"Son casos distintos": Respuesta de Rubio a si habrá en Cuba una operación como la de Venezuela

Autor: NotiCuba

El secretario de Estado evitó confirmar o descartar una operación militar contra La Habana. Rubio explicó que en Venezuela "había un individuo que no era jefe de Estado". Ese detalle jurídico es la clave, y explica más que cualquier especulación.

Dónde surgió la pregunta

El secretario de Estado Marco Rubio viajó a Colombia para reunirse en Barranquilla con el presidente Abelardo De La Espriella, en una agenda centrada en Venezuela, la frontera común, el ELN y la incorporación colombiana al Escudo de las Américas.

Durante esa visita concedió una entrevista a Caracol Radio, donde la periodista Grace Acosta le formuló la pregunta que buena parte del exilio cubano lleva meses haciéndose:

"¿En Cuba habrá una operación similar como la que hubo en Venezuela?"

Desde allí, Rubio partió hacia Ecuador para reunirse con Daniel Noboa.

La respuesta exacta

Su contestación fue breve y, al mismo tiempo, más reveladora de lo que parece.

Empezó marcando distancia: 

"El caso cubano y el venezolano son distintos."

Y explicó por qué: 

"En el caso de Venezuela era muy específico, había un individuo que no era jefe de Estado."

Sobre la situación de la isla, añadió: 

"Un caso trágico, un caso muy lamentable, pero toda la culpa le corresponde al régimen. En Cuba ha sido un desastre humanitario por casi 15 años, pero en el último año más por una razón: no pueden robar el petróleo de Venezuela así."

Y se negó a entrar en detalles sobre posibles operaciones.

La distinción jurídica que lo explica todo

Aquí está el elemento más importante de la respuesta, y casi nadie lo está destacando.

Cuando Rubio dice que en Venezuela "había un individuo que no era jefe de Estado", no está haciendo un comentario político. Está describiendo el fundamento legal de la operación del 3 de enero.

Washington no reconocía a Nicolás Maduro como presidente legítimo de Venezuela. Y lo tenía imputado por la justicia estadounidense como fugitivo vinculado al narcotráfico, con recompensa por su captura.

Bajo esa interpretación, la operación no fue formalmente un ataque contra un Estado soberano. Fue la detención de un prófugo de la justicia estadounidense que se encontraba en territorio extranjero.

Ese encuadre resolvía —al menos en la lectura de Washington— el problema jurídico que plantea la Carta de Naciones Unidas sobre el uso de la fuerza.

En Cuba ese marco no existe de la misma manera.

Estados Unidos mantiene relaciones diplomáticas con Cuba. Tiene embajada en La Habana. Su encargado de negocios, Mike Hammer, se reúne con funcionarios cubanos. Y reconoce a Miguel Díaz-Canel como jefe de Estado, aunque cuestione la legitimidad democrática de su designación.

Existe una imputación federal contra Raúl Castro por el derribo de las avionetas de Hermanos al Rescate en 1996. Pero Raúl Castro no ocupa hoy ningún cargo formal de Estado, y su captura tampoco produciría automáticamente un relevo institucional.

Traducido: la fórmula venezolana no es directamente replicable en Cuba, y Rubio lo está admitiendo sin decirlo con esas palabras.

Lo que NO dijo

Y aquí está la otra mitad de la noticia, que conviene no perder de vista.

Rubio no descartó una operación militar. Se limitó a señalar que los casos son distintos y a negarse a revelar información sobre posibles escenarios operativos.

Conviene ser precisos con lo que eso significa. En asuntos de seguridad nacional, Washington nunca confirma públicamente planes militares, despliegues, misiones de inteligencia o acciones encubiertas. El silencio es la norma, no una señal.

Por tanto: su reserva no demuestra que exista una operación en preparación, pero tampoco permite afirmar que la opción haya sido eliminada.

No dijo que sí. Tampoco dijo que no.

Su explicación de la crisis cubana

La parte más sustantiva de la respuesta fue su diagnóstico del colapso energético, y merece examinarse con cuidado.

Claves del caso

Rubio atribuyó el agravamiento del último año a un hecho concreto: que Cuba ya no puede acceder al petróleo venezolano.

Y fue más allá: sostuvo que ese crudo, entregado por Maduro, no llegaba a la ciudadanía cubana, sino que el propio régimen lo vendía para —en sus palabras— "meterse esa plata en el bolsillo".

