DeSantis sentencia desde Miami: Cuba podría ser el destino número uno del Caribe si abandona el comunismo

Autor: NotiCuba

Hay frases que pesan más por quién las dice que por lo que dicen. Y esta es una de ellas.

El gobernador de Florida, Ron DeSantis, se paró este viernes 15 de mayo en el escenario de Miami Dade College, frente a una audiencia que incluía a representantes del exilio cubano, líderes empresariales y estudiantes, y pintó un cuadro que mucho cubano lleva décadas dibujando en su cabeza pero pocos políticos estadounidenses con peso real se han atrevido a articular tan claro:

"Una Cuba libre podría convertirse en el destino número uno del Caribe."

Pero matizó, con la precisión de quien sabe lo que está diciendo, que esa Cuba próspera sólo es posible bajo tres condiciones no negociables: un gobierno constitucional legítimo, estado de derecho y una sociedad libre. Es decir, sin el régimen actual.

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La historia personal detrás del discurso: DeSantis estuvo en Guantánamo

Lo que muchos no recuerdan, y que el gobernador aprovechó para reforzar su mensaje, es que DeSantis pisó suelo cubano antes que la mayoría de los políticos estadounidenses actuales. Lo hizo entre marzo de 2006 y enero de 2007, cuando estaba destacado como oficial de la Marina de Estados Unidos en la Base Naval de Guantánamo. No como detenido, claro, sino como oficial. Y aprovechó para verlo todo.

"Yo estuve en Guantánamo durante mi tiempo en la Marina, no como detenido sino como oficial. Vi todo. Aunque no puedes salir de la base, fui testigo de esa costa impresionante."

Desde ahí, el gobernador construyó su argumento. Habló del potencial inexplorado de Cuba para la pesca, la navegación y el desarrollo turístico. Sugirió que la isla podría tener "una economía verdaderamente robusta" si la política se quitara de en medio.

El contraste que tumba al régimen: 2,2 millones vs. 10,3 millones

Aquí es donde las cifras son demoledoras. Porque mientras DeSantis habla del potencial cubano, las estadísticas oficiales pintan el cuadro real de lo que el régimen ha hecho con ese potencial:

  • Cuba recibió apenas 2,2 millones de turistas internacionales en 2024, frente a los 4,2 millones que recibía en 2019. Una caída del 48% en apenas cinco años.

  • Según ForwardKeys, la firma global de análisis de datos turísticos, Cuba ocupa el último lugar del Caribe en recuperación turística post-pandemia, con un descenso del 45% en llegadas comparado con los niveles prepandemia.

  • República Dominicana, en cambio, recibió 10,3 millones de turistas en 2024. Más de cuatro veces lo que Cuba.

Léelo otra vez. Cuatro veces más turistas en República Dominicana que en Cuba. Y eso que Cuba tiene más playas, más patrimonio histórico, más metros de costa virgen y una ubicación geográfica privilegiada a 90 millas de Miami.

DeSantis lo resumió con una frase quirúrgica: el contraste entre el potencial cubano y la realidad actual es "sorprendente".

La diáspora como factor clave del renacimiento

Otro punto fuerte del discurso del gobernador fue su visión sobre el papel que jugaría la diáspora cubana en una eventual reconstrucción del país. Más de 3 millones de cubanos viven fuera de la isla. La mayoría en Estados Unidos, concentrados principalmente en Florida.

DeSantis ha sido enfático en intervenciones anteriores, de que los cubanos que escaparon del régimen serían pieza clave en la reconstrucción de la isla. La idea es lógica y poderosa: si los cubanos exiliados han demostrado capacidad emprendedora, profesional y económica en cada país donde han llegado, es porque tienen el talento. Lo que les faltó fue un sistema que les permitiera desarrollarlo en su propia tierra.

La lectura sobre Ron DeSantis

"Los cubanos tienen éxito en todas partes del mundo excepto en un lugar: Cuba", ha dicho Marco Rubio, secretario de Estado, en sentido similar a bordo del Air Force One hace apenas dos días.

El argumento es difícil de rebatir. Cuba no es pobre porque le falten cubanos talentosos. Es pobre porque a los cubanos talentosos los persiguió, los exilió, los encarceló o les hizo la vida imposible si decidían quedarse.

"Si llegara el momento del cambio, quiero que los estadounidenses ayuden"

Pero el discurso de DeSantis fue todavía más allá. En una declaración recogida por Florida Politics, el gobernador planteó algo que rara vez se ha articulado tan abiertamente desde un cargo público:

"Lo que queremos es que, si se llegara al punto en que pudiera haber un cambio en Cuba, me gustaría que la gente de Estados Unidos fuera a ayudar con eso."

El gobernador no especificó qué tipo de "ayuda" tenía en mente. Si se trataría de un modelo como el venezolano o de un esfuerzo más amplio, como el desplegado contra Irán. La ambigüedad calculada deja todo abierto.

