Murió Jorge Messi a los 68: el padre que cambió la historia del fútbol desde Rosario

Autor: NotiCuba

Jorge Messi falleció a los 68 años en Rosario tras una larga enfermedad. Su historia explica por qué Lionel Messi existe como futbolista: sin él, no habría habido Barcelona.

Lo que se sabe de su muerte

Jorge Horacio Messi murió a los 68 años en la madrugada del sábado 8 de agosto, a las 2:00, en el Sanatorio Centro de la ciudad de Rosario, donde permanecía internado. El propio centro médico lo confirmó horas después mediante un comunicado firmado por su director, en el que cumplía con "el penoso deber de informar" el fallecimiento y acompañaba a la familia.

La institución aclaró que, por respeto a la privacidad de los Messi, no ofrecería detalles sobre las circunstancias médicas. La familia nunca hizo público el diagnóstico.

Estaba casado con Celia Cuccittini. Era padre de Rodrigo, Matías, Lionel y María Sol. Lionel viajó desde Miami rumbo a Rosario apenas se conoció la noticia.

El llanto que anticipó todo

La enfermedad se hizo pública casi por accidente, y en el peor escenario posible: en pleno Mundial 2026.

El 18 de junio, tras marcar en el debut de Argentina ante Argelia, Lionel Messi rompió en llanto delante de decenas de cámaras. En la conferencia posterior explicó que sus lágrimas respondían a una cuestión ajena a lo deportivo y admitió que venía de días difíciles y complicados.

La frase encendió las especulaciones. Esa misma jornada circuló incluso la versión falsa de su muerte, difundida en un streaming, que obligó a la familia a emitir un comunicado desmintiéndola y confirmando que Jorge estaba bajo seguimiento médico y evolucionando dentro del cuadro que presentaba.

Hubo un detalle que muchos notaron entonces: ni Jorge ni Celia viajaron al Mundial. Nunca antes había ocurrido. El 26 de junio recibió el alta de un centro de salud porteño y regresó a Rosario. Su cuadro se agravó en los últimos días.

Rosario, Grandoli y las primeras canchas

Antes de ser el hombre que negociaba con presidentes de clubes europeos, Jorge Messi fue simplemente un padre al costado de un potrero.

Fue entrenador en Abanderado Grandoli, el club de barrio donde Lionel dio sus primeros pasos y donde este sábado lo despidieron recordando que allí acompañó al niño que después haría historia. Luego llegaron las inferiores de Newell's Old Boys, el club del que toda la familia es hincha.

Progresivamente fue dejando su trabajo para dedicarse por completo a la carrera de su hijo. Esa decisión, tomada sin garantía alguna de que fuera a salir bien, es el verdadero punto de inflexión de toda la historia.

La pelea que nadie veía: la hormona de crecimiento

Aquí está el capítulo que define su importancia.

A finales de los noventa, Lionel fue diagnosticado con un déficit de hormona de crecimiento. El tratamiento era caro y prolongado, e imposible de sostener con el salario de una familia trabajadora rosarina. Los clubes argentinos que evaluaron el caso, incluido River Plate, no estuvieron dispuestos a asumir el costo completo.

Claves del caso

Jorge no aceptó ese "no" como respuesta definitiva. Empezó a mover contactos, a golpear puertas y a buscar una institución que apostara por un chico de 1,43 metros que no paraba de desequilibrar rivales.

Sin ese empeño, la historia se detiene ahí. No hay Barcelona, no hay Balones de Oro, no hay Copa del Mundo en Qatar. Un talento excepcional se habría quedado sin la condición material que le permitió desarrollarse.

Septiembre de 2000: un avión a Barcelona

El 17 de septiembre de 2000, Jorge viajó a España con su hijo de 13 años y el agente Fabián Soldini. En Barcelona los esperaba Horacio Gaggioli, vinculado al despacho de Josep María Minguella, el intermediario que consiguió que Carles Rexach, entonces secretario técnico del club, aceptara verlo entrenar.

Leo deslumbró en las pruebas. Pero el Barcelona dudaba: su edad, el costo del fichaje y, sobre todo, el tratamiento médico complicaban la decisión. Pasaron las semanas y no llegaba respuesta.

