El 94 % de los cubanos vive en pobreza extrema: el informe que llegó en el centenario de Fidel

Autor: NotiCuba

Encuesta a 1.318 cubanos en 79 municipios. La pobreza extrema subió de 89 % a 94 % en un año. La mitad cree que este año puede haber un cambio.

Un dato que se publica en una fecha muy concreta

El Observatorio Cubano de Derechos Humanos (OCDH) presentó este jueves 13 de agosto, en Buenos Aires, su IX Estudio sobre Derechos Sociales en Cuba.

La conclusión central es demoledora:

"la pobreza extrema alcanza al 94 % de la población cubana."

Y hay un detalle que no puede pasar inadvertido. El informe se difundió exactamente el día en que se cumplen cien años del nacimiento de Fidel Castro, y en medio de los actos oficiales del coloquio "Fidel: Legado y Futuro".

Ese contraste —el centenario y la cifra— es probablemente el resumen más honesto del país que describe el estudio.

Cómo se hizo el estudio

Antes de las cifras conviene saber de dónde salen, porque la metodología es lo que separa un informe serio de una consigna.

El OCDH realizó 1.318 entrevistas personales entre el 27 de junio y el 29 de julio de 2026, distribuidas en 79 municipios de todas las provincias, incluido el municipio especial Isla de la Juventud.

La muestra fue estratificada por hábitat de residencia, sexo, edad y grupo racial, con encuestas asistidas por dispositivos móviles.

Para calcular el umbral de pobreza extrema, la organización tomó los ingresos mensuales declarados, su correspondencia con el valor del dólar en los últimos seis meses y la referencia del Banco Mundial (ingreso diario personal inferior a 1,90 dólares). Con ese criterio, un hogar de tres personas necesitaría ingresar el equivalente a 171 dólares mensuales para no estar en pobreza extrema.

Es una metodología pública y verificable. Conviene decirlo porque el Gobierno cubano suele descalificar estos informes por su origen.

Los números principales

Pobreza extrema: 94 %. Era 89 % el año pasado y 88 % en 2023. Cinco puntos de deterioro en doce meses.

Desaprobación del Gobierno: 95 %. Tres puntos más que el año anterior. Solo un 3 % valora positivamente el desempeño de Miguel Díaz-Canel y del primer ministro Manuel Marrero.

Ingresos: el 68 % declara que su hogar ingresa menos de 20.000 pesos cubanos al mes, unos 30 dólares al cambio actual.

Hambre: ocho de cada diez personas dijeron haber dejado de desayunar, almorzar o cenar por falta de dinero o de alimentos. El año pasado eran siete de cada diez.

Ese último dato merece detenerse. No es una cifra sobre precios ni sobre escasez abstracta: es gente que se saltó comidas.

Lo que más preocupa a la gente

El estudio ordena las inquietudes de la población y el resultado dice mucho:

  • Apagones: 70 %

  • Crisis alimentaria: 52 %

  • Costo de la vida: 45 %

  • Salud y acceso a medicamentos: 34 %

Claves del caso

Que la electricidad supere al hambre como preocupación principal no significa que el hambre importe menos. Significa que el apagón lo agrava todo: 

"sin corriente no hay refrigeración, y sin refrigeración lo poco que se consigue se echa a perder."

Coherente con eso, el 95 % califica de regular o mala la infraestructura eléctrica, y solo el 18 % de las viviendas está en buen estado.

El rostro de la pobreza cubana es un anciano

Hay un hallazgo del informe que conviene destacar por encima de las estadísticas generales.

Al desagregar por tramos de edad, los adultos mayores aparecen como el grupo más golpeado. El director de Estrategias del OCDH, Yaxys Cires, lo formuló así:

"si se quisiera ponerle un rostro a la pobreza en la isla, sería el de un adulto mayor."

Añadió que quienes cargan con el peso de la decadencia son, en especial, los ancianos y los enfermos crónicos.

