El secretario de Estado de Estados Unidos Marco Rubio, fue terminante al hablar de Cuba durante una entrevista con Sean Hannity a bordo del Air Force One rumbo a China. Cubanoamericano, hijo de exiliados, conocedor del régimen como pocos en Washington, soltó una valoración que para muchos cubanos sonó a sentencia oficial:
"Es una economía rota, no funcional, e imposible de cambiar. Ojalá fuera diferente. Pero creo —es mi opinión personal— que no se puede cambiar la trayectoria económica de Cuba mientras la gente que está al mando ahora siga al mando. Eso es lo que va a tener que cambiar, porque esta gente ha demostrado ser incompetente."
Y remató con frialdad quirúrgica:
"Les daremos una oportunidad. Pero no creo que vaya a ocurrir. No creo que vayamos a poder cambiar la trayectoria de Cuba mientras esta gente siga al mando de ese régimen."
Lo que está diciendo es que el problema de Cuba no son las sanciones, ni el embargo, ni la posición de Estados Unidos. El problema de Cuba son los que mandan en Cuba. Y mientras ellos sigan ahí, no hay reforma, no hay rescate, no hay milagro posible.
Cuba no es un país pobre
Una de las cosas más interesantes del análisis de Rubio fue desmontar uno de los pilares discursivos del castrismo: la idea de que Cuba está pobre porque no tiene recursos. El secretario de Estado dejó claro que Cuba no tiene ninguna razón estructural para ser un país empobrecido.
Citó tres datos que valen más que cualquier debate ideológico:
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Cuba tiene depósitos minerales de altísima calidad, incluyendo algunas de las reservas de tierras raras de mejor calidad del mundo. Materias primas estratégicas que países como Australia o Chile aprovechan para multiplicar su PIB.
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Cuba tiene una oportunidad turística excepcional: playas, clima, geografía, historia, una posición geográfica privilegiada a 145 kilómetros de Florida.
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Cuba tiene tierras agrícolas extraordinariamente fértiles, las mismas que durante siglos hicieron de la isla uno de los grandes productores azucareros del mundo.
La sentencia de Rubio fue contundente:
"Cuba no debería ser un país pobre. Su gente no debería estar pasando hambre. Deberían estar prosperando."
Y el remate, que el régimen va a tener difícil contestar:
"Los cubanos se van de Cuba, se mudan a otros países, y triunfan. Los cubanos tienen éxito en todas partes del mundo excepto en un lugar: Cuba. Queremos cambiar eso. No queremos que los cubanos tengan que dejar la isla para tener éxito. Pero no pueden, porque el modelo actual está roto."
Es difícil contestar eso desde La Habana sin admitir lo evidente que el problema no es el bloqueo, ni los recursos, ni el clima, ni la geografía. El problema es el modelo. Y el modelo lo administra el Partido Comunista de Cuba desde 1959.
GAESA: 16.000 millones de dólares mientras la gente come basura
El golpe más fuerte de la entrevista fue numérico. Rubio puso sobre la mesa un dato que pinta de cuerpo entero el sistema cubano, y que probablemente sea la frase más demoledora de toda la conversación:
"Este es un país donde la gente literalmente come basura de las calles, mientras esta empresa acumula 16.000 millones de dólares."
La empresa a la que se refiere es GAESA. Las siglas significan Grupo de Administración Empresarial S.A., un conglomerado militar que controla entre el 40% y el 70% de la economía formal cubana, según estimaciones de analistas independientes.
GAESA opera de todo: la cadena de hoteles Gaviota, zonas turísticas, comercios, remesas, importaciones, exportaciones de níquel, tabaco, alimentos. Maneja la Zona Especial de Desarrollo Mariel. Controla el sistema portuario. Controla el sistema de remesas. Controla las tiendas en divisa donde la población hace fila para comprar comida básica a precios disparados.
Ese conglomerado, acumula 16.000 millones de dólares en activos. Mientras tanto, las personas en La Habana, revuelven en la basura para encontrar comida.
Eso no es ineficiencia, eso es la Cleptocracia organizada. Y lo dirige una élite militar uniformada que se autopresenta como representante del proletariado.
Rubio fue claro al respecto:
"La riqueza en Cuba está controlada por una empresa propiedad de generales del Ejército que se embolsan todo el dinero. La gente literalmente come restos de las calles, mientras esta empresa atesora 16.000 millones de dólares."
Las sanciones contra GAESA
Una semana antes de la entrevista, el secretario de Estado había anunciado sanciones directas contra GAESA, contra su directora ejecutiva, la general de brigada Ania Guillermina Lastres Morera, y contra la compañía Moa Nickel S.A.. En este anuncio, Rubio definió al conglomerado militar con una frase que el régimen no ha podido refutar: lo llamó "el corazón del sistema comunista cleptocrático cubano".
