Trump sube la apuesta con Irán: o entrega todo su uranio y abre Ormuz "sin peajes", o no hay acuerdo de paz

Autor: NotiCuba

Trump endurece sus condiciones a Irán: no habrá paz si Teherán no renuncia a su programa nuclear y entrega su uranio enriquecido para destruirlo, y si no reabre el estrecho de Ormuz de inmediato, sin peajes y con tránsito libre y pleno.

El presidente de Estados Unidos endureció sus condiciones para sellar la paz con Irán y dejó un mensaje que no admite lecturas intermedias: no habrá acuerdo si Teherán no renuncia por completo a su programa nuclear, entrega su uranio enriquecido para ser destruido y reabre el estrecho de Ormuz de inmediato, sin cobro de peajes y con circulación libre en ambos sentidos. Por si quedaban dudas, agregó que no tiene "prisa" por firmar.

Trump endurece el tono: desnuclearización total y "sin prisa"

Las condiciones impuestas por Trump llegan en pleno estancamiento de la negociación. Según fuentes de la administración, Trump pidió modificar el borrador del acuerdo para reforzar las cláusulas vinculadas al control, la retirada y la destrucción del material nuclear iraní, y devolvió ese nuevo marco a Teherán para su consideración. La propuesta del presidente es tan simple como tajante: Irán no tendrá armas nucleares ni podrá comprarlas. Lo que reclama, es una desnuclearización total de la República Islámica.

Claves del caso

El presidente bajó el optimismo que él mismo había alimentado días atrás, cuando llegó a hablar de un acuerdo "cerca". Ahora asegura que no corre detrás de un pacto y que está dispuesto a actuar si Teherán no acepta sus términos. Esa combinación de presión militar, amenazas y diplomacia es la marca de la estrategia con la que Washington intenta forzar un desenlace favorable después de meses de conflicto que dispararon los precios de la energía y dejaron al comercio marítimo global en vilo.

El uranio enriquecido, el corazón del pulso

Si hay un punto que concentra la dureza de la nueva postura, es el destino del uranio enriquecido. Trump exige que Irán ceda el control de ese material (al que se refirió como "polvo nuclear") para sacarlo del país o destruirlo. El mandatario sostuvo que Estados Unidos, junto con China, es de los pocos con la capacidad técnica para "desenterrar" ese uranio almacenado bajo las instalaciones dañadas por los bombarderos, y planteó hacerlo en coordinación con la propia Irán y bajo supervisión del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA).

En su lista de exigencias más reciente, Washington fue todavía más lejos: además de la entrega del uranio, reclamó limitar el programa nuclear iraní a una sola instalación activa y que Teherán renuncie a cualquier compensación por los daños de la guerra. Son condiciones que tocan el núcleo de la soberanía que el régimen dice defender, y que explican por qué la mesa de negociación avanza a los tropezones.

Ormuz sin peajes: la otra línea roja

La segunda gran exigencia es el estrecho de Ormuz, el corredor por donde circula buena parte del petróleo y el gas del mundo y que quedó bloqueado desde el arranque del conflicto. Trump reclama su reapertura inmediata, sin peajes y con tráfico irrestricto para los buques en ambas direcciones. A eso se suma la eliminación de todas las minas submarinas sembradas en la zona; según explicó, unidades especializadas de la Marina estadounidense ya retiraron parte de esos artefactos.

El presidente ató, además, el levantamiento del bloqueo naval estadounidense al cumplimiento de esas dos condiciones: primero, mar limpio de minas y paso abierto; después, se retira el cerco. La libre navegación por Ormuz es considerada esencial para estabilizar los mercados energéticos, de modo que cada avance o retroceso en este capítulo se traduce de inmediato en movimientos del precio del crudo.

La amenaza a Omán y la apuesta por los Acuerdos de Abraham

Uno de los flancos más sensibles es quién controla esas aguas. Trump rechaza de plano la idea de una gestión compartida con Irán y advirtió que tomará "medidas agresivas" contra Omán si el sultanato acepta establecer un peaje permanente en el estrecho. Su posición es que se trata de aguas internacionales que nadie debe controlar y que Estados Unidos solo "vigilará".

En paralelo, el presidente le puso a la negociación una dimensión regional. Agradeció a sus socios del golfo Pérsico el apoyo en las conversaciones e invitó a Arabia Saudí y a otros aliados a sumarse a los Acuerdos de Abraham para normalizar relaciones con Israel una vez cerrado el pacto con Irán. Incluso deslizó que la propia República Islámica podría adherirse en el futuro, una idea que hoy suena lejana pero que muestra hacia dónde quiere llevar el tablero.

Irán se planta: el veto del líder supremo

Por otro lado, Teherán no piensa ceder en lo esencial. El nuevo líder supremo, Mojtaba Jamenei, aprobó una directiva que prohíbe expresamente la exportación del uranio enriquecido, justo el material con el que podría fabricarse una bomba atómica. Las autoridades iraníes desmintieron que la destrucción de ese uranio forme parte del preacuerdo y recalcaron que las conversaciones se centran, por ahora, en el alto el fuego y en el acceso a los fondos congelados.

La versión iraní del acuerdo es casi un espejo invertido de la de Trump: extender la tregua, reabrir Ormuz bajo condiciones fijadas por Teherán y discutir el programa nuclear recién después de cumplir otros puntos. A eso se suman las demandas iraníes que Washington ya rechazó: el fin de las sanciones económicas, la liberación de miles de millones de dólares en activos bloqueados, una compensación por los daños de guerra y la retirada de las tropas estadounidenses de la región. Su principal negociador, el presidente del Parlamento Mohammad Baqer Qalibaf, denunció maniobras "evidentes y ocultas" del adversario, y Teherán prepara una réplica formal a la última propuesta estadounidense.

Negociación estancada y mensajes cruzados

El cuadro general es el de una diplomacia acelerada pero errática, dominada por filtraciones, desmentidos y una guerra de relatos sobre quién controla el proceso. La Casa Blanca sostiene que existe un principio de entendimiento para prorrogar la tregua durante 60 días y abrir negociaciones nucleares; medios iraníes vinculados al régimen, como Tasnim, niegan que ningún borrador esté cerrado y advierten que cualquier avance se anunciará por los canales oficiales.

La pulseada tiene también actores en la sombra. El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, presionó a Trump para que no descongele los fondos iraníes ni levante las sanciones, con el argumento de que ese dinero serviría para relanzar el programa nuclear y financiar a grupos armados en la región. Las conversaciones se sostienen con la mediación de Pakistán, Qatar y Arabia Saudí, pero una reunión clave en la Sala de Situación de la Casa Blanca terminó sin una decisión definitiva.

Lo que está en juego

Detrás de cada exigencia late un cálculo político y económico de fondo. Con las elecciones de medio término en el horizonte, Trump necesita una victoria que pueda exhibir (desmantelar el uranio iraní o reabrir Ormuz) y, al mismo tiempo, contener el precio del combustible en Estados Unidos. Cada vez que se asoma la firma de un acuerdo, el petróleo se afloja y las bolsas respiran; cada vez que vuelan misiles cerca del estrecho, el pánico regresa a los mercados.

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El desenlace sigue abierto y cambia casi a diario. Una prórroga de la tregua daría aire a los negociadores; un nuevo incidente podría hacer saltar por los aires el frágil alto el fuego. Por ahora, lo único firme es la postura endurecida de Washington: sin renuncia al programa nuclear, sin entrega del uranio enriquecido y sin un Ormuz abierto y sin peajes, Trump no firmará la paz.