Cuando un director de la CIA se traslada en avión militar a un país considerado adversario durante seis décadas, la lógica histórica indica que el viaje se mantiene en absoluto secreto. Es así como funcionan las operaciones de inteligencia cuando se quiere preservar el canal, blindar la negociación y proteger a los interlocutores.
El viaje de John Ratcliffe a La Habana, ocurrido este jueves 14 de mayo, rompió todos estos códigos. Y según el análisis de uno de los expertos más conocidos en seguridad nacional especializado en asuntos cubanos, ese detalle, cambia por completo la lectura del episodio.
El abogado y analista Jason Ian Poblete publicó este viernes una valoración del viaje que ha empezado a circular ampliamente en círculos diplomáticos y de inteligencia. Y su conclusión es contundente: lo extraño no fue que Ratcliffe viajara a Cuba. Lo extraño fue que la CIA publicara fotos del viaje en redes sociales.
"Lo genuinamente inusual de ayer es la fotografía pública. Los directores de la CIA normalmente no posan para la cámara en viajes de este tipo, y la propia difusión de las imágenes en redes sociales por parte de la agencia, sumada a la parada en la embajada con el encargado Hammer, es una ruptura con la forma en que estos canales se han manejado históricamente."
La administración Trump está enviando un mensaje calculado al aparato de seguridad cubano, y que ese mensaje tiene una dimensión que va mucho más allá de la diplomacia tradicional.
La comparación que lo explica todo
Para entender la magnitud de la ruptura, Poblete trazó un paralelismo directo con el antecedente histórico más reciente: la visita secreta de John Brennan a Cuba en 2015, cuando era el director de la CIA bajo la administración Obama.
Aquella misión fue completamente discreta. Brennan se reunió, en una casa de huéspedes del gobierno cubano, con el coronel Alejandro Castro Espín, hijo de Raúl Castro y figura clave del aparato de inteligencia. Era el canal clandestino que había producido el histórico anuncio del 17 de diciembre de 2014 sobre el restablecimiento de relaciones entre Washington y La Habana.
Aquel viaje fue de inteligencia pura: silencio, discreción, resultados confidenciales. Lo que se hace cuando dos países buscan construir confianza.
Lo de Ratcliffe fue exactamente lo contrario. Fotos divulgadas por la propia CIA en X. Parada pública en la Embajada de Estados Unidos en La Habana, donde el director posó junto al encargado de negocios Mike Hammer frente al edificio diplomático. Imágenes difundidas por la cuenta oficial de la embajada y coordinada con medios estadounidenses.
Este no es un canal clandestino tradicional. Es una operación pública de presión política.
Lo que hay detrás de las fotos
¿Por qué Trump y la CIA querían que se vieran esas fotos?
Primero: presión sobre el aparato de seguridad. Las fotografías mostraron a Ratcliffe sentado frente a tres figuras del corazón represivo del régimen. Aunque la CIA difuminó los rostros, los analistas identificaron rápidamente a los tres interlocutores: Lázaro Álvarez Casas, ministro del Interior y general de cuerpo de ejército, al General de brigada Ramón Romero Curbelo, jefe de la Dirección de Inteligencia del MININT una figura que, hasta este momento, operaba en absoluto anonimato y Raúl Guillermo Rodríguez Castro, conocido como "El Cangrejo", nieto de Raúl Castro y teniente coronel del MININT. Aunque no tiene cargo político formal, su presencia en la reunión confirma que el poder real en Cuba sigue residiendo en la familia Castro.
El mensaje es directo y público: Washington sabe quiénes son ustedes, sabe lo que hacen, y los tiene identificados como interlocutores con responsabilidad personal.
Segundo: aislamiento de la cúpula del régimen frente a los mandos medios. Una de las lecturas que ha hecho la inteligencia norteamericana en los últimos meses es que el aparato represivo cubano no es monolítico. Hay generales, coroneles y jefes de seguridad que llevan años recibiendo señales de desgaste interno. Algunos tienen propiedades en el extranjero. Otros tienen familiares en Estados Unidos. Otros han hecho fortuna paralela.
Claves del caso
Cuando la CIA publica estas fotos está enviando dos mensajes: uno hacia la cúpula castrista y otro hacia los mandos medios. Si Cuba colapsa, ustedes son identificables. Y serán identificados.
Tercero: visibilización ante el pueblo cubano. El efecto interno. Mostrar que Estados Unidos está sentado en La Habana, hablando directamente con el aparato de seguridad, mientras la cúpula gobernante insiste en su discurso antiimperialista, deja al régimen en una contradicción flagrante frente a su propio pueblo.
"Si tan malos son los yanquis", dirá cualquier cubano de a pie, "¿por qué los están recibiendo con honores?"