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Las sanciones no quedan ahí. Las empresas extranjeras con vínculos a GAESA tienen plazo hasta el 5 de junio de 2026 para cortar todas sus operaciones con el conglomerado o enfrentarse a sanciones secundarias bajo la Orden Ejecutiva 14404, firmada por Trump el 1 de mayo. El cerco se cierra. Y se cierra con plazos.
El mensaje a los cubanos: hay 100 millones esperando
Rubio envió su mensaje directo al pueblo cubano. Lo dijo en español, dirigido específicamente a la audiencia hispanohablante:
"Es crucial que el pueblo cubano sepa que hay más de 100 millones de dólares en alimentos, medicinas y ayuda humanitaria listos por parte de Estados Unidos. El régimen está bloqueando su distribución dentro de la isla."
El Departamento de Estado la formalizó el miércoles 13 de mayo mediante un comunicado oficial. Y lo más interesante es la fórmula de entrega: la ayuda no pasaría por las manos del régimen. Se canalizaría a través de la Iglesia Católica cubana y de organizaciones no gubernamentales independientes, justamente para evitar que el dinero termine, como históricamente ha ocurrido, en las cuentas de GAESA o en las arcas del Partido Comunista.
La respuesta del canciller cubano Bruno Rodríguez Parrilla, conocida desde el principio, fue calificar la oferta como una "fábula" y una "mentira". Dos días después, sin embargo, anunció que Cuba estaba "dispuesta a considerar" la propuesta. El cambio de postura en 48 horas ya lo dice todo.
La acusación más dura: "Son terroristas e incompetentes"
Rubio fue todavía más allá en su valoración del régimen. Le preguntaron si Estados Unidos quería un cambio de gobierno en Cuba. Su respuesta:
"Creo que cualquier administración querría ver una situación diferente. Fue un desastre. Es un desastre. No es solo porque sean marxistas y terroristas. Son incompetentes. Son gente incompetente que destruyó ese país."
Esa frase pinta de cuerpo entero el diagnóstico que la administración Trump tiene sobre el régimen castrista.
"Estado fallido a 90 millas de nuestra costa"
La frase con la que Rubio cerró sus declaraciones ha sido también ampliamente comentada. Definió a Cuba como un "estado fallido" y un "amenaza para Estados Unidos":
"Lo que está pasando en Cuba es inaceptable. Y tener un estado fallido a 90 millas de nuestra costa es una amenaza para Estados Unidos. Es un estado que no está funcionando, peor que nunca, con un régimen que no solo no permite actividad política abierta sino que además está destruyendo económicamente las vidas de los cubanos."
Esa caracterización —"estado fallido"— es la misma que Díaz-Canel intentó rechazar en su entrevista del Primero de Mayo, cuando aseguró que "un estado fallido no tiene este apoyo". La realidad, dos semanas después, es esta: el secretario de Estado de la primera potencia mundial califica a Cuba como estado fallido, en un momento en que La Habana lleva cuatro noches seguidas de protestas, los apagones superan las 22 horas y la economía se contrae al peor ritmo de América Latina.
La pregunta ya no es si Cuba es un estado fallido. La pregunta es cuántas horas más puede seguir el régimen sosteniendo la ficción de que no lo es.
La predicción que pone en alerta a La Habana
Durante la entrevista con Hannity, ante una pregunta del periodista sobre cuánto tiempo podría sostenerse el régimen, Rubio sugirió que el cambio podría ocurrir "dentro de un año".
Una predicción hecha por el segundo hombre más importante de la diplomacia estadounidense sobre el régimen castrista. No es una afirmación a la ligera. Es un cálculo basado en variables que Washington tiene sobre la mesa: la trayectoria económica, la falta de combustible, las protestas crecientes, el envejecimiento de la cúpula, la presión de las sanciones, el aislamiento internacional, la incapacidad del régimen de garantizar incluso las condiciones materiales más básicas para su población. Doce meses. Eso es lo que, según Rubio, podría quedarle al modelo.
Lo que viene
El mensaje de Rubio es en términos prácticos, el mensaje oficial de la administración Trump hacia Cuba: no habrá rescate económico mientras la cúpula del régimen siga en el poder. La economía cubana es irreformable bajo este liderazgo. Las inversiones no van a llegar. El levantamiento del embargo no está sobre la mesa. La salida de la lista de Estados patrocinadores del terrorismo no se contempla.
La pregunta que muchos cubanos se hacen, dentro y fuera de la isla, es esta: si el segundo hombre más importante del gobierno estadounidense ya lo dijo en directo, ¿cuánto tiempo más va a hacer falta para que la comunidad internacional reconozca lo evidente?
En La Habana, una élite militar uniformada sigue contando billetes mientras sostiene, con cara dura, que el problema de Cuba está al norte. Marco Rubio acaba de poner la frase. Solo falta que el mundo la repita.