La servilleta del 14 de diciembre

Con la Navidad encima y sin definición, Jorge Messi tomó la decisión más arriesgada de su vida: avisó que la familia volvía a Argentina para escuchar ofertas de otros clubes europeos.

Fue esa presión la que destrabó todo. El 14 de diciembre de 2000, en el club de tenis Pompeya, Rexach tomó una servilleta de papel y escribió a mano el compromiso de fichar al chico, bajo su responsabilidad personal, ante Minguella y Gaggioli.

Aquel papel improvisado se convirtió en uno de los documentos más famosos de la historia del deporte. Y con él llegó lo esencial: el Barcelona asumió el costo del tratamiento hormonal. Tres años de inyecciones después, Lionel alcanzó 1,70 metros.

Conviene decirlo sin rodeos: la servilleta es célebre por Rexach, pero existe porque Jorge Messi se plantó.

De padre a representante

A partir de ese momento, Jorge dejó de ser solo el padre. Se convirtió en representante, negociador y administrador de todo lo que ocurría fuera de la cancha.

Estuvo en cada contrato del Barcelona, donde su hijo disputó 778 partidos y marcó 672 goles. Estuvo en la dolorosa salida de 2021, en el desembarco en el PSG y en el traspaso al Inter Miami. Estuvo en los acuerdos comerciales, en las cláusulas, en las cifras.

Mientras Celia sostenía la vida familiar en Rosario, él fue quien se quedó en Barcelona con un adolescente que lloraba a escondidas por la nostalgia. Años después Lionel contó que ambos lloraban por separado en aquella casa, cada uno creyendo que el otro no lo veía.

El crítico más duro

Hay un rol menos visible y quizá más importante: el de consejero.

La lectura sobre Murió Jorge Messi

Lionel explicó más de una vez que hablaba de fútbol con su padre después de cada partido. Y fue explícito sobre el tipo de vínculo que tenían. "Es muy crítico conmigo", dijo en una entrevista de 2022, y agregó que precisamente eso lo empujó siempre a querer superarse.

En un entorno donde todos le dicen que sí al mejor jugador del mundo, Jorge fue durante décadas la voz que le decía que no.

Las sombras de una figura poderosa

Ninguna semblanza honesta puede omitir la otra cara.

Jorge Messi fue un negociador duro y a menudo incómodo para los clubes. Su gestión generó fricciones públicas en el Barcelona, especialmente en el desgaste que precedió a la salida de 2021.

Y hubo un capítulo judicial: en 2016, un tribunal español condenó a padre e hijo por fraude fiscal vinculado a los derechos de imagen. Las penas de prisión quedaron en suspenso y se convirtieron en sanciones económicas.

Mencionarlo no empaña lo demás. Lo completa. Fue un hombre real, con aciertos enormes y errores serios, no una estatua.

El fútbol lo despide

Newell's Old Boys fue el primer club en pronunciarse. Lo recordó como hincha leproso y empresario, y destacó que apuntaló la carrera de su hijo con "visión, rigor y afecto" junto a Celia. La institución izó sus banderas a media asta.

Le siguieron la AFA —cuyo presidente, Claudio Tapia, subrayó que Jorge no solo trajo al mundo al mejor jugador, sino que crió a una persona de valores—, la Liga Profesional, la Conmebol, el Barcelona, la Selección Argentina, Rosario Central y el humilde Abanderado Grandoli.

Lo que pierde Lionel

Detrás de cada carrera extraordinaria suele haber una decisión invisible tomada por alguien que no sale en las fotos.

Lionel Messi pierde a su padre, sí. Pero también pierde al hombre que peleó por un tratamiento que nadie quería pagar, que se subió a un avión con un chico de trece años y ninguna certeza, que amenazó con irse cuando había que amenazar y que después pasó veinticinco años ocupándose de todo lo que su hijo no debía tener en la cabeza para poder jugar.

La última foto que Lionel publicó junto a él en Instagram es de junio de 2025: su cumpleaños número 38, abrazado a Jorge y a Celia, los tres sonriendo.

Hay una frase que en estos casos suena a lugar común, pero que aquí es literal: sin Jorge Messi, no habría existido Lionel Messi tal como el mundo lo conoce.