Cuba, débil pero sostenida por Irán, China y Rusia: el análisis que desafía a EE.UU.

Autor: NotiCuba

Un análisis del Interamerican Institute for Democracy sostiene que la dictadura cubana, sin pueblo ni economía, se sostiene gracias a Irán, China y Rusia, y sigue siendo su plataforma en América Latina pese a la caída de Maduro.

¿Cómo se mantiene en el poder un régimen sin pueblo, sin economía y sin narrativa? Esa es la pregunta que aborda un documento del Interamerican Institute for Democracy (IID), un centro de pensamiento con sede en Miami dedicado a la promoción de la democracia en las Américas. Según su análisis, firmado por el director ejecutivo de la institución, Carlos Sánchez Berzaín, la dictadura cubana sobrevive a su profunda debilidad interna gracias al respaldo de potencias como Irán, China y Rusia, y sigue funcionando como una pieza clave para proyectar los intereses de esos gobiernos en América Latina, desafiando así la estrategia de Estados Unidos en el hemisferio.

Una dictadura "sin pueblo, sin economía y sin opciones"

El punto de partida del análisis es contundente: 

"el régimen cubano atraviesa su momento más débil en más de seis décadas."

Sánchez Berzaín lo describe como una dictadura que se sostiene, sobre todo, por el miedo interno que genera mediante la represión sistemática, la comisión de crímenes de Estado y la violación de los derechos humanos.

Tras el estallido popular del 11 de julio de 2021 y ante una crisis económica sin salida, el documento sostiene que el castrismo se ha quedado sin recursos propios para mantenerse. Ya no cuenta, según esta lectura, con el apoyo masivo de la población, ni con una economía funcional, ni con un relato ideológico capaz de movilizar. Lo que le queda es el respaldo externo y un aparato represivo que le permite seguir detentando el poder pese a haberlo perdido casi todo lo demás.

El sostén externo: Irán, China y Rusia

Aquí está el eje central del planteamiento. Si Cuba ya no puede sostenerse sola, ¿quién la mantiene en pie? La respuesta del IID apunta a tres actores: 

"las dictaduras de Irán, China y Rusia."

Claves del caso

Según el análisis, estas potencias —a las que denomina "competidores ajenos al hemisferio"— penetraron e instalaron su presencia en América Latina durante las últimas dos décadas, en buena medida bajo el patrocinio y la cobertura del castrismo y del llamado socialismo del siglo XXI.

De este modo, Cuba habría funcionado durante años como una plataforma que permitió a esas potencias proyectar sus intereses geopolíticos, militares y de inteligencia en la región. El documento sostiene que, a cambio de ese papel, el régimen cubano recibe el oxígeno político y material que necesita para sobrevivir. Es una relación de mutua conveniencia: 

"Cuba aporta el terreno y los contactos; sus aliados, el respaldo que la mantiene con vida."

El golpe de Venezuela y el retroceso regional

El análisis no ignora que ese esquema ha sufrido un golpe severo. Con la captura de Nicolás Maduro, el 3 de enero de 2026, y el desmantelamiento del régimen chavista, tanto Cuba como sus aliados extrahemisféricos habrían perdido una de sus principales bases de operaciones en el continente.

Según el documento, esa caída supuso para La Habana la pérdida del petróleo venezolano (vital para su economía) y el fin de una plataforma que servía para el espionaje, la conspiración regional y otras actividades. En consecuencia, el régimen cubano habría retrocedido en su influencia regional, quedando más aislado y debilitado que en cualquier momento reciente. Sabe, además, que tras Venezuela es el próximo objetivo de la presión estadounidense.

La respuesta de Estados Unidos: el Corolario Trump

Frente a esa presencia externa, el análisis enmarca la reacción de Washington en su nueva Estrategia de Seguridad Nacional, publicada en noviembre de 2025, y en lo que denomina el "Corolario Trump" a la Doctrina Monroe. La idea de fondo es clara: 

"Estados Unidos busca expulsar del hemisferio la influencia de las potencias rivales y reafirmar su primacía en las Américas."

En la práctica, el documento sostiene que esa estrategia se ha traducido en un aumento de las operaciones contra el crimen organizado transnacional y el narcoterrorismo, mediante iniciativas como las operaciones "Lanza del Sur" y el "Escudo de las Américas", además del fortalecimiento de alianzas regionales. Para el IID, esa política de seguridad estadounidense ha terminado funcionando, de hecho, como una garantía de seguridad para las democracias del continente frente a los regímenes autoritarios y las redes criminales asociadas.

El silencio de las democracias y la presión indirecta

Pese a todo, el análisis advierte que el castrismo sigue activo y que su influencia no ha desaparecido. A través de redes políticas, presión indirecta, desinformación y la promoción de conflictos e inestabilidad, el sistema vinculado a La Habana continuaría operando en distintos países para sostenerse y desafiar a Estados Unidos.

Y aquí el documento lanza una de sus críticas más duras, sostiene que: 

"la mayoría de las democracias latinoamericanas han evitado confrontar directamente esta influencia, en lo que califica como un silencio que raya en la complicidad."

Al no enfrentarla, según esta visión, habrían permitido su expansión. La conclusión del IID es que, mientras las democracias de la región no asuman un papel activo, el régimen cubano y sus aliados seguirán disponiendo de espacio para maniobrar. Conviene recordar que se trata del análisis de un centro de pensamiento con una posición claramente crítica hacia el castrismo, y no de un informe neutral; aun así, sus planteamientos alimentan un debate cada vez más presente sobre el futuro de Cuba y el equilibrio de poder en el hemisferio.