Claves del caso
En medio de la mayor tragedia que Venezuela ha vivido en décadas, un video se ha vuelto viral y ha desatado la indignación: muestra un tenso cara a cara entre Diosdado Cabello, ministro del Interior del régimen venezolano, y un rescatista del equipo de Estados Unidos que insistía en avanzar hacia un punto donde, según afirmaba, aún había una persona con vida. La escena, registrada presuntamente en La Guaira, la zona más golpeada por los terremotos, y difundida ampliamente en redes, ha reavivado las denuncias de que las autoridades estarían obstaculizando las labores de rescate justo cuando cada minuto cuenta.
"Hay una persona justo allí": el tenso cara a cara
Las imágenes, grabadas en una zona reducida a escombros, muestran al rescatista estadounidense tratando de abrirse paso mientras repite con firmeza: "Back up, back up" ("Atrás, atrás"). Frente a él, Diosdado Cabello le bloquea el paso, aparentemente para indicarle que en esa dirección no hay nadie a quien ayudar. Ninguno de los dos cede durante varios segundos.
El intercambio, según se aprecia en el video, sube de tono.
"¿Hay alguien más a quien ayudar?,"
pregunta el rescatista. Y, al ver que no le dejan avanzar, insiste:
"¿No quiere que ayudemos a nadie más?."
Acto seguido, señala hacia otra área y reclama:
"Hay una persona justo allí a la que estamos tratando de ayudar."
Cabello, por su parte, llega a preguntar "¿alguien habla español?", en una escena que dejó a miles de espectadores con una mezcla de incredulidad e indignación.
Un episodio en el peor momento posible
Lo que hace especialmente grave este episodio es el momento en que ocurrió. Los expertos en catástrofes coinciden en que las primeras 48 a 72 horas tras un terremoto son la "ventana de oro" para encontrar personas con vida bajo los escombros. Pasado ese plazo, las posibilidades de supervivencia caen en picada. Por eso, cada equipo, cada perro de rescate y cada minuto resultan decisivos.
En ese contexto, la imagen de un alto funcionario frenando, por el motivo que sea, a un equipo extranjero especializado que asegura estar siguiendo el rastro de un sobreviviente resulta difícil de digerir para la opinión pública. Conviene precisar, eso sí, que el video no permite establecer con claridad por qué Cabello bloqueaba el paso ni qué instrucciones intentaba transmitir, y que las autoridades venezolanas no se han pronunciado públicamente sobre su contenido.
No es un hecho aislado: las trabas al rescate y la ayuda
El cruce con el rescatista estadounidense no es un caso suelto, sino que se inscribe en un patrón que ha generado fuertes críticas. El propio Diosdado Cabello anunció la restricción del acceso al estado de La Guaira, el más devastado, una medida que muchos interpretaron como un obstáculo para la llegada de ayuda y de voluntarios.
A ello se suman las denuncias de ciudadanos que aseguran que se han levantado barricadas y bloqueos en distintas vías, lo que estaría retrasando el paso de alimentos, medicinas e insumos básicos hacia algunas comunidades damnificadas. En el plano de la información, se reportaron casos de censura: un locutor que transmitía en vivo los rescates en Caracas denunció haber sido amenazado por un funcionario con ser trasladado al SEBIN, el servicio de inteligencia, si no detenía la transmisión. También se denunció el asedio a un centro de acopio de ayuda gestionado por la oposición. Un cúmulo de episodios que dibuja un panorama preocupante en plena emergencia.
El despliegue de EE.UU. y la ayuda internacional
El equipo con el que se produjo el tenso intercambio forma parte del despliegue humanitario estadounidense. Un avión militar C-17 Globemaster III aterrizó en Venezuela con personal especializado, perros entrenados, maquinaria y equipamiento. Se trata de los equipos DART (de respuesta a desastres) que, según la Embajada de Estados Unidos en Caracas, tienen la misión de coordinar la asistencia, apoyar la búsqueda de sobrevivientes y trabajar junto a las autoridades locales y otros grupos internacionales.
Estados Unidos anunció además nueva ayuda para la emergencia, que se suma a un paquete inicial de 150 millones de dólares. Y no está solo: a Venezuela han llegado rescatistas de El Salvador, México, España, Turquía, Chile, el Reino Unido y muchos otros países. Mientras los gobiernos coordinan, los equipos extranjeros y los propios vecinos siguen removiendo toneladas de concreto con la esperanza de hallar vida. De hecho, pese a todo, los rescates continúan: una mujer fue sacada con vida tras 86 horas bajo los escombros.
Las preguntas que deja el video
El episodio entre Cabello y el rescatista ha terminado por convertirse en símbolo de una tensión incómoda: la que se produce cuando la política y el control parecen anteponerse a la urgencia de salvar vidas. Más allá de los detalles concretos del video, que, insistimos, no han podido verificarse de forma independiente, lo que ha indignado a muchos es la sola posibilidad de que se entorpezca el trabajo de quienes vienen, precisamente, a ayudar.
En una catástrofe que ya supera los 1.400 muertos y deja decenas de miles de damnificados, la prioridad debería ser una y solo una: rescatar a quien aún pueda estar con vida. Cada barrera, cada restricción y cada minuto perdido pueden marcar la diferencia entre la vida y la muerte. Por eso, la pregunta que recorre las redes y las calles venezolanas es tan simple como dolorosa:
"¿Por qué poner trabas cuando lo único que importa es salvar a la gente?"