DeSantis también respaldó la eventual imputación judicial de Raúl Castro por su responsabilidad en el derribo de las avionetas de Hermanos al Rescate en 1996, episodio en el que murieron cuatro pilotos cubanoamericanos. Castro, hoy con 94 años, sigue siendo el verdadero poder detrás del trono cubano, como demostró la presencia de su nieto Raúl Guillermo "Raulito" Rodríguez Castro en la reunión del jueves con el director de la CIA, John Ratcliffe.

Bahía de Cochinos: la herida que sigue abierta

En su intervención, DeSantis no rehuyó tampoco un tema espinoso: la invasión de Bahía de Cochinos de 1961. La operación de exiliados cubanos respaldada por la CIA terminó en derrota en apenas dos días, fundamentalmente porque la administración Kennedy retiró el apoyo aéreo prometido en el último momento, dejando a la Brigada 2506 abandonada a su suerte en las playas.

El gobernador habló con respeto de aquella generación de cubanos:

"Hicieron bien en intentar detener al naciente dictador."

No es un detalle menor. Bahía de Cochinos es una herida abierta en la memoria del exilio cubano. Más de 100 brigadistas murieron. Cientos fueron capturados y luego canjeados por medicamentos. De hecho, el propio Instituto para la Libertad en las Américas, creado por una ley firmada por DeSantis y ubicado en la Torre de la Libertad de Miami Dade College, tiene como objetivo explícito "preservar los ideales de una sociedad libre y promover la democracia en las Américas". Es decir, institucionalizar a nivel educativo lo que la Brigada 2506 intentó hacer hace 65 años.

La Ley FIRE: cerrando el cerco financiero

Pero las palabras de DeSantis no se quedan en discurso. El mismo gobernador firmó hace pocos días la HB 905, también conocida como Ley FIRE (Fighting Internationally Recognized Enemies). La ley endurece las restricciones de Florida para cualquier transacción comercial con Cuba, China, Rusia e Irán. Entra en vigor el 1 de julio de 2026 y se enmarca dentro de la estrategia más amplia que la administración Trump viene aplicando desde enero.

El cerco se está apretando desde múltiples direcciones. La presión federal, la presión estatal de Florida, la presión diplomática, la presión militar visible cerca de las costas cubanas, la presión judicial con eventuales imputaciones contra figuras del régimen. Todo apunta en la misma dirección.

La voz de la realidad: lo que opinan los cubanos

Mientras DeSantis habla de potencial turístico en Miami, en la propia Cuba las imágenes cuentan otra historia. La Habana lleva cuatro noches seguidas de protestas, con barricadas y fogatas en municipios como Guanabacoa, Marianao, Playa, Lawton y Santos Suárez. Los apagones han superado las 22 horas diarias en algunas zonas. El ministro de Energía, Vicente de la O Levy, reconoció en televisión estatal que el país "no tiene absolutamente nada de fuel oil ni de diésel".

En ese contexto, la pregunta no es si Cuba puede convertirse en el destino número uno del Caribe. La pregunta es cuántos años más de retraso le va a costar al pueblo cubano la insistencia de su cúpula militar en mantener un modelo que ha demostrado ser incompatible con la prosperidad.

Los datos son demoledores. El PIB cubano se contraerá un 6,5% en 2026, según proyecciones de la CEPAL. Es la peor caída de toda América Latina. Por encima de Haití, por encima de Venezuela. Y todo eso ocurre en una isla que, según DeSantis, podría ser el destino turístico número uno del Caribe.

La diferencia entre el escenario que pinta el gobernador de Florida y la realidad actual no se mide en millones de dólares. Se mide en décadas perdidas.

Lo que viene: una semana decisiva para el régimen

La intervención de DeSantis se produce en un momento en que el régimen castrista está más debilitado que nunca. Solo en los últimos siete días:

  • Marco Rubio sentenció desde el Air Force One que "no se puede cambiar la trayectoria económica de Cuba mientras esta gente esté en el poder".

  • El director de la CIA John Ratcliffe aterrizó en La Habana con un ultimátum directo del presidente Trump: cambios fundamentales o nada.

  • El canciller cubano Bruno Rodríguez Parrilla rogó ayuda internacional desde los BRICS en Nueva Delhi.

  • Prisoners Defenders documentó un récord histórico de 1.260 presos políticos en Cuba.

  • La Habana ha vivido cuatro noches consecutivas de protestas con barricadas y enfrentamientos con la policía.

Y ahora, el gobernador del estado con mayor población cubanoamericana del mundo se planta en Miami Dade College y pinta el horizonte de lo que vendría después del fin del castrismo: una Cuba próspera, libre, con instituciones democráticas, capaz de superar a República Dominicana como destino turístico del Caribe.

La pregunta que muchos cubanos se hacen estos días no es si ese escenario es posible. La pregunta es cuándo.

Porque la cúpula del régimen, una y otra vez, ha demostrado lo que dijo Rubio sin filtros: son incompetentes. Y mientras sigan ahí, ninguna playa, ninguna costa, ninguna tierra fértil, ningún yacimiento de tierras raras va a generar el bienestar que el pueblo cubano merece. La pregunta no es si Cuba tiene potencial. La pregunta es cuántos años más va a tener que esperar para usarlo.