El día 66
Guillermo del Sol Pérez lleva desde el 19 de junio de 2026 sin ingerir alimentos sólidos.
Mantiene la protesta en su propia vivienda de Santa Clara, provincia de Villa Clara. Solo ha tomado agua durante todo este tiempo, y en las últimas semanas ni siquiera eso le resulta fácil.
Su hijo, Adrián del Sol Alfonso, lo describió con crudeza: "Tomar agua se le hace muy engorroso debido a que está prácticamente seco muscularmente".
Ha perdido más de 30 libras.
Qué está pidiendo exactamente
La demanda es concreta y no ha variado: la liberación de 18 presos políticos y de conciencia, la mayoría de ellos residentes en Villa Clara.
El detonante inmediato fue el caso de Leonel Tristá García, manifestante del 11 de julio de 2021 condenado a ocho años. Había sido excarcelado bajo licencia extrapenal, pero en junio de 2026 el régimen le revocó ese beneficio y lo devolvió a la prisión de Guamajal para que cumpliera el resto de la condena.
Hay además un antecedente que suele omitirse: la huelga estuvo precedida por la detención arbitraria del propio Del Sol por agentes de la Seguridad del Estado, que lo acusaron de robar una motorina de la que posee toda la documentación legal.
De los 18 reclamados, uno ya fue excarcelado: el joven Jonathan David Muir Burgos, de 16 años. Quedan 17.
Del Sol sostiene que no levantará la protesta hasta que todos estén libres.
Los nombres por los que ayuna
Conviene decirlos, porque son el motivo de todo esto:
Mayelín Rodríguez Prado, condenada a 15 años por transmitir en Facebook las protestas de Nuevitas en 2022. Donaida Pérez Paseiro. Saylí Navarro Álvarez. Félix Navarro Rodríguez. José Gabriel Barrenechea Chávez. Lizandra Góngora Espinoza. María Cristina Garrido Rodríguez. Los hermanos Jorge y Nadir Martín Perdomo. Y el propio Leonel Tristá García.
Según denunció Justicia 11J en abril de 2026, hay 775 presos políticos en Cuba, 338 de ellos vinculados a las protestas del 11J.
El estado de salud: los datos
Del Sol padece diabetes tipo 2, hipertensión severa, asma crónica, cardiopatía y antecedentes de trombosis. Cada una agrava por separado los efectos de un ayuno prolongado. Juntas, componen un cuadro que los médicos que lo atienden describen como emergencia.
El deterioro documentado en las últimas semanas incluye:
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Deshidratación severa y dificultad para ingerir líquidos
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Episodios de hipotensión alternados con presión arterial elevada
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Temblores y debilidad extrema
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Glicemia en niveles peligrosamente bajos
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Confusión al hablar
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Dolor renal y dificultad para orinar
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Períodos de sueño prolongado del que cuesta despertarlo
El médico cubano Eduardo Enrique Herrera Durán calificó el cuadro como una emergencia médica que requiere supervisión especializada.
Su hijo lo dijo sin rodeos: "su cuerpo puede colapsar en cualquier momento".
El hospital que lo mandó de vuelta a casa
Hay un episodio que retrata mejor que ningún análisis la situación real.
Alrededor del día 53, Del Sol perdió el conocimiento en su domicilio y fue trasladado de urgencia al Hospital Arnaldo Milián Castro de Santa Clara.
Según relató su hijo, llegó con una glicemia de 3 y una presión arterial descompensada. Lo que recibió, según el mismo testimonio: dos frascos de cloruro de sodio. Le tomaron la presión y la glicemia. Nada más.
"No le hicieron gasometría, no le hicieron más otra prueba", denunció Adrián. Y añadió lo más grave: "La doctora le dijo que no tenía criterio de ingreso. Un hombre que lleva 53 días plantado en la huelga".
Lo dieron de alta a las pocas horas.
Claves del caso
Esa misma tarde, en una transmisión en directo desde su casa y con un hilo de voz, Del Sol resumió lo ocurrido con una frase que se ha quedado circulando: "el huelguista, para ir a un hospital, tiene que estar muerto; si no, es por gusto".
No es la primera vez. En 2019, tras desmayarse con una presión de 160/100, fue llevado al mismo hospital y agentes del Gobierno lo expulsaron del centro, lo devolvieron a su casa y le confiscaron los teléfonos a él y a su hijo.
Quién es Guillermo del Sol
Nació en 1965. Es predicador, periodista independiente y dirige una pequeña agencia de prensa en el centro de la isla. Integra la plataforma Cuba Decide. Según el archivo Memory of Nations, ha protagonizado al menos 14 huelgas de hambre desde los años noventa.
