1972) fue poeta y dirigente estudiantil. Estudiaba en la Universidad de La Habana mientras trabajaba como técnico de radio.
Y hay un dato que conviene subrayar: se opuso tanto al gobierno de Fulgencio Batista como al de Fidel Castro.
Fue condenado a diez años de prisión en 1961. Y murió en 1972 tras 53 días en huelga de hambre en la prisión Castillo del Príncipe.
Claves del caso
Ese detalle biográfico desarma de antemano la descalificación habitual: Boitel no era un nostálgico de la dictadura anterior. Combatió a las dos.
El premio se entrega desde hace veinticinco años a quienes se destacan en el respaldo a la libertad de Cuba.
La conexión con el presente
Y aquí hay una coincidencia que merece señalarse.
Boitel murió tras 53 días sin comer, reclamando la condición de preso político.
Hace apenas semanas, el activista Guillermo del Sol debió deponer en Santa Clara una huelga de hambre de más de dos meses —superando ampliamente los 53 días de Boitel— tras deteriorarse gravemente su salud. Exigía la liberación de 18 presos políticos.
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Cincuenta y cuatro años separan ambos casos. El método es el mismo. El motivo también.
Los dos anuncios que pesan más que la ratificación
La confirmación de la ruptura ya se conocía desde el viernes. Lo verdaderamente nuevo del acto fueron dos anuncios.
Primero: el voto en la ONU. Tovar adelantó que Costa Rica revisará su posición sobre la resolución anual contra el embargo estadounidense, y que esa revisión podría resultar adversa para La Habana.
El alcance de eso es considerable. Durante décadas, esa resolución ha sido la principal victoria diplomática anual del Gobierno cubano, aprobada de forma casi unánime. Que un país latinoamericano cambie su voto —o se abstenga— rompería una fotografía que La Habana exhibe cada año como prueba de respaldo internacional.
Segundo: la advertencia sobre inteligencia. Tovar afirmó que Costa Rica no permitirá que organizaciones vinculadas a la inteligencia cubana intenten influir o "subvertir" el orden interno costarricense, ni las decisiones adoptadas por el Gobierno de Laura Fernández.
Esa declaración no se hace en el vacío. Llega un mes después de que República Dominicana expulsara a nueve diplomáticos cubanos, en un episodio que la prensa local vinculó a labores de inteligencia.
Y hay una tercera pieza: Tovar adelantó que la democracia en Cuba y Nicaragua estará entre los asuntos de una reunión del Escudo de las Américas, prevista del 21 al 28 de septiembre en Nueva York, durante la Asamblea General de la ONU. Es decir, esta misma semana.
La disputa con el MINREX
La Habana reaccionó calificando la declaración de "sorprendente".
La lectura sobre Costa Rica
El Ministerio de Relaciones Exteriores sostuvo que nunca recibió una notificación formal de la ruptura, y que conoció la posición costarricense a través de la prensa, el 18 de septiembre.
Bruno Rodríguez acusó además al Gobierno de Laura Fernández de actuar alineado con la política de Washington, y sostuvo que el hecho de que Tovar informara primero a un medio de Florida constituye "otro acto de subordinación del Gobierno costarricense a la política de los Estados Unidos contra Cuba".
La debilidad del argumento cubano
El reclamo procesal de La Habana tiene una base: lo habitual es que una ruptura de relaciones se comunique mediante nota verbal al otro Estado.
Pero ese argumento choca con un obstáculo evidente.
Desde marzo no hay embajadas ni personal diplomático entre ambos países. Costa Rica cerró su sede en La Habana y pidió a Cuba retirar a sus funcionarios.
Entonces la pregunta se responde sola: ¿por qué canal se notifica formalmente una ruptura cuando ya no existen las misiones que servirían para notificarla?
Ese vacío es precisamente lo que produce el cierre de embajadas. Y quejarse de la falta de una nota verbal seis meses después de que desapareciera el canal para entregarla es, cuando menos, un argumento incómodo.
Lo que hay que conceder
Por rigor conviene decir que la confusión tiene origen en la propia Costa Rica.
Cuando en marzo el gobierno de Rodrigo Chaves anunció el cierre de la embajada, el entonces canciller Arnoldo André Tinocoaclaró expresamente que aquellas medidas no representaban una ruptura diplomática.
Es decir: durante seis meses la versión oficial costarricense fue que no había ruptura. Ahora la versión oficial es que sí la hubo desde marzo.
Que La Habana pida una aclaración formal no es, en ese contexto, una exigencia absurda. Lo discutible es presentarlo como una ofensa.
El patrón del aislamiento
Este episodio no ocurre aislado. En 2026:
- Marzo: Ecuador expulsa al personal de la embajada cubana en Quito.
- Marzo: Costa Rica cierra su embajada en La Habana. Julio: Colombia anuncia la ruptura de relaciones.
- Agosto: República Dominicana ordena la salida de nueve diplomáticos cubanos. Septiembre: Cuba reduce a la mitad su misión en Seúl, sin explicar por qué.
Y ahora, una de esas rupturas se confirma como total y se acompaña de una posible revisión del voto en Naciones Unidas.
Qué vigilar esta semana
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La reunión del Escudo de las Américas, del 21 al 28 de septiembre en Nueva York.
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Si Costa Rica anuncia formalmente su cambio de voto sobre el embargo.
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Si otros países de la región siguen ese camino.
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Si el MINREX responde con alguna medida concreta más allá del comunicado.
Lo esencial
Un canciller centroamericano recibió en la Torre de la Libertad de Miami un premio que lleva el nombre de un poeta muerto en huelga de hambre en una cárcel cubana, y desde allí ratificó que su país no tendrá relaciones con La Habana hasta que Cuba sea libre.
No es un enfriamiento. Es un cierre condicionado a un cambio de régimen.
Y a diferencia de otros episodios de este año, esta vez la decisión no la tomó un país receptor molesto: la tomó y la sostiene un gobierno que ya cambió de administración y mantiene la misma posición.
Desde Noticuba seguiremos informando.





