Dónde lo dijo y ante quién
El secretario de Estado Marco Rubio hizo las declaraciones el miércoles 23 de septiembre de 2026, durante una rueda de prensa en Nueva York, al margen de la 81.ª Asamblea General de Naciones Unidas.
La comparecencia duró alrededor de una hora y abarcó Irán, Venezuela, África, Ucrania, Rusia, China y el multilateralismo. Pero Cuba salió dos veces.
Tanto, que el propio Rubio bromeó al respecto:
"¿Por qué siempre me tocan las preguntas sobre Cuba?"
El escenario no es menor: ocurrió el mismo día en que Trump afirmó desde la tribuna de la Asamblea General que el régimen cubano es "un Estado absolutamente fallido" y que "va a caer", lo que provocó la salida de la delegación cubana del salón.
La cita textual
Estas fueron sus palabras completas:
"Obviamente, hay algunas personas en ese régimen con las que nunca podremos colaborar, porque tienen las manos manchadas de sangre. Pero hay personas allí con las que creo que se podría colaborar, si están dispuestas a encauzar al país hacia la libertad política y económica y hacia el proceso que nos llevará a ese objetivo final, aunque tomará algún tiempo llegar hasta allí."
La condición, explicada
La frase contiene dos partes que conviene separar, porque son distintas.
El veto: con quién NUNCA. Aquellos que "tienen las manos manchadas de sangre". Es un límite moral y penal, no político.
La condición: con quién SÍ. Aquellos dispuestos a "encauzar al país hacia la libertad política y económica", y —este añadido es clave— hacia "el proceso que nos llevará a ese objetivo final".
Y ahí está el matiz que la mayoría de los titulares ha pasado por alto: la condición no es solo de voluntad, sino de dirección.
No basta con estar dispuesto a hablar con Washington. Hay que comprometerse con una transición real, no con ajustes cosméticos.
Un funcionario cubano que quisiera negociar sanciones a cambio de reformas parciales no cumpliría ese criterio. La exigencia es sobre el rumbo del país, no sobre la disposición a sentarse.
Lo que NO dijo
Conviene ser precisos con los vacíos, porque son enormes:
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No identificó a nadie con las manos manchadas de sangre.
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No mencionó posibles interlocutores ni nombres concretos.
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No anunció ningún acuerdo, ni un calendario de transición, ni una lista de funcionarios cubanos con los que Washington haya decidido colaborar.
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No presentó un pliego formal de exigencias.
Es una declaración de criterio, no un anuncio de política.
Las condiciones de fondo
Aunque no las enumeró como lista, del conjunto de su intervención se desprenden cuatro expectativas concretas:
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Cambios políticos sustanciales. Avanzar hacia la libertad política, con un proceso que no se limite a reformas de fachada.
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Apertura económica. Espacio real para la iniciativa y la propiedad privadas.
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Garantías para la inversión. Rubio fue claro en que, tal como están las cosas, nadie va a arriesgar capital en la Isla.
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Una trayectoria irreversible. La misma palabra que aparece en el comunicado del Departamento de Estado tras su reunión con Canadá, cuando exigió reformas "inmediatas, significativas e irreversibles".
Y una advertencia sobre plazos:
"No se revierten más de 60 años de mala gestión, corrupción e incompetencia en seis meses."
¿Quiénes tendrían "las manos manchadas de sangre"?
Rubio no dio nombres. Pero el ejercicio es legítimo, porque Washington ya ha señalado públicamente a varias figuras.
Claves del caso
Raúl Castro encabeza esa lista sin discusión: fue imputado formalmente por la justicia federal estadounidense por su papel en el derribo en 1996 de las avionetas de Hermanos al Rescate, en el que murieron tres ciudadanos estadounidenses y un residente. De hecho, la periodista que le preguntó sobre una eventual acción militar se refirió precisamente a esa acusación.
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Alejandro Castro Espín, general de brigada e hijo de Raúl, fue sancionado en junio. Ha sido descrito durante años como una de las figuras centrales del aparato de inteligencia y seguridad.