Es una acusación de peso. Y tiene respaldo documental: durante años se ha reportado que Cuba reexportaba parte del crudo venezolano subsidiado que recibía bajo los acuerdos energéticos firmados a partir del año 2000.

Lo verificable y lo que se omite

Por rigor conviene separar las dos partes de esa afirmación.

Lo que es cierto: el flujo de petróleo venezolano hacia Cuba se cortó tras la captura de Maduro el 3 de enero. Ese subsidio, que durante dos décadas sostuvo el sistema energético cubano, desapareció. Es un factor determinante y verificable.

Lo que se omite: ese no fue el único cambio. Washington también impuso un bloqueo petrolero desde enero, interceptó buques cisterna con destino a la isla —incluidos cargamentos de la mexicana Pemex— y ha aplicado más de 240 sanciones.

Las dos cosas ocurrieron a la vez. Atribuir el colapso solo a la pérdida del subsidio venezolano es tan incompleto como atribuirlo solo al bloqueo, que es lo que hace La Habana.

Y hay un tercer factor que ninguno de los dos gobiernos menciona: el parque termoeléctrico cubano fue construido en los años setenta y ochenta y arrastra décadas sin inversión de reposición. Eso no lo explica ni el bloqueo de 2026 ni la caída de Maduro.

Cómo encaja con lo que ya había dicho

Esta respuesta no es una novedad. Es coherente con una línea que Rubio viene sosteniendo.

El 22 de julio, preguntado directamente si el objetivo seguía siendo un cambio de régimen por colapso económico o si la intervención militar continuaba sobre la mesa, evitó comprometerse con un plazo. Dijo que Washington estaba dispuesto a ser "muy realista" y "paciente", y subrayó que nunca había establecido un calendario.

El 11 de agosto, en el podcast Katie Miller Pod, afirmó que Cuba estará en una "senda irreversible" antes de que termine la administración, pero advirtió que hará falta una transición, y citó a Polonia como modelo: un proceso de tres a cinco años.

La lectura sobre Respuesta de Rubio

Y en el comunicado tras su reunión con Canadá, el Departamento de Estado exigió reformas "inmediatas, significativas e irreversibles".

El patrón es claro: Rubio enfría los plazos y evita los compromisos operativos.

El patrón Rubio–Hegseth

Conviene poner esta declaración junto a la del otro protagonista de esta política.

El 13 de agosto, desde Panamá, el secretario de Guerra Pete Hegseth afirmó que "todas las opciones están sobre la mesa, incluidas las militares" y que Cuba está "sobre aviso". Al día siguiente, desde el USS Gridley, exigió que Cuba coopere "lo quiera o no".

Dos días después, reportes de Bloomberg indicaron que la administración habría decidido postergar un posible despliegue militar para concentrarse en sanciones y presión económica.

El reparto de papeles es evidente: el jefe militar calienta, el jefe de la diplomacia enfría. Puede ser una estrategia coordinada de presión, o puede reflejar evaluaciones distintas dentro del propio Gobierno. Ambas lecturas son posibles.

Lo que no puede hacerse es tomar solo una de las dos declaraciones y presentarla como la política estadounidense completa.

La pregunta que queda sin respuesta

Si Venezuela no es replicable, la pregunta obvia es cuál es entonces el plan para Cuba.

Rubio no lo dijo en Colombia. Lo que ha dicho antes es: una transición de años, con Polonia como referencia, condicionada a reformas irreversibles que toquen el sistema de gobierno.

Pero La Habana ya rechazó esas condiciones. Díaz-Canel ha repetido que los cambios no conducirán al capitalismo, que los principales medios de producción seguirán bajo control estatal y que no habrá privatizaciones en sectores estratégicos. Y el propio Bruno Rodríguez confirmó esta semana que "no ha habido, ni hay, negociaciones, ni agendas ni hojas de ruta".

Es decir: se descarta la vía rápida y la vía lenta está bloqueada.

El precedente venezolano como advertencia

Y conviene cerrar con una observación que quizás sea la más útil para quien espera un desenlace.

En Venezuela sí hubo operación. Capturaron a Maduro el 3 de enero.

Ocho meses después, quien firma acuerdos petroleros de veinticinco años con Trump es Delcy Rodríguez, su propia vicepresidenta, integrante del mismo aparato político. Sin elecciones. Sin juicios. Sin desmontar la estructura de seguridad.

Es decir: incluso cuando la fórmula se aplica, el resultado no es automáticamente la libertad.

Esa es quizás la lección más importante de toda esta conversación, y la que menos se dice en voz alta.

Desde Noticuba seguiremos informando.