Vuelos militares de EE.UU. cerca de Cuba: Washington quiere que el régimen los vea

Autor: NotiCuba

Vuelos visibles en radares civiles

Cualquiera con conexión a internet y un poco de paciencia puede entrar a FlightRadar24, escribir "Cuba" en el buscador y ver, cómo un avión militar estadounidense traza círculos a 40 millas de la costa cubana. En términos de inteligencia, eso es absurdo. La inteligencia, no se exhibe: se oculta. Salvo cuando el objetivo del vuelo es, precisamente, ser visto.

¿Qué está pasando?

Este miércoles un reportaje publicado en The New York Times, firmado por Frances Robles, Eric Schmitt y Julian E. Barnes, recogió declaraciones de funcionarios estadounidenses bajo condición de anonimato, de exmiembros de la CIA y la Agencia de Inteligencia de Defensa. Todos coinciden en lo mismo: los vuelos que estamos viendo cerca de Cuba no son rutinarios son una declaración política. Una advertencia y, posiblemente, el preludio de algo más.

El detalle que lo cambia todo

Las operaciones de inteligencia militar suelen ser invisibles. Los aviones espía vuelan con el transpondedor apagado, sin emitir señal pública, sin dejar rastro en los sistemas de rastreo abiertos como FlightRadar24 o ADS-B Exchange. Es lógico que si quieres recolectar información sin que te detecten, no anuncias tu presencia.

Los vuelos que Estados Unidos está realizando alrededor de Cuba desde el 4 de febrero hacen exactamente lo contrario. Llevan el transpondedor encendido. Aparecen identificados con sus matrículas reales en los radares civiles, trazan patrones de vigilancia que cualquiera puede seguir desde su teléfono.

Esto fue explicado por José Adán Gutiérrez, exoficial de la Marina estadounidense especializado en inteligencia, en declaraciones al NYT: la visibilidad de estos vuelos "esencialmente comunica un mensaje", porque las operaciones de inteligencia, en condiciones normales, "ocurren sin activar los radares ni anunciar su presencia".  Si los están viendo, es porque Washington quiere que los vean. Y dentro de "quien los ve" está, en primer lugar, el régimen cubano.

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"Esto no se ha visto nunca, ni en la Guerra Fría"

Las voces más interesantes del reportaje son las de dos hombres que se pasaron décadas analizando a Cuba desde dentro de la inteligencia norteamericana.

Brian Latell, exanalista de la CIA especializado en Cuba durante más de 35 años (empezó a rastrear a Fidel Castro en 1964 y es autor del libro Castro's Secrets), fue tajante con el NYT: no recuerda haber visto una oleada de vuelos de reconocimiento de esta magnitud cerca de la isla ni siquiera durante la Guerra Fría. Para alguien que vivió la Crisis de los Misiles y todas las operaciones encubiertas posteriores, esa afirmación pesa.

Según Latell, los vuelos podrían tener un doble propósito: recopilar información sobre posibles puntos de desembarco y, al mismo tiempo, ejercer una presión psicológica calibrada sobre el régimen.

Chris Simmons, exoficial de contrainteligencia para Cuba de la Agencia de Inteligencia de Defensa (DIA) entre 1996 y 2004, fue más directo todavía: "Es una demostración de fuerza más que cualquier otra cosa". Simmons subrayó: Estados Unidos no necesita exponer así sus aviones para vigilar a un país con capacidades militares limitadas como Cuba. Los satélites lo hacen mejor y sin riesgos. Si están volando aviones tripulados visibles, es porque el objetivo no es solo recopilar información. Es enviar un recado. Y agregó una advertencia que el régimen cubano debería tomar muy en serio: Trump, "tiende a cumplir sus amenazas".

Lo que dice una exsubdirectora de inteligencia de Defensa

Otra voz que aparece en el reportaje es la de Renee Novakoff, exsubdirectora de la Agencia de Inteligencia de Defensa y actualmente investigadora en la Florida International University expresó: lo que estamos viendo es "inusual", y la palabra clave aquí es "significativo".

Claves del caso

¿Por qué? Porque históricamente Estados Unidos ha hecho muy pocos vuelos de vigilancia visible cerca de Cuba, a pesar de décadas de relaciones tensas. La excepción se vuelve la regla. Y eso no se explica con rutina.

Un funcionario militar citado por el NYT lo puso en otros términos: estos vuelos buscan darles a los líderes políticos y militares estadounidenses "una visión más amplia de lo que ocurre en Cuba en un momento crítico". Aunque las mismas fuentes aclaran que las operaciones no implican necesariamente una acción militar inminente, sí confirman que el Pentágono ha sido instruido para prepararse para posibles operaciones contra la isla.

El patrón que se repite: Venezuela primero, Irán después, ¿Cuba ahora?

Aquí es donde la historia se pone realmente seria. Porque el incremento de vuelos visibles de inteligencia no es la primera vez que ocurre. Y los dos antecedentes recientes terminaron en operaciones militares directas.

Antecedente 1: Venezuela. Entre septiembre de 2025 y enero de 2026, Washington intensificó los vuelos de vigilancia visibles cerca de las costas venezolanas. Aviones P-8A Poseidon, RC-135V Rivet Joint y drones MQ-4C Triton aparecieron de forma consistente en los radares civiles. El proceso culminó el 3 de enero de 2026 con la captura de Nicolás Maduro por parte de fuerzas especiales estadounidenses en su propio recinto en Caracas.