La más larga hasta ahora fue la de agosto de 2019: 55 días, contra la política de "regulados" que impedía salir del país a 150 disidentes. La inició porque a su propio hijo le prohibieron viajar; a los tres o cuatro días le levantaron la restricción a Adrián, y él decidió extender el reclamo a todos los demás.
Esta huelga ya superó aquella marca.
Rosa María Payá, de Cuba Decide y miembro de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, lo definió como "un pilar para los presos políticos y sus familias en Villa Clara".
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La cifra que eligió a propósito
Un detalle revela cómo piensa este hombre. Del Sol eligió el número 18 de forma deliberada, porque —según sus propias palabras— sabía que el régimen no concedería la libertad de todos.
Planteó una demanda que sabía irrealizable de un golpe, para no dejar margen a una concesión simbólica que desactivara la protesta.
"No me quiero morir"
Al cumplir 49 días, Guillermo del Sol dijo cuatro palabras que conviene no olvidar: "No me quiero morir".
Ese matiz importa. No estamos ante alguien que busque el martirio.
Y por eso hay que consignar también lo siguiente: su familia, otros opositores y hermanos de religión que lo visitan le han pedido reiteradamente que abandone la protesta para preservar su vida.
Cubalex ha sido igual de explícita: las huelgas de hambre "son una medida extrema de protesta frente a violaciones de derechos humanos y pueden provocar daños irreversibles e incluso la muerte".
Nadie que lo quiere está celebrando esto.
El silencio del régimen
Sesenta y seis días después, el Gobierno cubano no ha respondido a ninguna de las demandas. Agentes de la Seguridad del Estado acudieron a su vivienda, pero no ofrecieron respuesta concreta sobre los prisioneros de su petición. La reacción oficial ha sido, en palabras de una crónica publicada en la isla, silencio y vigilancia.
Cubalex subrayó el punto jurídico: la falta de una respuesta oportuna y efectiva de las autoridades incrementa el riesgo, y el Estado tiene obligación de proteger la vida e integridad de las personas bajo su jurisdicción.
¿De verdad el mundo calla?
Conviene ser precisos, porque la respuesta honesta es más incómoda que un simple "nadie dice nada".
La lectura sobre Guillermo del Sol
Sí ha habido pronunciamientos. Cubalex ha documentado el caso. La Fundación Nacional Cubano Americana calificó su estado de "extremadamente delicado". El Consejo para la Transición Democrática en Cuba exigió al régimen actuar de inmediato y advirtió que Del Sol "no puede convertirse en otro mártir de la represión política en Cuba". El Centro de Denuncias Defensa CD presentó ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos una solicitud de medidas cautelares urgentes para proteger su vida. Y la prensa independiente cubana lleva dos meses informando sin descanso.
Lo que falta es otra cosa. Faltan los grandes medios internacionales. Faltan pronunciamientos de gobiernos. Faltan las declaraciones específicas de las organizaciones internacionales de mayor peso, que sí han visibilizado a algunos de los presos por los que él ayuna, pero no a él.
Su hijo pidió expresamente al presidente Donald Trump que presione al régimen, y reclamó mayor movilización de la comunidad internacional.
Esa es la ausencia real: no la del exilio ni la de las ONG cubanas, sino la del mundo que puede llamar por teléfono a La Habana.
Los dos precedentes que lo explican todo
La historia reciente de Cuba ofrece dos desenlaces posibles, y ambos vienen de la misma provincia.
Orlando Zapata Tamayo murió en 2010 tras 85 días en huelga de hambre.
Su muerte desencadenó la huelga de Guillermo Fariñas, también en Santa Clara, que se prolongó más de cuatro meses y terminó cuando el Gobierno se comprometió a excarcelar gradualmente a 52 presos del Grupo de los 75.
Aquella vez funcionó. Pero conviene entender por qué: no fue el ayuno por sí solo. Fue el ayuno más la presión internacional, la mediación de la Iglesia católica y la diplomacia española. El propio Fariñas lo dijo al levantarla, agradeciendo a quienes en el mundo fueron "mi escudo protector contra las maniobras represivas".
Ese escudo es exactamente lo que hoy no existe.
Lo que está en juego
Guillermo del Sol tiene 60 años, cinco enfermedades crónicas y 66 días sin comer. Superó su propia marca histórica hace más de una semana. Presenta confusión al hablar y ya no puede beber con normalidad.
Del otro lado hay un Gobierno que ha decidido no responder, y una comunidad internacional que todavía no ha mirado.
Entre esas dos cosas hay un hombre que dijo que no quiere morirse, pero que tampoco piensa levantarse.
Desde Noticuba seguiremos informando sobre este caso y sobre los 17 presos políticos por los que ayuna.