"El mensaje sustantivo no lo requería"
Poblete fue todavía más lejos en su análisis. Cuestionó abiertamente la lógica de esta estrategia comunicacional desde la perspectiva de la inteligencia operativa:
"No estoy seguro de qué se pretende lograr con la estrategia de mensajería; el trabajo sustantivo no lo requiere, y para algunos asuntos, resulta contraproducente."
Un experto está diciendo, en lenguaje técnico, que la divulgación pública del viaje no tenía sentido desde el punto de vista del intercambio de inteligencia. Si el objetivo era simplemente entregar un mensaje o negociar, las fotos lo hacían más difícil. Entonces, ¿por qué se hicieron?
Porque el verdadero objetivo del viaje no era el intercambio de inteligencia. Era la presión política pública sobre el régimen castrista en un momento de máxima debilidad.
Lo que se discutió
Según el comunicado oficial de la CIA, Ratcliffe viajó a La Habana para transmitir un mensaje directo del presidente Trump:
"Estados Unidos está preparado para comprometerse seriamente en cuestiones económicas y de seguridad, pero solo si Cuba realiza cambios fundamentales."
Y agregó la frase que más ha resonado en círculos diplomáticos: Cuba "ya no puede ser un refugio seguro para los adversarios" de Washington en el hemisferio occidental.
Esa formulación, es en realidad un ultimátum geopolítico. Lo que Estados Unidos le está diciendo al régimen castrista es: dejen de hospedar bases de espionaje chinas, agentes de inteligencia rusos y operaciones de Irán en su territorio. O aténganse a las consecuencias.
La lectura sobre CIA a La Habana
Los temas concretos que se discutieron en la reunión, según las filtraciones a medios estadounidenses, fueron:
-
Cooperación en inteligencia (área donde, paradójicamente, ha habido contactos puntuales durante años en materia de narcotráfico y migración).
-
Estabilidad económica del régimen.
-
Asuntos de seguridad regional.
-
La permanencia de Cuba en la lista de Estados Patrocinadores del Terrorismo (SSOT).
Sobre este último punto, el régimen entregó documentación intentando "demostrar" que Cuba no representa una amenaza para la seguridad nacional estadounidense. La respuesta, hasta el momento, ha sido el silencio.
Una advertencia
Una de las observaciones más serias es la que apunta al pasado reciente. El analista recordó que el canal de inteligencia ha sido un instrumento recurrente en el limitado conjunto de herramientas diplomáticas EE.UU.-Cuba cuando el canal del Ministerio de Relaciones Exteriores no puede transmitir el mensaje. Pero advirtió: el antecedente de 2015 no augura resultados fáciles.
Los cubanos, según Poblete, nunca cumplieron los acuerdos alcanzados entonces con Brennan, incluida la colocación de un oficial de enlace en Washington. Es decir: en 2015 el régimen aceptó condiciones, las firmó, y luego no las honró. Y ahora, en 2026, Washington vuelve a sentarse a hablar con los mismos actores políticos, en algunos casos literalmente con las mismas familias.
¿Por qué creer que esta vez será distinto? porque las condiciones materiales del régimen son hoy mucho peores que en 2015. Los apagones superan las 22 horas, hay 1.260 presos políticos. La economía colapsó con todo el combustible cortado y tiene a Trump amenazando con posicionar el USS Abraham Lincoln frente a sus costas.
En pocas palabras, el régimen no tiene la opción de ganar tiempo durante una década más. La pregunta es ¿cuánto tiempo le queda?.
Lo que viene
La interpretación de Poblete apunta a que el viaje de Ratcliffe combina presión pública sobre el aparato de seguridad con apertura de canal de diálogo de alto nivel.
No es una invasión inminente. Tampoco es una rendición. Es una doble pinza diseñada para que el régimen castrista entienda dos cosas al mismo tiempo:
-
Washington sabe quiénes son los responsables individuales del aparato represivo, y los tiene identificados con nombre y rostro.
-
Washington está dispuesto a sentarse a hablar, pero solo si hay cambios fundamentales en el modelo, en la presencia de adversarios extranjeros y en la situación de los derechos humanos.
Mientras tanto, el reloj sigue corriendo. No para el régimen, sino para la población cubana. Cada noche sin luz. Cada protesta reprimida. Cada niño en una cárcel de adultos. Cada barco de combustible que no llega. Cada cubano que se sube a una balsa.
"Cuba ha entrado en una fase decisiva. Washington percibe debilidad estructural en el régimen. El gobierno cubano entiende que su supervivencia económica exige algún tipo de entendimiento. Y la población cubana, atrapada entre décadas de sanciones, propaganda y carencias, continúa soportando el coste real de un conflicto político que dura ya más de medio siglo."
Mario Gontade
Las fotografías que Ratcliffe permitió que la CIA publicara en X serán, probablemente, una de las imágenes que defina este año en la historia reciente de Cuba. Y el mundo lo está viendo.
Eso, antes, no pasaba.