Europa elevó el tono contra el régimen cubano como pocas veces en la última década. El Parlamento Europeo aprobó este jueves una resolución que pide a la Unión Europea imponer sanciones contra el gobernante Miguel Díaz-Canel y los altos dirigentes del conglomerado militar GAESA, y exige la liberación inmediata de los 1.281 presos políticos registrados en la Isla. El texto, uno de los más contundentes en años, advierte que Cuba
"está a punto de convertirse en un Estado fallido."
Y responsabiliza al propio modelo del régimen (y no al embargo) de la catástrofe humanitaria.
Qué aprobó la Eurocámara y por cuántos votos
La resolución salió adelante con 283 votos a favor, 199 en contra y 85 abstenciones, impulsada por el Partido Popular Europeo, los Conservadores y Reformistas (ECR) y los liberales de Renovar Europa. En ella, la Eurocámara condena "en los términos más enérgicos posibles" la represión sistemática del Gobierno cubano y denuncia prácticas como la tortura, la violencia sexual, las amenazas de muerte, la vigilancia masiva, el trabajo forzoso y la persecución judicial contra opositores, manifestantes, estudiantes y defensores de derechos humanos.
Conviene aclarar un punto importante: una resolución del Parlamento Europeo no es de cumplimiento obligatorio. Es un pronunciamiento político que traslada la presión a la Comisión Europea, al Consejo y a la alta representante para Asuntos Exteriores, Kaja Kallas, que son quienes tienen la última palabra sobre sanciones y acuerdos. Aún así, su peso simbólico es enorme.
Sanciones a Díaz-Canel y GAESA, y la exigencia por 1.281 presos
El punto más llamativo es el llamado a aplicar sanciones individuales, dentro del régimen global de derechos humanos de la UE (el equivalente europeo a la Ley Magnitsky), contra los responsables de la represión. Y la resolución pone nombres: el propio Díaz-Canel y los dirigentes de GAESA, el conglomerado militar que controla cerca de la mitad de la economía cubana y que, según los eurodiputados, sostiene materialmente la maquinaria represiva.
A la vez, el Parlamento puso el foco en los presos políticos. Alertó de que, a finales de mayo, Cuba mantenía recluidos a un número récord de 1.281 presos políticos, incluidos menores de edad, y reclamó su "liberación inmediata e incondicional", junto con el fin de la tortura y la reparación para las víctimas. Es una de las cifras más altas jamás documentadas en la Isla.
"A punto de ser un Estado fallido": la culpa es del modelo
Una de las frases que más resonó fue la advertencia de que Cuba
"está a punto de convertirse en un Estado fallido."
Claves del caso
El diagnóstico de la Eurocámara es demoledor: tras cinco décadas de régimen comunista, el 89% de las familias cubanas vive en situación de pobreza extrema.
Y aquí está la clave política del texto. Los eurodiputados subrayan que esa miseria:
"no es el resultado de ningún embargo externo."
Sino la consecuencia directa del propio modelo y los fallos del régimen. Es decir, desactivan de entrada el argumento que La Habana repite desde hace décadas (que el bloqueo estadounidense es el culpable de todos sus males) y colocan la responsabilidad en la gestión interna. Para el Parlamento, la única salida del sufrimiento, la pobreza y el aislamiento pasa por un cambio económico y político profundo que conduzca a una transición democrática liderada por los propios cubanos.
Suspender el acuerdo y romper la alianza con Rusia y Bielorrusia
La resolución va más allá de las condenas y plantea medidas concretas. La principal: si el régimen no da pasos claros hacia una transición democrática a corto plazo, la UE debería suspender el Acuerdo de Diálogo Político y Cooperación (ADPC) firmado con Cuba en 2016. Ese pacto, sostienen los eurodiputados, fue presentado como una vía para estimular la apertura, pero en la práctica habría servido para "oxigenar, legitimar y financiar" a la dictadura.
El texto reclama además que la ayuda humanitaria llegue directamente al pueblo y a los emprendedores independientes, sin pasar por las manos del Estado; que se garantice el regreso sin represalias de los cubanos exiliados; y, en un guiño geopolítico nada menor, exige el fin de la cooperación militar del régimen cubano con Rusia y Bielorrusia. La Cuba que se apoya en Moscú mientras reprime a su pueblo quedó, así, en el centro de la diana europea.
La resolución que dividió a Europa
Pese a su contundencia, el texto no contó con un respaldo unánime, y esa división es parte de la historia. Los 199 votos en contra y las 85 abstenciones reflejan un Parlamento partido. Socialdemócratas y Verdes se negaron a firmar la resolución del centroderecha y presentaron una alternativa: compartían la denuncia de la represión y la exigencia de liberar a los presos, pero reclamaban también que se mencionara el papel de Estados Unidos y se exigiera a Washington el fin de lo que califican de "prácticas ilegítimas" contra Cuba, en alusión a las sanciones y la presión energética.
El gran punto de fricción fue, precisamente, el silencio del texto sobre el embargo estadounidense. La Habana, por su parte, acusó a la UE de falta de objetividad y de alinearse con Washington. El resultado es un mensaje potente, pero que también dejó al descubierto las distintas miradas que conviven en Europa sobre cómo abordar la crisis cubana.
Qué está en juego
La resolución representa uno de los golpes diplomáticos más duros que el Parlamento Europeo le ha asestado al régimen cubano en años, y llega en el peor momento para La Habana: en plena crisis energética, con protestas multiplicándose por toda la Isla y bajo una presión estadounidense sin precedentes. El cerco internacional se estrecha por todos los flancos.
La lectura sobre Parlamento Europeo
La incógnita es qué hará la UE con este mandato. Como el texto no es vinculante, la decisión final sobre las sanciones y la suspensión del acuerdo queda en manos de la Comisión, el Consejo y Kaja Kallas. Si Bruselas actúa, sería un cambio histórico en la relación entre Europa y Cuba; si lo deja en una declaración más, el régimen habrá ganado tiempo una vez más. Por ahora, el Parlamento habló alto y claro: la pelota está en el tejado de los gobiernos europeos.