Antecedente 2: Irán. Un patrón idéntico se desarrolló sobre la costa sur iraní en las semanas previas al ataque conjunto estadounidense-israelí contra instalaciones nucleares iraníes. Los mismos modelos de aviones (Poseidon, Rivet Joint, Triton) realizaron operaciones de vigilancia visible. Después vinieron los misiles.

Ahora Cuba. Los mismos aviones, los mismos patrones, la misma visibilidad calculada. La pregunta que se hacen los analistas no es si Washington está enviando un mensaje. Es qué viene después de ese mensaje.

En tres meses 25 vuelos, algunos a 40 millas de la costa

Un análisis de CNN basado en datos públicos de FlightRadar24 contabilizó al menos 25 vuelos militares estadounidenses de vigilancia cerca de las costas cubanas desde el 4 de febrero. Algunos pasaron a apenas 40 millas de la isla. La mayoría  cerca de las dos ciudades más grandes: La Habana y Santiago de Cuba.

El desglose por tipo de avión es revelador:

  • P-8A Poseidon: avión de patrulla marítima especializado en vigilancia y reconocimiento, capaz de detectar submarinos y rastrear movimientos navales.

  • RC-135V Rivet Joint: avión de inteligencia electrónica que intercepta comunicaciones y señales.

  • MQ-4C Triton: dron de gran altitud (vuela a más de 50.000 pies) especializado en inteligencia marítima de largo alcance.

Todas estas aeronaves pertenecen a la Operación Southern Spear, una iniciativa del Comando Sur estadounidense que también ha estado activa en los conflictos de Ucrania, la Península de Corea y la frontera occidental rusa.

Este jueves, coincidiendo con el aterrizaje del avión que llevó al director de la CIA John Ratcliffe a La Habana, se sumó otro elemento: un caza F-5N Tiger II de la Marina estadounidense (identificado como CESSNA9) sobrevoló la capital cubana a 906 kilómetros por hora, sin origen ni destino registrados. Los analistas militares consideran que estaba escoltando el vuelo presidencial.

La reacción del régimen: entre la denuncia y la negociación

La respuesta de La Habana ha sido la habitual: indignación pública, negociación privada.

La lectura sobre The New York Times

Carlos Fernández de Cossío, viceministro de Relaciones Exteriores de Cuba, escribió en X que "el esfuerzo visible para normalizar las amenazas de agresión militar estadounidense contra Cuba es parte de una estrategia comunicacional fríamente calculada", y advirtió que los participantes podrían convertirse en "cómplices de un eventual baño de sangre".

Pero al mismo tiempo, el propio régimen ha admitido que mantiene negociaciones privadas con Washington y que "se ha avanzado poco". Esa frase, en boca de un gobierno que durante seis décadas ha repetido que no negocia bajo presión, dice más de lo que parece.

Mientras tanto, Trump ha mantenido el tono. El 27 de marzo de este año declaró públicamente que "Cuba es el siguiente". El 2 de mayo afirmó que Estados Unidos podría "tomar Cuba casi inmediatamente". Y el 12 de mayo, dos días antes del aterrizaje de Ratcliffe en La Habana, escribió en Truth Social: "Cuba pide ayuda, ¡y vamos a hablar!".

El contexto cubano: un país sin combustible y al borde del colapso

Todo esto ocurre en un momento en que el régimen castrista atraviesa la peor crisis energética de su historia. Las reservas de petróleo están "prácticamente agotadas", según admitió el propio régimen.

Los apagones, alcanzan en algunas provincias hasta 30 horas continuas. La administración Trump ha cortado efectivamente todos los envíos de petróleo a Cuba desde principios de enero, cuando se ejecutó la operación contra Maduro en Venezuela. Solo una donación rusa de finales de marzo dio respiro, pero ya se consumió.

Las protestas han empezado a reaparecer en La Habana, el éxodo migratorio no se detiene. El régimen, atrapado entre las sanciones, el apagón energético y la presión militar no tiene muchas opciones encima de la mesa.

¿Qué viene ahora?

La gran pregunta no es si Washington está enviando un mensaje. Eso ya está claro. La pregunta es ¿qué pasa si el régimen no responde a ese mensaje?

Trump ha dicho que van a centrarse primero en Irán. Pero ha sugerido, en varias ocasiones que Cuba podría ser el siguiente objetivo. La Casa Blanca ha calificado al gobierno cubano como "una amenaza inusual y extraordinaria". Y Ratcliffe, el mismo hombre que viajó a Caracas antes de la caída de Maduro, acaba de aterrizar en La Habana con un ultimátum bajo el brazo.

Los exespías que hablaron con el NYT no se atreven a pronosticar lo que vendrá. Pero sí coinciden en algo: Washington está jugando una partida que no se había visto en seis décadas. Y los aviones que pasan a 40 millas de Cuba con el transpondedor encendido no están ahí por casualidad. Lo están porque Washington quiere que el régimen los vea. Y porque quiere que el régimen entienda lo que esa visibilidad significa.