Es una generación que trabajó toda su vida bajo el sistema que hoy no puede sostenerla.

La carga que llevan las mujeres

La crisis no se reparte por igual, y hay un componente de género documentado.

El Comité para la Eliminación de la Discriminación contra la Mujer (CEDAW) ha advertido sobre la feminización de la pobreza en Cuba y sobre la carga desproporcionada de trabajo doméstico y de cuidados que recae sobre las mujeres, especialmente en zonas rurales.

En la práctica, eso significa que cuando falla el sistema —cuando no hay luz, ni agua, ni comida, ni medicinas— la tarea de resolverlo se traslada al hogar. Y dentro del hogar, mayoritariamente a las mujeres: conseguir el alimento, cocinarlo como sea, cuidar a los niños y a los ancianos en casas a oscuras.

No es casual que la mayoría de quienes están saliendo a golpear cazuelas en La Habana sean mujeres. Son las primeras en constatar que no hay salida.

Lo que los cubanos esperan

Aquí el estudio aporta un dato político de primer orden que casi nadie está destacando.

El 50 % de los encuestados cree que antes de que termine el año podría producirse un cambio importante y favorable para el pueblo cubano.

Y aún más significativo: el 76 % desea que ese cambio incluya transformaciones políticas y económicas, no solo medidas paliativas.

Otro dato rompe un dogma oficial: el 66 % considera que la educación y la salud deben ser públicas y privadas, es decir, admite la coexistencia de ambos modelos en los dos sectores que la propaganda ha usado durante décadas como bandera.

Cires lo resumió: los cubanos no quieren retoques ni nuevas promesas, sino un cambio profundo que traiga derechos políticos, económicos y sociales.

El argumento que desmonta la explicación oficial

El Gobierno cubano atribuye la crisis al embargo estadounidense. El informe responde a eso de forma directa.

La lectura sobre Cubanos Vive Pobreza

Cires sostuvo que el Gobierno no puede seguir atribuyendo a factores externos las consecuencias de sus propias decisiones, y que en la base del problema está un modelo improductivo y dependiente de otros países, además de sus prioridades.

Y puso el ejemplo más incómodo: mientras faltaban alimentos, medicinas, electricidad y viviendas dignas, sí aparecieron recursos para construir hoteles de lujo controlados por GAESA y para organizar festivales internacionales.

Ese es el punto donde el debate deja de ser sobre sanciones y pasa a ser sobre en qué se gastó lo que sí había.

Conviene ser justos con el cuadro completo: el bloqueo petrolero reforzado desde enero es un factor real que agrava la escasez. Pero un déficit de inversión de décadas y una asignación de recursos hacia el turismo de lujo no se explican por sanciones.

La tendencia es lo más grave

Una fotografía impacta; una serie asusta.

  • 2023: 88 % de pobreza extrema, 86 % de desaprobación.

  • 2025: 89 % y 92 %.

  • 2026: 94 % y 95 %.

La curva no se estabiliza: se acelera. Y ocurre en paralelo a otros indicadores del mismo observatorio: 1.949 acciones represivas en el primer semestre de 2026 y al menos 356 protestas solo en julio.

Como resumió Cires, es un informe que retrata a un país que se apaga lentamente, con la infraestructura colapsada en todos los sectores.

Lo que significa un 95 %

Terminemos con lo que probablemente sea el dato más difícil de asimilar para cualquier gobierno del mundo.

Un 95 % de desaprobación no es descontento: es unanimidad. Y un 3 % de valoración positiva significa que prácticamente nadie defiende ya la gestión, ni siquiera entre quienes podrían tener incentivos para hacerlo.

Ningún sistema político sobrevive indefinidamente con esas cifras sin cambiar algo o sin apretar la represión. Los datos del propio OCDH sugieren que, por ahora, La Habana ha optado por lo segundo.

Mientras tanto, ocho de cada diez cubanos se saltan comidas, el rostro de la pobreza es el de un anciano y la mitad del país espera que algo cambie antes de diciembre.