Lo que dice La Habana
La versión oficial cubana es breve y no ha variado desde enero.
El 3 de enero de 2026, durante la operación estadounidense que culminó con la captura de Nicolás Maduro y Cilia Flores en Caracas —principalmente en el complejo militar Fuerte Tiuna—, murieron 32 militares y agentes cubanos que integraban el dispositivo de seguridad personal del entonces mandatario venezolano.
Miguel Díaz-Canel explicó que "cumplían misiones en representación de las Fuerzas Armadas Revolucionarias y el Ministerio del Interior, a solicitud de órganos homólogos de ese país", y precisó que:
"murieron tras férrea resistencia, en combate directo contra los atacantes o como resultado de los bombardeos a las instalaciones."
El diario Granma publicó las identidades el 6 de enero y describió las muertes como ocurridas en medio de una "férrea resistencia" ante un "acto criminal de agresión y terrorismo de Estado".
El régimen decretó dos días de luto nacional y en junio inauguró un monumento en Caracas en su honor.
La hipótesis que publicó elTOQUE
Siete meses después, una investigación del medio independiente elTOQUE recoge una versión que cuestiona esa narrativa.
Según ese reporte, varios periodistas, activistas y fuentes cercanas al caso sostienen que algunos de esos cubanos no murieron a manos de las fuerzas estadounidenses, sino que habrían sido eliminados por agentes del propio régimen chavista.
Quiénes lo plantean
Dos nombres respaldan públicamente esa hipótesis, y ambos tienen credenciales relevantes.
Luis Carlos Díaz, periodista venezolano y defensor de derechos humanos, afirma que existen fuertes sospechas de que algunos agentes cubanos encargados de la seguridad de Maduro pudieron haber sido eliminados por agentes venezolanos durante la operación. Su formulación:
"Muy probablemente, fueron liquidados por agentes venezolanos."
Rafael Uzcátegui, sociólogo y director de Laboratorio de Paz, ha señalado públicamente que ha recibido información privada sobre posibles ejecuciones de funcionarios cubanos de seguridad que no habrían sido realizadas por tropas estadounidenses.
Ninguno de los dos ha presentado documentación pública que lo pruebe. Ambos lo plantean como sospecha fundada, no como hecho establecido.
La anomalía que nadie ha explicado
Y aquí está el elemento que alimenta la duda más que cualquier testimonio.
En un enfrentamiento armado convencional, la proporción entre muertos y heridos favorece siempre a los segundos. En cualquier combate real hay gente que cae herida, gente que resulta capturada, gente que sobrevive.
Del lado cubano no hubo ni un solo herido. Ni un solo superviviente. Ni un solo capturado.
Treinta y dos muertos. Cero de todo lo demás.
A eso se suma la composición del grupo. La lista oficial incluye dos coroneles, un teniente coronel, cuatro mayores y tres capitanes del MININT, pero también nueve soldados en reserva del MINFAR. Es decir, no todos eran operadores de élite en posiciones de combate.
Claves del caso
Que la totalidad de un contingente muera, incluidos los perfiles de menor rango y funciones de apoyo, sin que nadie resulte herido, es estadísticamente extraordinario.
Puede tener explicación. Pero nadie la ha dado.
Las cenizas: la prueba que ya no existe
Hay un detalle que conviene registrar, porque tiene consecuencias definitivas.
Doce días después de la operación, un avión aterrizó en La Habana con las urnas que contenían sus cenizas.
Los cuerpos fueron cremados.
Eso significa que no existe ya posibilidad alguna de examen forense. No hay autopsias que revisar, no hay trayectorias balísticas que analizar, no hay calibres que comparar.
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No afirmamos que la cremación se realizara con ese propósito. Es una práctica frecuente en repatriaciones y las familias tienen derecho a decidir. Pero el efecto es objetivo:
"cualquier verificación material sobre cómo murieron esos 32 hombres resulta hoy imposible."
Por qué la hipótesis no es descabellada
Para evaluar la plausibilidad de esta versión hay que entender qué hacían realmente los cubanos en Venezuela. Y no eran simples escoltas.
Una investigación de la agencia Reuters, publicada en 2019 y basada en documentos internos y entrevistas con funcionarios, reveló que en 2008 Cuba y Venezuela firmaron acuerdos confidenciales que otorgaban a La Habana acceso a las fuerzas armadas y agencias de inteligencia venezolanas.
