Solidaridad con Venezuela: una tragedia que también golpea a cubanos y a otras nacionalidades

Autor: NotiCuba

El doble terremoto de Venezuela dejó miles de víctimas y golpeó también a familias cubanas y de otras nacionalidades, con decenas de desaparecidos en La Guaira. Una tragedia humana que cruza fronteras y reclama solidaridad.

La tragedia que vive Venezuela tras el devastador doble terremoto del 24 de junio ha conmovido al mundo entero. La catástrofe, una de las peores en la historia reciente del país, no entiende de fronteras ni de nacionalidades: junto a las miles de familias venezolanas que hoy lloran a sus muertos y buscan a sus seres queridos, hay también numerosas familias cubanas, y de otros países, que viven la misma angustia. Es el momento de la solidaridad: con Venezuela, con su gente y con todos los que, lejos de casa, han visto truncado su sueño de una vida mejor.

Venezuela de luto: la dimensión de una catástrofe

Los dos terremotos, de magnitudes 7,2 y 7,5, ocurrieron con apenas 39 segundos de diferencia y se convirtieron en los más fuertes que ha sufrido Venezuela en más de un siglo. El epicentro estuvo en el estado de Yaracuy, pero la destrucción se cebó especialmente con La Guaira y Caracas, donde se derrumbaron decenas de edificios. El balance, provisional y en constante aumento, ya supera los 1000 muertos y los miles de heridos, con cientos de personas atrapadas, miles de familias damnificadas y hospitales fuera de servicio.

Claves del caso

Frente a semejante devastación, el mundo respondió. Decenas de países, de El Salvador, México y España a Países Bajos, Alemania, Chile, China, Brasil, EEUU, se enviaron equipos de rescate y ayuda humanitaria, mientras la Unión Europea y la ONU activaban sus mecanismos de emergencia. Hasta el papa León XIV autorizó una donación inicial y la FIFA guardó un minuto de silencio por las víctimas en el Mundial. Pero la solidaridad más conmovedora nació en las propias calles venezolanas, donde los vecinos cavan entre los escombros con sus manos para salvar a quienes aún respiran bajo el hormigón.

Decenas de cubanos entre los desaparecidos

La tragedia también tiene rostro cubano. A medida que avanzan las labores de rescate, medios independientes como elTOQUE, Cubanet o 14ymedio han recopilado, a partir de testimonios de familiares y plataformas ciudadanas, listados que han llegado a señalar a una treintena de cubanos como desaparecidos. La cifra es cambiante:

"algunos han sido localizados con vida, mientras otros siguen sin dar señales."

Casi todos los casos se concentran en La Guaira, el estado costero donde el colapso de edificios y comunicaciones ha ralentizado la identificación de heridos y fallecidos. Entre los nombres difundidos figuran el de Olivia Hernández Pérez, una joven habanera de 28 años; los hermanos Vanessa y Dayan Martínez, dos menores cubanos de Mayabeque que vivían con su padre médico en Los Corales; o el entrenador de boxeo Arístides Peralta Pérez. Para difundir su búsqueda se han habilitado plataformas como "Encuéntralos", convertidas en un hilo de esperanza para cientos de familias dentro y fuera de la Isla. Cada nombre representa un hogar que espera y una historia interrumpida.

No solo cubanos: una tragedia de muchas nacionalidades

El drama, sin embargo, va mucho más allá de una sola comunidad. Venezuela ha sido durante décadas tierra de acogida para migrantes de medio mundo, y el terremoto los alcanzó a todos por igual. Entre las víctimas y los afectados hay venezolanos, cubanos, españoles, el país cuenta con una enorme colonia de origen canario, con decenas de miles de descendientes, y personas de otras tantas nacionalidades que habían hecho su vida en las zonas hoy reducidas a escombros.

La lectura sobre Solidaridad con Venezuela

Esa diversidad es un recordatorio poderoso: ante un desastre natural, no hay banderas ni pasaportes que valgan. El dolor de una madre que busca a su hijo es el mismo en cualquier idioma. Y la vulnerabilidad del migrante, lejos de su país, a veces sin redes de apoyo ni la protección que tendría en casa, se vuelve aún más cruda cuando la tierra tiembla. Por eso la respuesta a esta catástrofe debe ser, ante todo, profundamente humana:

"la de reconocer en cada víctima, sea de donde sea, a un ser humano que merece ayuda, búsqueda y memoria."

El silencio de La Habana ante sus emigrantes

En medio del dolor, un detalle ha llamado la atención de la comunidad cubana. A diferencia de otros gobiernos, volcados en localizar y asistir a sus ciudadanos, el Gobierno de La Habana no ha ofrecido información sobre los cubanos emigrados afectados por la tragedia. La respuesta oficial se centró en destacar que los colaboradores de la misión médica cubana en Venezuela "se encuentran bien" y cooperan en la atención a los damnificados.

El gobernante Miguel Díaz-Canel envió sus condolencias y subrayó el papel del personal de salud cubano. Pero, sobre los miles de cubanos de a pie, emigrantes, trabajadores, familias, que residen en las zonas afectadas, el silencio ha sido la norma. Esa ausencia de respaldo ha dejado a muchas familias solas, dependiendo de plataformas ciudadanas, periodistas independientes y la solidaridad de la propia diáspora para buscar a sus seres queridos.

El sueño truncado del emigrante y un llamado a la solidaridad

Más allá de las cifras, esta tragedia toca una herida profunda. Empujados por la crisis, los apagones y la falta de futuro, cientos de miles de cubanos y de venezolanos, y de tantos otros, han dejado su país en busca de una vida mejor. La mayoría solo persigue la oportunidad de trabajar, prosperar y ayudar a los suyos. Pero el camino del emigrante está sembrado de riesgos, y a veces el sueño termina de la forma más cruel: 

"que un terremoto venga a arrebatar la vida o a separar a una familia añade una capa de dolor casi insoportable."

Hoy, mientras los equipos de rescate siguen buscando entre los escombros, lo único que cabe es acompañar. Difundir la información de los desaparecidos, donar a las iniciativas serias, tender la mano y recordar que detrás de cada nombre, venezolano, cubano o de cualquier bandera, hay un sueño que merecía cumplirse. Venezuela no está sola, y tampoco lo están las familias que esperan noticias a uno y otro lado del mar. A todas ellas, toda nuestra solidaridad, nuestro respeto y nuestro abrazo.