Más allá de esos casos, el Departamento de Estado ha designado en los últimos meses a directores de centros de investigación militar, a funcionarios del ICAP y a dirigentes de empresas estatales. Pero sanción no equivale a imputación por hechos de sangre, y conviene no confundir ambas cosas.
La pregunta que casi nadie está haciendo
Y aquí está el punto más interesante de toda la declaración.
Si hay "personas allí con las que se podría colaborar", ¿quiénes son?
Hay un nombre que encaja con inquietante precisión en el perfil que describe Rubio: Raúl Guillermo Rodríguez Castro, conocido como "El Cangrejo", coronel del MININT y nieto de Raúl Castro.
Según reportó Axios, ese coronel ha mantenido conversaciones con el propio Rubio saltándose los canales oficiales del gobierno cubano. The New York Times documentó que Washington busca un interlocutor dentro del sistema. Y el martes, Trump afirmó ante la ONU que "Rubio está llevando a cabo una negociación" con Cuba.
Rodríguez Castro no ha sido imputado por hechos de sangre. Pertenece al aparato. Y ya está hablando.
Rubio no lo mencionó. Pero su descripción dibuja un perfil que alguien ocupa.
La contradicción dentro de la misma rueda de prensa
Hay un elemento que obliga a leer todo lo anterior con cautela, y es que lo dijo él mismo.
En esa misma comparecencia, Rubio afirmó:
"¡Simplemente no hay legitimidad ni credibilidad de que este régimen cumpla alguna vez con estas condiciones porque nunca lo ha hecho antes!"
La lectura sobre Rubio Abre Puerta
Y señaló que quienes hablan en nombre del gobierno cubano "se muestran bastante intransigentes" en público.
Es decir:
"abrió una puerta y, en la misma hora, dijo que no cree que nadie la cruce."
Él mismo resumió esa tensión en una frase que vale por todo el análisis:
"No tengo confianza, pero tengo esperanza."
La vía preferida: negociación, sin cerrar la otra
Rubio fue explícito en que la opción preferida de su administración es el diálogo, y que Estados Unidos está preparado para ayudar si La Habana emprende ese camino.
Pero en esa misma rueda de prensa, preguntado sobre una eventual acción militar o una operación de extracción, respondió:
"Esta es una respuesta general, ni siquiera específica sobre Cuba: si existe una amenaza para la seguridad nacional de Estados Unidos, el presidente tiene tanto el poder como la obligación de enfrentarla."
No confirmó nada. Tampoco descartó nada.
El dilema moral que esto plantea
Conviene señalar la incomodidad que esta fórmula genera en buena parte del exilio, porque es legítima.
Trabajar con figuras del régimen "sin sangre en las manos" es una posición pragmática. Pero plantea preguntas difíciles: ¿dónde está exactamente la línea?
¿Tiene las manos limpias quien dirigió durante décadas un conglomerado militar que controla la economía mientras la población empobrecía? ¿Un coronel del Ministerio del Interior? ¿Un funcionario que firmó expedientes de presos políticos?
Y el precedente reciente vuelve la pregunta más aguda: en Venezuela sí hubo acuerdo. Ocho meses después de la captura de Maduro, quien firma contratos petroleros de veinticinco años con Trump es Delcy Rodríguez, su propia vicepresidenta. Sin elecciones. Sin juicios. Sin desmontar el aparato de seguridad.
La fórmula funciona para cambiar la política. No necesariamente para hacer justicia.
Qué modelo describe realmente
Puesto todo junto, lo que Rubio describió no es un derrumbe del sistema.
Es lo que The New York Times definió en agosto como "más una alteración del régimen que un cambio de régimen": que la propia estructura de poder se reorganice desde dentro, desplace a los sectores más duros y conduzca la transición, manteniendo el aparato funcionando.
Para quien espera un colapso, esa perspectiva decepciona. Para quien teme el caos, tranquiliza.
Lo cierto es que, por ahora, no existe ni una cosa ni la otra: hay una puerta abierta, una condición exigente, un veto sin nombres y un secretario de Estado que admite que no confía en que alguien la cruce.
Desde Noticuba seguiremos informando.