Esos pactos permitían a militares cubanos entrenar tropas, asesorar en la reestructuración de los servicios de seguridad y —este es el punto decisivo— diseñar sistemas de vigilancia interna centrados en el control del propio ejército de Venezuela.
Léalo otra vez:
"parte del trabajo de los cubanos era vigilar a los militares venezolanos."
Kenneth Ramírez, presidente del Consejo Venezolano de Relaciones Internacionales, lo describió así: Cuba "mantiene los aparatos de inteligencia política y militar que han conjurado planes de la oposición para deponer a Maduro, como el fallido levantamiento del 30 de abril de 2019, y han evitado que se produzcan quiebres en las fuerzas armadas de Venezuela".
La lectura sobre La Habana
Exfuncionarios venezolanos han descrito además la presencia de asesores cubanos en el SEBIN, la DGCIM, el Ministerio de Defensa, los puertos y aeropuertos y el sistema nacional de identificación.
Con ese cuadro, los cubanos no eran aliados incómodos. Eran los guardianes que impedían que el ejército venezolano se quebrara.
El detalle que completa el rompecabezas
Y aquí está la pieza que conecta todo lo anterior con aquella madrugada.
Según fuentes de inteligencia citadas en la cobertura de la operación, la CIA contaba con informantes infiltrados dentro del círculo de seguridad presidencial, lo que permitió rastrear con precisión la ubicación de Maduro. La incursión, ejecutada por la unidad de élite Delta Force, incluyó drones de vigilancia y redes de informantes venezolanos.
Si había venezolanos colaborando desde dentro del anillo de seguridad, entonces había personas cuya principal amenaza no eran los estadounidenses, sino precisamente quienes tenían por función detectar traiciones: los cubanos.
Ese es el razonamiento que sostiene la hipótesis. No prueba nada. Pero explica por qué la pregunta se formula.
La negación que envejeció mal
Un apunte que retrata la opacidad de todo este asunto.
Durante años, el propio Maduro negó públicamente que su anillo de seguridad estuviera integrado por cubanos. En 2019, en una entrevista con la actual congresista María Elvira Salazar, tachó esa afirmación de "fábula" y de "mentira":
"Tenemos acuerdos de cooperación con Cuba, pero Venezuela es defendida por fuerzas militares venezolanas."
El 3 de enero de 2026, treinta y dos cadáveres cubanos desmintieron aquella frase.
Lo que NO se puede afirmar
Por rigor, hay que ser explícitos con los límites:
- No existen pruebas públicas concluyentes que confirmen la hipótesis de las ejecuciones venezolanas.
- Los testimonios provienen de fuentes privadas que no han sido divulgadas ni verificadas de forma independiente.
- La versión oficial cubana tampoco está documentada. La Habana no ha publicado informes forenses, ni partes de combate, ni ubicaciones exactas de los enfrentamientos.
- Estados Unidos no ha detallado públicamente el desarrollo del intercambio de fuego ni las bajas causadas.
En términos estrictos, ninguna de las dos versiones está probada. Lo que existe es una narrativa oficial sin respaldo documental y una hipótesis alternativa sin evidencia pública.
El silencio que alimenta la duda
Y ahí está lo más elocuente de todo el expediente.
El régimen cubano publicó los nombres, decretó luto nacional, inauguró un monumento y los presentó como héroes.
Pero no ha respondido a ninguna de estas hipótesis ni ha abierto investigación alguna sobre las circunstancias reales de las muertes.
Treinta y dos ciudadanos cubanos murieron en el extranjero, en una misión que su propio Gobierno no había reconocido públicamente hasta ese día. Y siete meses después, ese Gobierno no ha considerado necesario averiguar exactamente cómo murieron.
Solo una investigación independiente podría determinar qué ocurrió aquella madrugada en Fuerte Tiuna. Con los cuerpos cremados y ambos gobiernos en silencio, es difícil imaginar quién podría llevarla a cabo.
La pregunta sigue abierta:
"¿murieron los 32 enfrentándose a las fuerzas estadounidenses, como sostiene La Habana, o algunos fueron abatidos por quienes hasta esa madrugada eran sus aliados?"
Desde Noticuba seguiremos este caso.





